Cada vez que alguien dice "no, eso es un insulto", cada vez que alguien dice "soy así", cada vez que alguien cambia de canal, apaga la radio, rompe la página de un periódico o no bota cuando se le insta a que lo haga (recordad el "maricón el que no bote"), se enciende un puntito luminoso en el panel de las microluchas.
Todas las noches voy a dormir con una alarma de sirena, un extintor de incendios y una escalera de cuerda al lado de la cama, por si sufro otro atentado. Desde hace años, he sufrido cientos de atentados: cócteles Molotov y ladrillos arrojados por las ventanas, tres bombas incendiarias y una bala a través del buzón.
Tras siete largos años de incertidumbre y más de 22.000 bodas, el Tribunal Constitucional ha dado carpetazo al recurso de la vergüenza presentado por el PP. Rajoy se comprometió a respetar y acatar la decisión. Esperemos que cumpla y frene aquellas voces que seguramente surgirán en su partido exigiéndole que modifique la legislación vigente.
Ser lesbiana, gay, transexual o bisexual no implica, ni mucho menos, tener ideas progresistas. Al contrario: el porcentaje de gays que se siente de derechas (6,23%) dobla al de la población general (3,11%). Un dato que se puede personificar en Mario Valdés, un joven gay que afirma sin tapujos ser homosexual y de ultraderecha.