Leer

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La lengua proscrita en la escuela

Llegó la hora de sustituir la tradicional idea del lugar donde se guardan o nos esperan los libros por otra idea más ajustada a los mejores objetivos escolares y a los tiempos que nos atraviesan. No digo que no haya libros, digo que no ciñamos ese espacio a esa función ni a esa representación.

Sólo una opinión: lo que pienso sobre los deberes

Los que han pasado por mis clases saben que no suelo poner deberes, que es algo esporádico, justificado por alguna causa inesperada. Y no por eso me he sentido poco respetada por mis alumnos, ni he pensado que estaba influyendo en su desorganización. Más importante que la obligación fuera de las aulas, me gustaría conseguir, como una quimera lejana, que les gustara leer
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Y sin embargo, se mueve

Los seres humanos han usado sus mentes para pensar, crear, imaginar, soñar, destruir, adaptarse, sobrevivir... y también para transferir de generación en generación sus pensamientos (a veces en forma de ideologías) y conocimientos. Esto se hizo usando multitud de medios: verbalmente, usando el arte o la palabra escrita.
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¿Cómo estudian ellos hoy?

Ellos estudian el día antes de la prueba, lo queramos o no; en buena medida porque hacemos las pruebas que hacemos y ellas se resuelven mejor en la inmediatez que con otras estrategias más progresivas y profundas. Pero eso no lo queremos ver.
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Leer es un gran verbo

Por eso digo que la lectura está mal ubicada en la escuela. Porque la escuela la concibe como fin y no se da cuenta de que lo que debemos hacer es ponerla como medio de un proceso (que es la construcción de proyectos) que -dicho sea de paso- la escuela tampoco está sabiendo llevar adelante.
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Buenas noticias para el libro de papel

Los últimos datos nos dicen que el libro en papel ha aguantado el vendaval de Internet. Al contrario de lo que ha pasado con la música o el cine, que han sucumbido a la venta online y han naufragado en el mar de la piratería, el libro de toda la vida sigue siendo la primera demanda de los lectores en todo el mundo.

Penurias de escritor

La historia dice que los escritores siempre han pasado momentos de penuria así que vengo a dejar constancia de los míos. Vale que es estupendo lo de poder ganarte la vida con lo que de verdad te gusta pero, económicamente hablando, hace un par de años yo me la ganaba bastante mejor.

Ya no puedo leer

Ya no puedo leer sin levantarme y hacer algo. Me gana la ansiedad de quemar o de escribir. O lo empujo al cesto o me empuja a la producción. Pero ellos y yo ya no podemos convivir. Ya no puedo estarme pasivo ante ellos. Ya no quiero. Ya no me deslumbran las bibliotecas; ya no me interesan la colecciones de papel impreso.