Si ha habido que dejar pasar doce años de este siglo XXI para que el Rey mande un post, no pierdo la esperanza, como internauta, de que la Casa Real virtual sea alguna vez la Casa Real para la ciudadanía.
Fraudes, suplantación de personalidad, intromisión al honor, pederastia, exaltación del racismo y la xenofobia y cualquier maldad que los humanos son capaces de hacer en el mundo físico, tienen su espejo en Internet.