MUERTE DIGNA

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Suicidio asistido y eutanasia

Una sociedad capaz de evitar el sufrimiento innecesario a sus animales obliga a personas como Jose Antonio Arrabal, enfermo de ELA y que desea morir cuando él decida, a soportarlo hasta el final. ¿Por qué se le ha de obligar a este padecimiento? ¿Qué legislador insensible ha de decidir sobre mi vida? ¿Qué Dios ha de desear esta tortura?
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La buena muerte

La primera pregunta que uno puede hacerse es si es posible, en rigor, establecer un canon ideal sobre la muerte que sea extensible para una aceptación mayoritaria de la población. Un canon indiscutible, que no exija matices. Soy yo así de peculiar o lo que es verdaderamente peculiar es la idea de muerte que tiene cada uno.
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La necesaria gratitud a quienes ayudan a morir bien y dignamente

Algunas personas ayudan a morir dignamente, a que los últimos momentos de una vida sean apacibles, dignos, coherentes. Lamentablemente, sin embargo, algunos tachan a estas personas de medio delincuentes. Muy al contrario, disponer libre y responsablemente de la propia vida es un derecho y ayudar a llevarlo a cabo es un acto solidario, humanitario, tan lleno de dignidad como la propia muerte que se acompaña.
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La eutanasia, en el banquillo de los acusados

El artículo 143 del Código Penal no sólo no es capaz de impedir que se produzca la ayuda solidaria a quien pide morir, sino que genera además otra desigualdad, contraria a cualquier moral cívica; porque sólo impide morir en condiciones dignas, seguras y pacíficas, a quienes no tienen los recursos económicos para buscar legalmente ayuda en otro país.
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Pesadilla innecesaria en Zaragoza

Ya olía a primavera y los días ofrecían más luz, camino ya del solsticio de verano, cuando una tarde de abril Ignacio volvió a escuchar de labios de su madre, Isabel, su deseo de morir: "Hijo mío, ayúdame a morir, quiero morir". Y a Ignacio se le nubló la vista, sintió una fuerte punzada en el esternón y seguramente no pudo contener el llanto.