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10 razones por las que prefiero un perro a un hijo

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Medio en serio medio en broma voy a exponer diez buenas razones por las que prefiero tener un perro y no un hijo. Hay quien dice que es mejor tener un hijo porque te cuidará en la vejez y además ellos pagarán nuestras pensiones. Pero yo lo dudo. Se refieren los defensores de esta teoría a que nuestros hijos se ocuparán de nosotros cuando no podamos valernos por nosotros mismos. Soy por el contrario de la opinión de que los hijos a la mínima oportunidad te llevan al asilo, si es que te lo puedes permitir, y te visitan una vez al año, especialmente si se sienten culpables. En caso de no poder llevarte a la residencia te arrinconan para que no les des la lata y se gastan tu pensión, viviendo a tu costa hasta que puedan vivir de sus propios hijos, aunque esto último tal y como están las cosas cada vez lo veo más difícil.

Y recuerda, por si estás pensando tener un perro y este artículo te anima a hacerlo, que un perro no es un objeto y que un perro tiene más cosas en común con un ser humano que con un cocodrilo, por poner un ejemplo. Al fin y al cabo ambos somos mamíferos. Adoptar siempre es mejor que comprar y si finalmente lo tienes claro te doy mi enhorabuena porque un perro te dará mucha felicidad, pero sé consciente de que adquieres una responsabilidad en tu vida y que un perro es para siempre, no para una temporada. A continuación paso a exponer las razones por las que tener un perro me parece más razonable e inteligente que tener un hijo. Y cuando digo hijo me refiero a hijo o hija, indistintamente claro está. Podría usar la palabra vástago, que es neutra, pero no me gusta demasiado.

perro

1. Un perro siempre será más manejable que un hijo. Los hijos tienen una clara tendencia a hacer lo que les da la gana, mientras que a tu perro generalmente puedes enseñarle a hacer lo más conveniente para ti y la mayoría de las veces te obedecerá. Sino siempre podrás llevarle a un adiestrador, algo que nunca podrás hacer con tu hijo porque es ilegal.

2. Un perro vive una media de 12 años, mientras que un hijo tuyo ahora mismo tiene una esperanza de vida de en torno a 90 años. Vamos que a tu hijo, sobre todo si está en el paro, no te lo quitas de encima ni con lejía, mientras que tu perro morirá plácidamente y este suceso te romperá el corazón por un tiempo, pero siempre podrás adoptar o comprar otro e iniciar de nuevo el amoroso ciclo. En cualquier caso será tu elección. Un hijo en cambio es para siempre, como los brillantes, pero mucho más caros y sin opción de empeño en caso de padecer una extrema necesidad económica.

3. Si tienes el capricho o la necesidad de tener un perro siempre podrás adoptarlo o comprarlo, sólo necesitas encontrar uno de tu gusto. En cambio si tienes el capricho o la necesidad de tener un niño y eres un hombre solo o una pareja que no puede o no quiere tener hijos biológicos lo tienes complicado. Tenéis que someteros a todo tipo de test psicológicos por parte de agencias que investigarán vuestra mente por si dentro de vosotros hubiera un pederasta en potencia y también para saber si disponéis de una vivienda adecuada y de una holgada situación económica. En cambio si estáis en condiciones de tener un niño de forma autónoma podréis tenerlo sin problemas aunque seáis unos psicópatas y hayáis asesinado antes a quince o veinte personas pasándolas a cuchillo. También tenéis derecho a tener un hijo aunque estéis viviendo en la calle y no tengáis casi nada con que alimentar al futuro bebé. ¡Faltaría más! De lo contrario sólo los ricos se reproducirían.

4. Un perro nunca te pedirá marcas, productos de belleza o gadgets de última generación. En cambio tu hijo, a lo largo de su dilatada estancia contigo, en tu casa y viviendo de ti, te demandará todo tipo de objetos. Puedes consolarte pensando que esto sólo lo hará de manera sistemática y autoritaria durante sus primeros treinta y cinco años de vida, que es el tiempo medio que el "niño" permanecerá a tu lado. Cuando consiga trabajo y casa propia -algo que está por ver- se volverá algo más piadoso contigo y sólo te pedirá regalos por Navidad, Reyes, cumpleaños, con motivo del nacimiento de sus propios hijos o en caso de que se quede sin trabajo y sin dinero y necesite volver a tu casa, trayendo consigo a su pareja y los hijos que hayan tenido juntos. Lo hará incluso en el caso de que hasta ese día haya pasado de ti completamente, lleve diez o más años sin verte e incluso en el caso de que apenas si recuerde tu nombre.

5. Un perro siempre te dará cariño, te recibirá dando saltos cuando llegues a casa y te lamerá las manos. Siempre estará alegre a tu lado porque tú eres casi todo lo que él necesita para ser feliz. Un hijo en cambio aunque comienza realizando acciones parecidas, pronto comenzará a cambiar de actitud y según crezca verás cómo te rehúye, cómo intenta no ser visto ni controlado por ti, cómo evita que le beses o le toques siquiera. Es lo que ellos llaman independizarse de los padres pero eso sí, viviendo a vuestra costa y en vuestra casa. Sólo se independizan afectivamente, para el resto de asuntos seguirán siendo absolutamente dependientes.

6. Un perro puede aficionarse a cosas desagradables como comer basura, beberse el pis de otros perros o incluso cosas peores que puede encontrar en la calle porque para él todo es comida. Pero al menos todas estas sustancias son gratuitas y desafortunadamente -al menos en Madrid- están por todos lados. Un hijo en cambio puede aficionarse al alcohol, la marihuana, la cocaína o la heroína, sustancias casi todas ellas caras y algunas incluso mortales en caso de consumirse de manera descontrolada. Además al decidir negárselas a tu hijo este querrá probarlas con más ahínco porque nada le atraerá más que aquello que le prohíbas. Tendrá que procurarse un camello y podrá ir a la cárcel si le pillan con cantidades significativas de estupefacientes.

7. Un perro es el mejor antídoto contra la soledad. Está siempre a tu lado. Sale a la calle cuando tú se lo dices y disfruta estando contigo. Un perro nunca se independiza. En cambio los hijos procuran pasar contigo el menor tiempo posible, pero luego cuando por fin se van de casa sientes un vacío terrible y duradero, por mucho que un anuncio televisivo haga chanza de esa situación que viven dramáticamente millones de familias sobre todo aquellas que sienten un especial apego por la vida doméstica, que no quieren ver alejarse a sus hijos a más de doscientos metros y que incluso matarían por tenerlos consigo el resto de sus vidas.

8. Un perro es un animal hermoso que, afortunadamente, no se parece a nosotros ni falta que hace. En cambio un hijo heredará algunas de vuestras virtudes y sobre todo la mayor parte de tus defectos y los de tu pareja sumados y potenciados. Vamos una auténtica joya. Durante los primeros años de vida de la criatura discutiréis porque los dos querréis que se parezca a vosotros y a vuestras respectivas familias. En cambio a medida que crezca las discusiones invertirán su sentido y el motivo será que ninguno de los dos pensaréis que vuestro hijo se os parece sino que se parece a vuestro cónyuge, tanto en lo físico como en lo psíquico, y sobre todo a la odiosa familia política.

9. A un perro se le trata como a un hijo mientras que a un hijo se le acaba viendo, mal que nos pese, como a un extraño. Una vez una amiga me dijo, casi indignada, que no se nos ocurriera tratar a nuestro perro como a un niño, porque esto es algo que le parecía lo peor que se podía hacer. Como si alguien hubiera pedido su opinión... Pienso por el contrario que tratar a un perro como a un hijo es lo natural porque ellos se ganan este título día tras día, aunque eso sí, nunca me olvido de que mi perro es un auténtico perro porque tiene cuatro patas y un rabo y eso hace difícil que olvide su verdadera naturaleza. En cambio nunca se conoce la auténtica naturaleza de los hijos porque son una auténtica caja de sorpresas o una colección infinita de muñecas rusas, siempre dentro de cada una espera otra nueva con nuevas y sorprendentes revelaciones, sobre todo a medida que van cumpliendo años.

10. Por último debes tener claro que tu perro siempre te preferirá a ti antes que a otra persona. Tu hijo en cambio, sobre todo cuando crezca, siempre preferirá a otras personas antes que a ti y hará siempre más caso a un extraño que a sus padres. Algo que nunca haría un perro...