Para evitar la bancarrota, no sólo necesitamos que Europa nos avale, sino que necesitamos reinventarnos, crear nuevos empleos, tener ideas empresariales y empresarios con imaginación y talento para realizarla.
Después de todo, el crédito lo recibirá el Estado y por tanto somos nosotros, todos nosotros, quienes tendremos que devolverlo, y también pagar los intereses del mismo. Por eso reclamamos un referéndum.
Nunca antes Alemania había ejercido tanto poder en Europa, pero generando una muy acusada desafección de los ciudadanos no alemanes por la forma en que está ejerciendo esa suerte de "protectorado económico."
Desde 2009 se han prodigado las reformas, parciales o incompletas en diferentes aspectos, lo que se demuestra simplemente porque a la falta de contundencia de cada una le ha debido de seguir otra y así hasta hoy.
El Consejo Europeo de este jueves y viernes puede resultar, esta vez sí, crucial. Y definitivo a la hora de marcar una nueva hoja de ruta que libere al euro de las dudas sobre su propia existencia.
Los mercados y los inversores no van a cambiar su actitud esencialmente pesimista sobre la economía española mientras no puedan atisbar una recuperación del crecimiento económico y una disminución del paro.
Sigue sorprendiendo lo poco que aprendemos del pasado. Los líderes europeos parecen seguir empecinados en repetir soluciones fracasadas e insuficientes y a este paso van a conseguir lo que parecía imposible: cargarse el Euro.
Los inversores han concluido que este rescate es mucho mejor para los bancos y sus accionistas que para el Gobierno y los contribuyentes. Puede ser el prólogo de un rescate menos blando de un país al que se le cierra el mercado de capitales.
Los griegos han desactivado el botón nuclear que amenazaba con hacer saltar por los aires el euro, la unión monetaria y la propia UE. Junto a la victoria socialista en Francia, es un mensaje clarísimo para Merkel: seguimos adelante, pero hay que revisar la nefasta estrategia de austeridad.
El gran problema para EE UU en esta crisis es que ni tiene la autoridad moral de presionar a ningún otro país ya que ha sido uno de los grandes responsables de la crisis financiera global, ni tiene los recursos financieros para intervenir.
Debería congratularnos que, 'gracias' a esta crisis la población española se haya familiarizado con nombres como el del Nobel de economía, si no fuera porque sus artículos suelen ser precursores de malos presagios para nuestras cuentas.
Cada vez es más evidente que los líderes de la Eurozona forman más parte del problema que de la solución. Con las elecciones griegas a la vuelta de la esquina y en ausencia de un faro a seguir el riesgo de ruptura es más alto que nunca.
¿Imagináis que los dirigentes europeos, en un ataque extemporáneo de lucidez, miraran la realidad de la Unión con ojos de ciudadanos de a pie? El orden de sus preocupaciones se invertiría.
Cuanto mayor es la erosión de la credibilidad de los responsables políticos, más difícil es lograr que el sector privado invierta en sus proyectos. Como consecuencia, unas medidas estratégicas aparentemente audaces para obtener grandes cantidades de capital privado consiguen, por el contrario, facilitar su huida.