Convendría aclarar que ir en silla de ruedas, o tener autismo, es un hecho aleatorio, como el que tiene un tío en Alcalá de Henares, y no determinante. Es hora de afirmar alto y claro que la gente de la diversidad funcional no está enferma. No reclaman la piedad de sus semejantes, sino el acceso a una VIDA INDEPENDIENTE. Como la del resto de los seres humanos.
Los Juegos Olímpicos, ¿quién podría dudarlo?, son un gran espectáculo en muchos sentidos y una potente arma (no se me ocurre otra palabra más precisa) de propaganda. De todos modos, no todo se distribuye a partes iguales. El equipo de fútbol masculino japonés viajó en primera clase y el femenino -que de los dos era justamente el que defendía el título de campeonas mundiales- viajó en turista. De las diecisiete medallas que ganó la delegación, once las ganaron las mujeres y sólo seis los hombres.
Percibir y hacer ver que las mujeres son básicamente jóvenes o niñas, en definitiva, que no son adultas, no es un rasgo que presenten tan sólo los diccionarios. El titular de Justicia, amarga ironía, la del nombre de su Ministerio, jaleado por el ínclito Juan Cotino, así como por todo su partido, se propone reducir otra vez a las mujeres a la minoría de edad, a atarlas de pies y manos, a tratarlas como objetos sin autonomía.