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La financiación de las entidades bancarias

31/05/2013 08:16 CEST | Actualizado 30/07/2013 11:12 CEST
GTRESONLINE

Quienes hayáis seguido el Economía para no economistas en los últimos meses seguro que estáis familiarizados con algunos de los productos que emiten las entidades financieras. Cédulas, titulizaciones, participaciones preferentes o pagarés son algunos ejemplos de ellos, conocidos como "productos de mercado" o "financiación mayorista" debido a que su venta se produce de forma estandarizada, normalmente entre inversores institucionales (aunque no siempre, como en el caso de las preferentes o de los pagarés) y a que existe un mercado secundario para revender el producto. Son, por tanto, alternativas de los bancos para conseguir dinero con el que realizar su actividad, principalmente la de conceder créditos.

Desde el comienzo de la crisis y en especial en los dos últimos años hemos leído en prensa que las entidades financieras españolas tienen problemas para vender estos productos, lo que se conoce como "cierre de mercado". ¿Cuál es la razón? Básicamente que los inversores detectan que existe riesgo de impago en esos productos y, por tanto, exigen una prima de riesgo que, a veces puede ser tan elevada, que hace inviable su colocación.

Sin embargo, durante estos periodos de sequía, suele existir alguna oportunidad para que las entidades vendan sus productos. A esas oportunidades se las conoce en la jerga financiera como "ventanas de emisión", y son días o semanas puntuales del año en que existe cierto optimismo en los mercados financieros y se pueden encontrar inversores interesados en comprar a un precio, no bajo, pero sí aceptable para la entidad. Este optimismo suele ser debido a las expectativas de mejora de la economía por la publicación de datos macroeconómicos positivos o por nuevas normativas aprobadas.

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En contextos de mercado como el descrito, salvo excepciones, los bancos no pueden colocar productos de alto riesgo, sino sólo aquellos con riesgo limitado. Por esta razón, las emisiones que se han producido en los últimos dos años son de productos de menor riesgo: deuda senior (bonos respaldados por la entidad que los emite pero que cuyo inversor cobra antes que los inversores subordinados en caso de que haya concurso de acreedores), que incluso puede estar respaldada por programas de aval del Estado, y cédulas hipotecarias. En cambio, otros productos como la deuda subordinada, las participaciones preferentes (a inversores institucionales) o las titulizaciones han resultado inéditos.

En cualquier caso, las ventanas de emisión no han sido suficientes para conseguir la financiación necesaria y, como ya mencionamos en el post de María López, los bancos europeos han debido recurrir a otra vía para sustituir esa financiación: el Banco Central Europeo (BCE). Los bancos han actuado como lo podríamos hacer cualquiera de nosotros si necesitáramos dinero: acudir a un banco, en este caso el BCE. El funcionamiento es similar al que conocemos para un préstamo hipotecario: el BCE otorga préstamos en función de las garantías que pongan los bancos, sólo que esas garantías no son viviendas, sino productos financieros de cierta calidad: deuda soberana en poder del banco, cédulas, bonos de titulización de buena calidad,... Así, el BCE presta dinero en función de esos activos, aplicándoles un recorte o "haircut" en la valoración (por ejemplo: si un banco presenta un bono de titulización de 100 millones de euros, el BCE prestaría al banco aproximadamente unos 75 millones). Similar a cuando a nosotros un banco nos da un préstamo pero sólo por una parte del valor de la vivienda.

Para finalizar, una aclaración que quizá resulte conveniente hacer. Cuando se habla de cierre de mercado y falta de liquidez no se está hablando de capital. Puede inducir a error cuando vemos en la prensa que las entidades pueden necesitar una nueva recapitalización y, además, que los bancos no pueden emitir en mercado. No hay relación (directa) entre una cosa y otra. La colocación de los productos de calidad (deuda senior y cédulas) no incrementa el capital, ya que sólo permite a la entidad tener más liquidez. El capital ha de conseguirse por otras vías; la habitual es la venta de nuevas acciones, aunque es cierto que algunos de los productos con más riesgo (deuda subordinada y preferentes) pueden incrementar el nivel de capital del banco, aunque con la nueva normativa de Basilea III (de la que hablaremos otro día) dejarán de hacerlo.

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