El resultado de CIU en las elecciones catalanas del 25N es un batacazo monumental de Artur Mas y de su órdago por convertir estos comicios en el primer acto del camino por la independencia de Cataluña, bajo su liderazgo. Mariano Rajoy puede saborear el fracaso de Mas, pero convendría que no alargue el momento: más que firmeza, es el momento de que muestre cintura ante un Parlament que apoya mayoritariamente la convocatoria de un referéndum para decidir si quiere o no un estado propio.
Quinto año de la agonía desde la "crisis de 2008" y aun no hay señales de vida al otro lado del túnel.
Los desahucios son una verdadera catástrofe que, al igual que tornados, huracanes y terremotos, requieren de los gobiernos unas medidas inmediatas y eficaces que solucionen la situación de desesperación y absoluto desamparo de sus víctimas. Han hecho falta dos suicidios para que Rajoy diga "espero que paralicemos el lunes los casos de familias vulnerables", aunque viniendo de él esto puede significar cualquier cosa.
Llevo dieciséis años con mi marido, aunque casados sólo siete. El mismo tiempo que el TC ha tardado en dar un veredicto positivo para nuestra causa al recurso que presentó Rajoy. En diciembre podremos celebrar nuestro séptimo aniversario como matrimonio.
El norte acreedor y el sur deudor tienen intereses enfrentados en el corto plazo. Alemania se financia prácticamente gratis, gracias a que el sur lo hace a unos intereses imposibles. Nuestro alivio no le cuadraba las cuentas.
El mundo diplomático está perdiendo glamour. La muerte en directo de Christopher Stevens, el embajador norteamericano en Libia, nos ha recordado que la diplomacia es en ocasiones un ejercicio de alto riesgo.
Las cuentas que ha confeccionado el Gobierno del Partido Popular sólo servirán para que los pobres sean más pobres y entierra las esperanzas de las miles de personas que cada día buscan un puesto de trabajo. Constatan, además, el fracaso de un Gobierno secuestrado y sin alternativa.
Si la democracia se blinda en el Congreso llegará un punto en que sus Señorías se volverán misántropos. Si observan a los ciudadanos indignados como a enemigos, la resultante será la ruptura del pacto democrático que sostiene nuestro sistema.
Después de todas las fotos y videos publicados estos días, no tengo mucho que añadir sobre la brutalidad y la escandalosa actuación de la policía. Pero, ¿por qué esas ganas de humillar tanto a los jóvenes, tantas ganas de romperlos?
Resulta muy fácil empezar este artículo llamando la atención a Mariano Rajoy sobre el peligro que las "mayorías silenciosas" han representado siempre para cualquier democracia. No es solo indicio de una preocupante falta de sensibilidad hacia la dimensión política de la sociedad civil realmente preocupante, sino de ignorancia histórica.
Hoy en el Congreso, tanto el Gobierno como el resto de partidos seguían boquiabiertos tras la intensa jornada que se marcó ayer el monarca, dejando claro que puede tener mayor peso político del que se le atribuye. La discusión entre diputados es si se está excediendo en su papel o no.
En esta situación de especial trascendencia, se debe de convocar a Referéndum, tal y como marca la Constitución Española, al pueblo español, para que pueda dar su opinión sobre lo que está pasando.
Rajoy no puede ampararse en que la realidad no le permite desarrollar las cláusulas del contrato porque en política la realidad es cambiante. Forma parte del juego electoral que hoy la prima de riesgo esté en trescientos y mañana suba al doble.
"Es verdad que hemos subido los impuestos, pero el IRPF a los que más ganan". No es cierto. Es verdad que el Gobierno cuando subió el IRPF en diciembre de 2011 lo hizo de forma progresiva, pero de ahí a insinuar que sólo se ha subido los impuestos a los que más ganan hay una gran diferencia.
El año pasado, la inminencia de las elecciones generales despertaba expectativas de cambio. Rajoy volcaba sus esfuerzos en convencernos de que él sabría reconducir España, y prometía hacer exactamente lo contrario que luego se ha visto obligado a hacer: subir el IVA y recortar en sanidad. Hoy ya no creemos ni en brotes verdes ni en promesas electorales: sabemos que nos espera el año más duro en décadas.