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Modelo de negocio para el 'pequeño' Nicolás

03/03/2015 07:05 CET | Actualizado 02/05/2015 11:12 CEST

Diseño: Clase Mad

Personalmente, siempre me han fascinado las películas de timos. El Golpe (The Sting, 1981), La Trama (The Spanish Prisoner, David Mamet, 1997), Nueve Reinas (2003), además de ser gran cine, son buenísimos ejemplos de grandes timadores. El buen timo no se basa sólo en orquestar magistralmente el engaño, sino en que el engañado a su vez piense que está engañando. El clásico timo de la estampita se basa en que el timado cree que está timando a un discapacitado; es maquiavélico y brillante por el doble varapalo de ser timado y además haber sido tan mezquino que le avergüence reconocer (y denunciar) haber sido timado.

Hablemos, pues, del pequeño Nicolás. Vaya por delante que no tengo más información que la aparecida en la prensa, por lo que este artículo es una ficción en la que me pregunto qué podría hacer un diseñador al servicio del Mal. A efectos legales quiero también aclarar que asumo que el pequeño Nicolás es inocente hasta que se demuestre lo contrario; todo lo que aquí escribo debe entenderse bajo un gran condicional. Si el Pequeño Nicolás fuese un suplantador (alguien que se hace pasar por lo que no es), y un timador (alguien que saca provecho con engaños), entonces un diseñador al servicio del mal le propondría el modelo de negocio del que trata este artículo.

Cuando hablo de diseño, por cierto, no me refiero a un logotipo, ni una web, ni nada de eso. Hablo de Diseño Estratégico, una nueva disciplina algo complicada de explicar. Este artículo intenta hacerlo a través de una herramienta que utilizamos bastante: el Lienzo de Modelado de Negocios, más conocido por su término en inglés Business Model Canvas y popularizado por metodologías como Lean Startup. Y es parte de lo que hacemos los diseñadores estratégicos bajo el paraguas del Design Thinking, Service Design, Diseño Centrado en Usuario... muchos nombres que resultan confusos, pero que a través de un caso práctico como éste espero que se comprenda mejor. Así pues nos lanzamos con: ¿qué haría un diseñador estratégico para el pequeño Nicolás?

Cómo diseñar para el Mal

Empecemos por definir el público objetivo: ingenuos ambiciosos con dinero. Gente ingenua pero que esté dispuesta a saltarse algunas normas con tal de conseguir poder. Tienen que tener dinero para que el negocio sea rentable, y sobre todo desear tener mucho más.

Una vez que tenemos claro a quién nos dirigimos, establezcamos los canales a través de los cuales les contactaremos. Es decir, cómo se enterará nuestro público de existe el pequeño Nicolás y de lo que ofrece. Algunos de estos canales serían espacios físicos frecuentados por nuestros públicos: clubes de campo, círculos financieros, eventos de hípica, palcos futboleros... Una vez dentro de estos espacios, buscaremos visibilidad: postureo en estado puro, un fuerte abrazo por aquí, un apretón de manos por allá, reírse en alto y ostentosamente...

Para llegar a estos canales, necesitaremos socios claves de varios tipos. Por un lado, necesitaremos la complicidad de los responsables de relaciones públicas de los espacios antes citados; botellita de vino o de aceite en Navidad, pequeñas ofrendas a los mandos bajos-intermedios suelen allanar el camino. Por otro lado, como propuesta de innovación, se puede buscar la colaboración también de los caterings más utilizados por nuestro público objetivo. Tener esta complicidad nos daría acceso a información de primera mano de fiestas y eventos privados aunque masivos (pedidas de mano, despedidas de soltero, presentaciones en sociedad, cumpleaños...) que pueden resultar muy útiles.

Más socios claves: los falsificadores de documentos. Hasta ahora, esta labor se ha realizado en centros de reprografía, pero esto no puede seguir así; es chapucero, limitador y peligroso. Es fundamental tener como socio algún tipo de imprenta clandestina, donde además tengan personal de confianza experto en Photoshop para todo tipo de retoques.

Y necesitaremos también un buen-mal abogado como socio clave. Los fans de Breaking Bad enseguida pensarán en Better Call Saul, y efectivamente buscamos ese perfil de abogado: directo, sin escrúpulos y dispuesto a detectar hasta el desaliento dónde hay un resquicio legal, dónde están los límites de los límites del sistema.

Pasemos ahora a las actividades claves que necesitaremos para desarrollar el negocio. Además de las citadas actividades de networking y postureo, es importante mantener los vehículos oficiales. Lo consideramos una actividad clave por su alto valor simbólico, y muy acertado en un negocio basado casi exclusivamente en las apariencias. Bajarse de un coche oficial infiere poder.

Mantener una cuenta en Facebook donde mostrar fotografías con gente importante muestra un alto nivel relacional y es también un enorme acierto.

Otra actividad clave es recopilar información. Es increíble la cantidad de información que nuestro público objetivo (recordemos: ingenuos) puede dejar caer en las redes sociales públicas o privadas. Detectar y apuntar detalles reveladores sobre personas que en algún momento se cruzarán en nuestro camino nos será de gran ayuda. Lo cual, por cierto, nos lleva a otra actividad clave: hackear redes sociales privadas, pero no voy a extenderme en ello, no quiero que este artículo necesite su particular Saul.

En este modelo de negocio, la fuente de ingresos son, claramente, los propios ingenuos. En definitiva, lo que estamos buscando es su dinero; pero, y esto es tan importante que ya lo mencionaba al principio, el ingenuo al ser timado tiene que sentirse tan avergonzado de haberlo sido, que le impida tomar acciones legales. Y aquí tenemos una de las claves más importantes de este negocio y lo que nos asegura su tremendo éxito: es increíble que un niño-adolescente haya sido capaz de codearse con quien lo ha hecho, de llegar donde ha llegado. Es tan increíble, que es perfecto. Ser timado por alguien así supondría tal deshonra que es el detalle que cierra el círculo.

Y así llegamos al núcleo del modelo de negocio, aquello que se ofrece a nuestro público objetivo, la propuesta de valor: atajos, enchufes, chapuzas, chanchullos. O, mejor dicho, ofrecer la posibilidad de conseguir todo eso. Y, por supuesto, el lugar y el momento es perfecto. Nunca antes ha sido tan patente la desfachatez de los que ostentan el poder. Se les debería caer la cara de vergüenza mil veces (a la semana), y en lugar de eso, se vanaglorian y hablan más alto. Este es el caldo de cultivo para creerte más listo que el más listo, nuestro particular mal endémico. Atajos, enchufes, chapuzas, chanchullos. Palabras que siguen haciendo brillar los ojos de tanta gente codiciosa de poder a cualquier precio y en todos los espectros. Palabras casposas que en pleno siglo XXI siguen de rabiosa (nótese el doble sentido) actualidad. En fin.

Hasta aquí esta ficción, este divertimento que busca explicar qué es un Business Model Canvas: una metodología para mejorar y redefinir negocios, mostrada muy simplificada para hacerla comprensible. Y es un mero ejercicio, en el trabajo real siempre co-creamos estos modelos con el cliente, que en este caso prefiero evitar. Pero al margen de lo que un diseñador (estratégico) podría hacer para el Mal, y de tomarlo con humor, hagamos algo. Yo, desde luego, me dedicaré a diseñar para el Bien y no aceptaré las ofertas del Lado Oscuro, que sin duda lloverán tras escribir todo esto. ¿Y tú? Denuncia, discute, dialoga, difunde; y no dejes pasar ni una, ni media. Cualquier modelo de negocio del Lado Oscuro crece con el silencio, con el (tu) conformismo. Este año se presenta interesante, afilemos los sables-láser.

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