Recién entregados los Goya (qué soplo de aire fresco escuchar, en TVE, las críticas del mundo del cine a lo que está pasando) y a pocas semanas de los Oscar, flota la sensación de que la mejor ficción no es la que vemos en las salas, sino la que se asoma cada día a los diarios, las radios y las televisiones. Les propongo un juego: convertir la realidad en ficción, y premiar a los mejores.
Aunque el sueldo del presidente del Gobierno sea pequeño comparado con el de otros profesionales, y ridículo en comparación con los ingresos medios de un registrador de la propiedad, los políticos gozan de numerosas mamandurrias que diría Espe: coches oficiales, jugosas dietas libres de impuestos, pensiones vitalicias, etc.
Hace unos días el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, salió con vehemencia en defensa del bipartidismo y el orden establecido. Y lo hizo para anunciar que si se hundía, España se convertiría en el paraíso de "partidos estrafalarios". Personalmente a mí lo que me parece estrafalario es un partido que paga a sus líderes en sobres; que lleva una contabilidad en B; que mantiene como ministros a personas sospechosas de estar en tramas corruptas. Yo creo que la ciudadanía lo que está reclamando a los partidos son: honradez, transparencia y democracia. Algo que en este momento está mucho más del lado de pequeños.
"Las cinco de Sol" dan un gran paso. Nos reafirman, nos ilusionan, nos comprometen. Son aire fresco. Y eso no podrán pararlo. Cada vez somos más los indignados. Y seguiremos sumando. Y cambiando. Con pequeños actos, si los sumamos, podemos cambiar muchas "cosas". Empecemos cada uno por hacer nuestra parte.
No hace cinco años del comienzo de la crisis y la sociedad civil, la que mejor se había identificado con la noción de clase media, se pone en marcha. La cuestión es: ¿Habrá alguna fuerza política que canalice ese descontento o se fragmentará entre múltiples opciones?
A la luz de los datos que arroja el barómetro del CIS en enero, aún es pronto para vislumbrar un cambio de tendencia electoral, más allá del desgaste de quien ostenta la responsabilidad del Gobierno. Tal vez falte aún tiempo -sólo es un año de decisiones, por duras que hayan sido- y ahondar en los microdatos.
Cuando alguien no dimite, ya sea inocente o no, no lo hace por ningún sentido de justicia personal, lo hace porque le resulta imposible abandonar el privilegio del poder. El poder es el objetivo en sí mismo, no una herramienta para mejorar la situación de otras personas o instituciones.
La situación es gravísima, de una intensidad terminal que amenaza como nunca con la berlusconización de la imagen del Gobierno de España ante los ojos de Europa. La buena noticia es, en cambio, que la ciudadanía, la gente, informándose por fuentes propias, no está dispuesta a dejarse engañar más.
Deseamos que caiga la cúpula, pero tememos que nos caiga encima. Derrocar al Gobierno corrupto (presuntamente, claro) de Rajoy está muy bien, pero y después, ¿qué? ¿El PSOE? ¿Otra vez el PP (no lo descartemos)? ¿Los eurotecnócratas? ¿Un dictador? ¿Anarquía?
En la famosa foto en la que aparece el rey paseando con Suárez por el jardín de la casa del político en la colonia de la Florida está el germen de esta ficción. Suárez ignora su propio nombre, desconoce también quien es ese señor amigable que parece llevarle con la mano en el hombro hacia el interior de un bosque. En realidad ese paseo, tal vez, se estableció en diez minutos, pero en el bosque de la memoria perdida de Suárez duró 75 años de la última historia de España.
Todos los políticos con los que hemos hablado -Martínez Pujalte, Chacón, Sánchez Llibre, Saura- escucharon ayer a Ada Colau, de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Ella representa el estado anímico de la calle mejor que ellos: ¿por qué entonces no acaba de producirse un estallido social? ¿Creen los políticos y los sociólogos que acabará pasando?
El socialismo, en esencia, posee un cromosoma disidente que siempre fue impulsado por el Ethos de la tradición cristiana, y dentro de ésta, por la gente "pobre". Era el modo de independizar sus condiciones de vida de la visión utilitarista dirigida por el capitalismo industrial.