Mari Trini, como las olas del mar

Mari Trini, como las olas del mar

Cuarenta años después, vuelve a publicarse en vinilo 'Amores', el disco con el que Mari Trini rompió un techo de cristal en la música española.

Portada de 'Amores'.AMAZON

En un país tan poco dado en aquella época a otras muestras de afecto y cariño que no fueran las dirigidas a Dios o al Caudillo resultaba extraño que, desde el escenario, una muchacha menuda preguntara en voz alta: "¿Quién a los quince años no dejó su cuerpo abrazar?". En Amores, esa sencilla canción que en su primera versión a guitarra no llega a durar dos minutos, Mari Trini desliza, además, algunos conceptos inéditos hasta entonces en la sentimentalidad patria, como el cuidado, la reciprocidad, el paso del tiempo o la vejez.

Tras firmar un contrato a mediados de 1969 con la discográfica Hispavox, Amores forma parte del repertorio que Mari Trini (Maria Trinidad Pérez-Miravete Millé, Murcia, 1947-2008) presenta al productor Rafael Trabucchelli y al arreglista Waldo de los Ríos. Para muchos, la pericia del primero está a la altura de Phil Spector o George Martin, que incluso llega a elogiar su trabajo en una cariñosa carta. El segundo, une a sus habilidades como orquestador los conocimientos sobre técnicas de grabación que ha aprendido en Buenos Aires y Nueva York. Desde mediados de los sesenta, Trabucchelli y De los Ríos han aportado un puñado de éxitos a la música española, desde La Yenka a La canción del tamborilero, desde El baúl de los recuerdos a María Isabel.

De las composiciones que la artista lleva al despacho de Trabucchelli, alguna, como Vals de otoño, habían sido rechazadas por su anterior compañía, a la que tuvo que pagar quinientas mil pesetas para poder rescindir el contrato que suscribieron en 1967. De las inéditas, hay una, Mañana, que la autora considerará siempre su favorita entre las más de trescientas que compondría a lo largo de su vida: "No quiero palabras de consuelo/ni falsos llantos de un duelo,/no quiero sonrisas a mis espaldas,/las cosas de frente, cara a cara, no hay nada que ocultar…". Esa rebeldía, la misma que llevaba a los jóvenes a manifestarse en París o protestar por la guerra de Vietnam, rezuma también en Déjame: "Déjame, déjame soñar,/déjame, tengo que llegar,/no quiero quedarme atrás./Los sueños son míos, dejadme soñar".

Sin demasiada fortuna, desde el inicio de su carrera Mari Trini ha presionado a los disqueras para que le permitan grabar sus composiciones. En Hispavox, las reticencias se disipan. Sus ejecutivos consideran atractiva la idea de sumar otra voz femenina a una corriente musical en alza, los cantautores, dominada por los hombres. Tres años antes, habían fichado a María Ostiz, que ha registrado dos elepés cargados de melodías de profundo lirismo y un cierto aroma folk. De Mari Trini, en cambio, les atrae su capacidad para contar historias, sin alarmar a la censura, dirigidas a una clase media urbana, cada vez más en auge, que obliga a sus hijos a estudiar inglés y compra tocadiscos, utilitarios y apartamentos en la playa. Gracias a las divisas del turismo, la vieja España, está transformándose, pero en aquel el curso 70/71 sólo una cuarta parte de los universitarios fueron mujeres.

Vive, En una noche callada, Un hombre marchó y, sobre todo, Cuando me acaricias están en ese relato del cambio. En esta última, compuesta en unos de los descansos de las sesiones de grabación a partir de una melodía al piano que escucha a Trabucchelli, la cantante describe una relación sentimental al margen de los dictados morales de la época. "El sol está naciendo, murió mi sueño./La vida y las gentes/se están vistiendo/y tú tienes que irte/con todos ellos./Te esperan tus amigos,/el campo, el sol y el viento./Adiós, mi amor soñado,/tu sabes que... te quiero". Waldo, que sabe de la naturaleza de esos amores clandestinos, envuelve la melodía en sugestivo arreglo, uno de los mejores de su carrera, según contaría después.

Respaldada por esa imponente orquesta, Mari Trini firma ocho composiciones, incluyendo una nueva versión de Si no te vas con la tarde, que ya había grabado con arreglos de Juan Carlos Calderón. Para completar el álbum, elige Amanecí entre tus brazos, una ranchera de José Alfredo, que tanto le gustaba a su padre, y el clásico italo-francés, J’attendrai, que, en la voz de Rina Ketty, llenó de melancolía la Europa en llamas de la II Guerra Mundial.

El elepé tardará todavía casi un año en editarse. Hispavox lanza, a finales de 1969, un sencillo con Mañana y Vals de otoño. Seis meses más tarde, aparece otro con Cuando me acaricias y Un hombre marchó, que se mantiene con fuerza en las listas de éxitos durante todo el verano. A finales de octubre del 70, la imagen casi bucólica de una Mari Trini con su guitarra al hombro invade los escaparates de las tiendas de discos. Es difícil no dejarse seducir por esa portada que realizan el diseñador Daniel Gil y el fotógrafo Paco Ontañón.

Sin proponérselo, con Amores, Mari Trini romperá un techo de cristal en la música española. Es la primera cantautora española en alcanzar el número uno en la lista de long-plays. Durante más de un año su disco, una de las mejores muestras de lo que se conoció como Sonido Torrelaguna, se mantendrá entre los más vendidos. Una década más tarde, los críticos convocados por la revista El Gran Musical considerarían que, junto a Mediterráneo de Serrat, es el álbum español más importante de aquella década. Las ventas superaron aquí los cien mil ejemplares, a los que habría que sumar las ediciones en una veintena de países, como EEUU, la URSS, Alemania o Japón.

De alguna manera, este éxito contribuiría a cambiar la mentalidad de los industria discográfica española. Apenas unos meses después de Amores, Cecilia y Maria del Mar Bonet publicarán su primeros trabajos. A estos no tardan en sumarse, Despacio, de Ana María Drack o las Baladas y canciones de Bertolt Brecht, de Massiel.

Aunque Mari Trini seguiría ligada al sello hasta 1989, Hispavox se desentenderá pronto del primer larga duración de la artista. La última edición en vinilo data de 1983. También en una colección económica, un lustro después aparece en compact-disc. En 2011, se vuelve a publicar en ese formato digital, pero con algún error en el listado de canciones y sin un mísero libreto con los créditos y los textos. Mientras tanto, Amores ha sido cantada por Luz Casal, Niña Pastori o Sole Giménez; Mañana, por Raphael o Luis Aguilé, y la holandesa Mieke convirtió Vals de otoño en Wals van de lente, por citar algunas versiones.

Hace casi dos años, Javier Bilbao, por entonces jefe de catálogo de Warner Music Spain, actual propietaria de las grabaciones de Hispavox, decidió reparar este injusto olvido: localizó los masters originales, evitó que, como ha ocurrido en otras ocasiones, se colara la versión de Un hombre marchó grabada en 1980 con nuevos arreglos de Danilo Vaona y cuidó la impresión y el tratamiento gráfico para que el regreso al vinilo de Mari Trini, Trabucchelli y Waldo estuviera a la altura de la edición original.

Elogiada por Manuel Vázquez Montalbán, Gloria Fuertes, Luis Antonio de Villena o José Saramago, Amores es, medio siglo después, parte de la memoria sentimental de todos aquellos y aquellas que, con apenas quince años y la emoción del primer abrazo, soñamos con levantar casas de lluvia, amor y fuego.

Quién no buscó alguna vez ese recuerdo…

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Miguel Fernández (Granada, 1962) ejerce el periodismo desde hace más de treinta y cinco años. Con 'Yestergay' (2003), obtuvo el Premio Odisea de novela. Patricio Población, el protagonista de esta historia, reaparecería en Nunca le cuentes nada a nadie (2005). Es también autor de 'La vida es el precio, el libro de memorias de Amparo Muñoz', de las colecciones de relatos 'Trátame bien' (2000), 'La pereza de los días' (2005) y 'Todas las promesas de mi amor se irán contigo', y de distintos libros de gastronomía, como 'Buen provecho' (1999) o '¿A qué sabe el amor?' (2007).