EUTANASIA

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Suicidio asistido y eutanasia

Una sociedad capaz de evitar el sufrimiento innecesario a sus animales obliga a personas como Jose Antonio Arrabal, enfermo de ELA y que desea morir cuando él decida, a soportarlo hasta el final. ¿Por qué se le ha de obligar a este padecimiento? ¿Qué legislador insensible ha de decidir sobre mi vida? ¿Qué Dios ha de desear esta tortura?

Retratos de familia

Dicen que noviembre es el mes más triste del año. No lo considero así. Sí que es un mes lluvioso y frío, perfecto para adentrarse en vidas o retratos de familia a través de películas como Corazón silencioso, de Bille August, en la que se aborda la eutanasia o los conflictos familiares; o novelas como El retrato de Irene, de Alena Collar, que reivindica ciertas posiciones éticas.
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La buena muerte

La primera pregunta que uno puede hacerse es si es posible, en rigor, establecer un canon ideal sobre la muerte que sea extensible para una aceptación mayoritaria de la población. Un canon indiscutible, que no exija matices. Soy yo así de peculiar o lo que es verdaderamente peculiar es la idea de muerte que tiene cada uno.
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Lección de vida y muerte del profesor Aramayona

Desde hace más de dos años, cuando lo conocí sentado en su silla de ruedas en la calle Alfonso de Zaragoza al pie de su diaria reivindicación en pro de una escuela pública y laica, sabía que la determinación tomada el martes por el profesor Antonio Aramayona formaba parte de su tránsito vital y mortal. Me lo dijo mientras comíamos en un modesto restaurante, cerca de su casa, antes de despedirnos.

Hasta siempre, hermano

Antonio Aramayona gozó una buena vida y una vida buena. Alcanzó a ser libre hasta donde la libertad alcanza y me enseñó, como a tantos amigos y amigas, a comprender el sentido de esa libertad desde el afecto más que desde la razón. Vivió libre, tan libre como murió cuando consideró su vida cumplida.

Mi último artículo, para ti

He procurado a lo largo de mi vida que coincidieran lo que pienso, lo que quiero, lo que hago y lo que debo. Por eso he intentado también que mi vida haya sido digna, libre, valiosa y hermosa. Y así he querido también mi último hálito de vida: digno, libre, hermoso y valioso. Así he querido vivir y así he querido morir.
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La necesaria gratitud a quienes ayudan a morir bien y dignamente

Algunas personas ayudan a morir dignamente, a que los últimos momentos de una vida sean apacibles, dignos, coherentes. Lamentablemente, sin embargo, algunos tachan a estas personas de medio delincuentes. Muy al contrario, disponer libre y responsablemente de la propia vida es un derecho y ayudar a llevarlo a cabo es un acto solidario, humanitario, tan lleno de dignidad como la propia muerte que se acompaña.