Lo de Aznar ayer en Antena 3 precisa, posiblemente, más de un análisis psiquiátrico que periodístico o político. No se pueden interpretar sus palabras sin tratar de comprender qué le mueve, qué resortes han provocado que siembre de minas la acción del gobierno de su partido y de su sucesor, Mariano Rajoy.
Si tuviéramos un presidente de Gobierno receptivo, atento a lo que dice la sociedad, y menos enrocado en eso que llama sentido común y que sólo tiene sentido para él mismo y su reducido entorno, pensaríamos que había llegado el momento de, al menos, un relevo en las carteras. Pero no cabe pedir peras al olmo.
En su discurso ante el Congreso para explicar el Plan Nacional de Reformas, Rajoy dio una cifra que pasó más o menos desapercibida. Dijo que la política económica permitirá ahorrar "bastante más de mil millones de euros". Un dato que combina la redondez de "mil millones" con la vaguedad de "bastante más". ¿De dónde sale?
La juventud es algo pacífico e inocente por naturaleza. Esto es lo que se dice a nivel teórico. Pero, entonces, ¿quiénes son los violentos que han tirado huevos a la policía pacífica durante las protestas celebradas desde septiembre pasado? Lástima, son también jóvenes, pero de los malos.
Tres años después, Rajoy, ya como presidente del Gobierno, se agarra al mismo argumento que usó Zapatero para abandonar su programa: Evitar el rescate. La intervención sirve en ambos casos para justificarlo todo.
Hace algunas semanas, el presidente del Gobierno estatal dijo que la economía de España crecería. A los pocos días el PIB confirmó que la economía se había encogido aún un poco más. ¿Por qué hizo, pues, semejante afirmación?
Fa alguna setmana, el president del govern estatal va dir que l'economia d'Espanya creixeria. al cap de pocs dies el PIB va confirmar que l'economia s'havia encongit encara una mica més. Per què ho va afirmar, doncs?
Alemania no es la responsable de la imposición de una política de austeridad a ultranza y palo seco que está devastando las esperanzas de millones de europeos. Hilemos un poco más fino: la autoría de tal política tiene nombres, que no son otros que Angela Merkel, la CDU y las clases dominantes del país.
Bajo la promesa de no citar nombres, un todopoderoso hombre del PP asegura que "un tesorero cabreado puede llevarse a varios presidentes por delante. Pero si alguien puede zafarse, ese es Rajoy".
Para defender su fraude electoral (Rajoy está gobernando con un programa no legitimado por el voto) el presidente lleva empleando, desde que ocupó el poder, la falacia del falso dilema. Lo dijo bien claro, hace pocos días y lo ha reiterado en el debate del estado de la nación: "O cumplía con el programa electoral o cumplía con mi deber".
Se acabó el debate del estado de la nación. Con tanta réplica y contrarréplica es difícil sacar tiempo para contrastar las afirmaciones vertidas. Si uno las examina con detenimiento no resisten la comparación con la realidad. Pasada la vorágine, practicamos el viejo juego de: ¿Realidad o ficción?
Envuelto en la tesis "o yo o el caos", y arropado por la mayoría absoluta de la que goza el PP en la Cámara, Rajoy demostró que no tiene intención alguna de mirar la tozuda realidad con otra perspectiva, y que por tanto confía en que sea una dudosa recuperación económica la que justifique su política. Pero llegar a acuerdos con los demás grupos, a pesar de esa mayoría, sí sería una buena dosis de democracia.
Cinco millones novecientos sesenta y cinco mil cuatrocientos. Esta cifra, por sí sola, refleja el aspecto más duro y dramático de la situación social y económica por la que atraviesa España. Más del 26% de nuestra población activa no encuentra empleo y a más del 50% de nuestros jóvenes, les ocurre lo mismo.