Lo que conozco y descubro como investigador se convierte en un material excepcional para mis novelas, en cuyas páginas la realidad y la ficción forman un todo indivisible. Así queda patente en mi última novela, donde, desde la ficción novelística, indago sobre el móvil económico del caso Urquijo, jamás investigado por la Policía.
Adoro a Frida. Siempre me han fascinado las mujeres insolentes con personalidades fuertes y estilos rotundos. Aunque muchos le reprochan a Kahlo ser más conocida por sus vestidos que por sus cuadros, ella fue la primera fashionista del arte. O, mejor dicho, la primera que aportó arte a los estilismos de moda.
Ninguno de sus protagonistas pretendía ser gracioso. Pero sin saberlo, nos han regalado hondonadas de risas. Unos han sido vistos por varios millones de personas y otros no son tan conocidos. Es una selección personal que seguro que muchos enriquecéis en los comentarios.
España y la cultura en español tienen que encontrar su sitio y hacerse valer. La actividad del sector en nuestro país da empleo a más de 600 mil personas y aporta casi el 4% de nuestro PIB. El porcentaje podría duplicarse, hasta llegar incluso al 10%, si se pulsan las teclas adecuadas y se emplea el trampolín de la proyección internacional.
A mí las cosas me gusta descubrirlas por mí mismo, sin que nadie tenga que venir a decírmelo. Si pido un filete y me traen una cosa que tienen que explicarme que aunque parezca mentira es un filete, ya me mosqueo. Llamadme raro, pero soy así.
Hay personas que se sienten mal, terriblemente mal cuando se equivocan. Hay otras, que jamás se han sentido así porque piensan que nunca se han equivocado. Ni los unos ni los otros.
"Mamá, ¿supiste lo que le pasó a Justin Bieber?", pregunta mi hija de 10 años hace un par de días. No me extraña su pregunta si tenemos en cuenta que hemos comprado entradas para su concierto en Madrid y las recientes noticias confirman que hace unos días el cantante se ha desvanecido durante un concierto en Londres
Hablar de Alfredo Landa, que acaba de cumplir 80, es hablar de un gigante de la interpretación. Nadie se atrevería a negar que es un actor prodigioso.
No es el hambre, sino el amor y el miedo -y a veces el asombro- los que nos dan la oportunidad de crear. El contexto cultural y social del arquitecto cambia de forma constante, pero su tarea, creo, siempre permanece la misma.
Para no volver a tiempos de subyugación televisiva, ni atentar contra la propiedad intelectual, entremos en una nueva era. Apostemos por esta ficción, por esta nueva opción llena de talentos anónimos que esperan que los visitemos.
Cada vez que alguien dice "no, eso es un insulto", cada vez que alguien dice "soy así", cada vez que alguien cambia de canal, apaga la radio, rompe la página de un periódico o no bota cuando se le insta a que lo haga (recordad el "maricón el que no bote"), se enciende un puntito luminoso en el panel de las microluchas.
Si este año se ha dado un justo Oscar es el de mejor actor. En efecto, en el Lincoln de Spielberg el protagonismo masculino es evidente. Yo hubiera preferido que la 13ª Enmienda no se atribuyera implícitamente a un solo hombre. Que la inmensa tarea de valerosas y heroicas mujeres como Susan B. Anthony y hombres anónimos tuvieran un lugar en el relato.
Si aquest any hi ha hagut un Oscar ajustat és, sens dubte, el de millor actor. En efecte, en el Lincoln de Spielberg el protagonisme masculí és clar. M'hauria estimat més que l'estrènua tasca que van portar a terme valeroses i heroiques dones com, per exemple, Susan B. Anthony i Elizabeth Cady Stanton i tantes dones i homes anònims tinguessin un lloc al relat.
La pieza da comienzo en plena oscuridad. La edad de Jennifer Monson no se puede precisar, pero las marcadísimas arrugas de su rostro, bajo la fortísima luz directa del foco, anuncian su avance hacia los sesenta años. Tampoco se tiñe las canas, y rompe radicalmente con el pudor a ocultar aquello que pierde su belleza.
A todos los haters de los musicales que por fortuna no figuran en mi timeline: ¿Qué esperaban? ¿La entrega del premio nobel de literatura? ¿Una ceremonia como película de acción? ¿Un videojuego? ¿Los premios TV y Novelas?
El fracaso tiene un lado positivo. Muy positivo. Vamos a sincerarnos: aquí nunca nos han caído bien los ganadores. Es más, no los tragamos. En algunos países como Estados Unidos, el culto al éxito une a sus ciudadanos más que cualquier fe y "perdedor" es el insulto más hiriente que se puede hacer. Aquí el triunfador nos produce urticaria.