Plaza Tahrir

AFP

Egipto: fue bonito mientras duró

Hoy, cinco años después, y tras pasar un par de años en El Cairo, solo puedo decir que me siento triste por lo lejos que han quedado las ilusiones de la llamada Primavera Árabe. El Egipto que he visto no es el que quería que fuera. Egipto no me ha contagiado ilusión ni revolución, sino más bien rabia y tristeza por ver, día a día, cómo iba muriendo el espíritu del cambio. Hoy es, en su mayoría, un país enfadado, lleno de propaganda, desilusión, víctimas inocentes, odio, e incluso, a veces, arrepentimiento por lo que pasó.
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Dos secuencias sobre la esperanza

Somos algunos miles de manifestantes que resistimos 24 horas dentro de la plaza. Todo Egipto nos mira en directo y una parte importante del mundo también, pendiente de nuestra capacidad de resistencia. La cuestión es simple, el que aguante y tenga más paciencia ganará esta batalla.

La emoción de la protesta

El 25 de enero se han cumplido dos años de las protestas en la plaza Tahrir de El Cairo, una distancia prudente como para hacer balance. Se perdió el miedo. Ningún poder está seguro porque esas tres fases que dibujó Foucault -rebeldía, rebelión y revolución- pueden volver a activarse cuando menos se lo espera.

Tahrir habla de nuevo

No ganamos para sobresaltos con esto de la primavera árabe (el despertar, como muchos prefieren llamarlo ahora). Cuando estábamos dispuestos a declarar nuestra admiración por el buen hacer del presidente egipcio Mohamed Morsi en su gestión de la crisis de Gaza, va y emite un decreto de corte autoritario que le vuelve a llenar la plaza Tahrir de gente.

Lost in transition

¿Sabe Egipto adónde quiere ir? ¿Sabe el mundo adónde quiere que vaya Egipto? En los últimos días los dos grandes centros de poder, los Hermanos Musulmanes y el Ejército, parecían aplicar la doctrina de la Guerra Fría de la contención mutua.