Huffpost Spain
Pablo Peinado Headshot

Kafka no permite entrar a los nuevos hospitales

Publicado: Actualizado:
HOSPITAL DEL HENARES
PABLO PEINADO

Exterior día. 2 de marzo de 2014. 11:00 a.m. Recepción del Hospital del Henares. Coslada. Comunidad de Madrid.

Entro en el hospital para ver a mi madre. Ingresó hace días en urgencias por una insuficiencia cardíaca y permaneció unos días en boxes, una especie de mini habitación sin apenas espacio ni cuarto de baño. Ahora la han trasladado a planta y este es el primer día que voy a verla en su nueva ubicación. Pero como no recuerdo en qué habitación está (una de mis hermanas me dijo el número pero lo he olvidado) pregunto en recepción. Me responden que no me pueden decir el número de su habitación por una norma de Protección de datos. Pongo una reclamación que no creo que sirva de nada. No quiero ser uno de esos españoles que protestan pero que luego no dejan sus quejas por escrito.

Esto mismo me había pasado ya con anterioridad hace años, pero esta vez decido llegar hasta el final y ver qué ocurre si renuncio a llamar a mis hermanas. Sobre la marcha he decidido simular una situación verosímil: no tengo mi móvil conmigo y tampoco me sé de memoria sus teléfonos. Ellas son las que ingresaron a mi madre y las que conocen el número de su habitación. Por lo tanto, supuestamente, no tengo ninguna posibilidad de preguntar a ningún familiar por el número de habitación donde está mi madre -algo que podría ser real- y la única opción que tengo es recorrer el hospital entero en su busca, ya que la dirección del hospital, por norma, se niega a facilitar este dato a los familiares o amigos de las personas ingresadas.

Me dirijo a uno de los enormes pasillos del hospital donde a ambos lados se encuentran las habitaciones en las que están ingresados los pacientes. Pregunto amablemente a una enfermera que tiene aspecto de mandar, si me puede decir donde está alojada mi madre y le digo su nombre. Me dice la misma retahíla que me tocará escuchar una y otra vez: por protección de datos no le podemos informar. Y yo le contesto que vengo a ver a mi madre, que he me hecho unos cuantos kilómetros para realizar esta visita y que por favor me diga en qué habitación está. Ella insiste en que no puede decírmelo y yo le digo que voy a ir habitación por habitación buscándola hasta que la encuentre. Y me pongo a ello: me asomo a las habitaciones que tienen la puerta abierta o abro las puertas de las habitaciones que permancen cerradas para asomarme y ver si en alguna de ellas está mi madre. Teniendo en cuenta que en este hospital puede haber doscientas habitaciones -desconozco la cifra exacta- y que estas se encuentran repartidas en diferentes áreas y en varias plantas, la tarea se presenta complicada. A pesar de ello la enfermera no se apiada de mí y al ver que cumplo con mi amenaza me advierte de que va a avisar a seguridad y además lo hace de inmediato. Eso sí funciona bien este hospital.

Al cabo de un par de minutos aparece un guardia de seguridad del hospital. Menos mal que no era un energúmeno, no era maleducado, no era violento ni faltón... Si llega a ser alguna o estas cosas o todas a la vez hubiéramos montado un buen lío. En lugar de eso el buen señor, el buen joven, me dice tras soltarme el rollo de nuevo acerca de la protección de datos que tenemos la opción de ver a una informadora que podría llamar a un familiar -o sea a una de mis hermanas- para preguntar si dan su consentimiento para darme el número de habitación de mi madre. Todo muy retorcido ¿no? Esperamos un rato y por fin aparece una señora que hace la llamada y recibe la autorización. Mi madre está en la habitación A006. ¿No habría sido más fácil hacer esto desde el principio y desde la misma recepción? ¿No tiene derecho el familiar de un paciente a conocer el número de la habitación donde se encuentra su familiar o su amigo? A continuación le pido al vigilante que por favor me guíe a la habitación. Una vez yo en la habitación y él de regreso a su puesto, el vigilante se cruza con mi hermana quien después me comenta que el hombre le ha dicho que yo era un borde y que me he puesto agresivo con él(...) Todo porque he tratado de hacerle ver que ocultándome este dato se estaban vulnerando mis derechos...

Esto que acabo de contar no es una historia de ficción. Me pasó el domingo día 2 de marzo en el Hospital del Henares, en Coslada (Madrid). Al parecer hay una norma que atañe exclusivamente a los hospitales de nueva creación en la Comunidad de Madrid, que les impide dar el dato de en qué habitación se encuentra alojado un enfermo. Lo único que racionalmente podría justificar que no se diera este dato es que la persona hospitalizada se encuentre inmersa en una situación de maltrato o en un proceso abierto de violencia de género. Sólo en este tipo de casos entiendo que el hospital no dé el número de habitación.

2014-03-03-HospitaldelHenares3IMG_2839.JPG
Pasillo en el Hospital del Henares. Foto: PABLO PEINADO.

Esta inaudita norma no hace más seguros a los hospitales ya que uno puede entrar sin problemas en cualquiera de ellos (nadie pide ningún tipo de documentación), pasearse por sus pasillos e introducirse en las habitaciones con cualquier excusa, sin que nadie se lo impida. Esta norma de no dar los números de habitación no convierte los hospitales en lugares más seguros, ya que los robos y sustracciones continúan sucediéndose a buen ritmo porque no existe ningún tipo de control en los accesos de visitantes. Sin embargo no me cuesta imaginar una situación que podría darse en la que una madre agoniza en un hospital, un hijo intenta encontrarla y el hospital le dice que no es posible decirle dónde se encuentra su madre por "Protección de datos..." Si es una norma tan buena ¿Por qué no se aplica en todos los hospitales? ¿Por qué sólo se aplica en los nuevos hospitales de la Comunidad de Madrid? ¿Lo que es bueno para unos no lo es tanto para otros? No puedo entender esta arbitrariedad en la aplicación de las normas de funcionamiento.

Yo sólo sé que el pasado domingo me sentí víctima de una situación surrealista, una situación enormemente kafkiana: un hijo que va a visitar a su madre al hospital y que no puede verla porque el hospital tiene prohibido informar sobre la habitación en la que descansan los pacientes. La persona de recepción me comentó que al principio se pusieron muchas reclamaciones contra esta absurda norma, pero que la gente ha acabado aceptándola y ya no reclama casi nadie. Y es que un sistema autoritario y absurdo que funciona por desgaste -de los ciudadanos- acaba ganando casi siempre la partida. ¿Se puede hacer algo para cambiar las cosas? Yo con este artículo al menos lo estoy denunciando...