Pablo Peinado

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Los amigos muertos

Publicado: 15/01/2013 09:19

Perdí a uno de mis mejores amigos, resumiendo, porque encendí la televisión en su casa sin su permiso y eso le disgustó sobremanera. Nunca más volvió a hablarme y cuando me presenté ante él con unas flores para pedirle disculpas me dio con la puerta en las narices. Desde hace tiempo le llamo "el difunto" y no hay día que no le recuerde con una mezcla de afecto y de odio infinito por haberme expulsado del paraíso que representaba su amistad para mí.

Perdí a un amigo hace ya diecisiete años. Fue mi maestro y mi mentor en el mundo del arte. Hacía dibujos animados, pintaba, daba clases. Me introdujo en el universo de Picasso, de Hockney, de Bacon... Me encantaría poderle mostrar ahora el precioso grabado de Hockney que compré hace algunos años. También le fascinaría el mundo de Internet, que él no llegó a conocer, o las preciosas películas de dibujos animados digitales que se hacen ahora. Él admiraba la Cruella de Vil de Disney y los dibujos animados de vanguardia como los que él mismo diseñaba y animaba en su buhardilla de la calle Echegaray, en Madrid. Fue una de las primeras víctimas del sida.

Perdí a un amigo hace unas semanas. Nos habíamos visto hacía poco tiempo y había pensado que debíamos quedar pronto para comer, como a veces hacíamos. La muerte le llegó demasiado pronto, víctima de un cáncer, y muy sorpresivamente. No creía que fuera capaz de morirse nunca. Cómo podía desaparecer semejante fuerza de la naturaleza...

Perdí a un buen amigo hace catorce años. Tuvo problemas y empezó a beber demasiado. A veces me llamaba a las tres o las cuatro de la madrugada, borracho, diciéndome que me quería mucho y a continuación me insultaba. Yo le colgaba y a veces volvía a llamar varias veces seguidas. Nunca más volví a verle, ni a llamarle. Decidí dejar de ser amigo suyo. No soportaba su afición al alcohol, ni estaba dispuesto a perdonarle.

Perdí a una amiga hace más de diez años. Me abandonó por un marido y dos hijos. No me acompañó durante los años difíciles, los años de la falta de ilusión y de trabajo. Me llamó un día, mucho tiempo después, porque me había visto en la portada de una revista y quería volver a ser mi amiga. Le dije que me olvidara, que había pasado mucho tiempo y no quedaba nada en mí para ella. Hablaba y hablaba sin parar tratando de convencerme. Colgué el teléfono. Nunca más volvimos a vernos.

La amistad es un bien precioso en el que a medida que envejecemos vamos dejando de creer. Perdemos la confianza de la juventud, la inocencia que nos hace creer a ciegas en los amigos. La traición, la muerte o el olvido van ganando espacio en detrimento de la magia que se crea entre dos personas que confían el uno en el otro, casi ciegamente, con una fe inquebrantable. La complicidad altruista va dejando paso al interés compartido, al provecho mutuo y todo se va convirtiendo más o menos en negocio... como si la vida fuera una empresa y los amigos fuesen personas que nos ayudan a ganar más dinero y cuando no pueden ayudarnos los abandonamos o nos abandonan. Se diría que es la vida la que nos separa pero somos nosotros, únicamente nosotros, los que nos separamos y nos gastamos, los que nos abandonamos y nos traicionamos.

A veces me parece ver en cualquier lugar, en cualquier calle, a alguno de mis amigos muertos. Cuando veo a alguien robusto y de cabeza grande creo que voy a poder volver a encontrarme con mi querido Pablo, que acaba de morir. Cuando veo a un hombre alto y delgado, de rostro larguirucho me parece reconocer a mi ya casi olvidado José Félix, con una carpeta de dibujos bajo el brazo y cuando coincido en algún lugar con un hombre bajito, pero bien formado y ágil en sus movimientos de persona de pueblo, me acuerdo de Teo, el no muerto, el amigo al que ahora llamo "el difunto" pero que realmente sólo está muerto en mi corazón. Y sobre todo yo en el suyo...

 
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20:29 de 21/01/2013
He encontrado tu articulo buscando en internet "mis amigos muertos". Quiero decir que yo también siento y padezco de haber perdido amigos, tanto por ley de vida como por avatares de los años que se me van acumulando. Comparto contigo la pérdida de confianza, de la ingenuidad, de la camararería y de la buena fe de la gente, pero lo que mas me duele es perder una amistad por la dejadez o el dejar de compartir tiempos y sueños. Soy de los que creen que el camino de la amistad es de doble dirección y quien no lo transita hacia la casa del amigo, abandona la amistad. Y a pesar de todo creo que hay que arriesgar en conocer a otras nuevas personas, porque abrirte a los demás siempre es un riesgo, pero ¿hay otra forma?
En resumen me ha gustado tu articulo porque comparto bastante la idea. Así que ¡Brindemos por los amigos muertos! ¡Salud!
21:33 de 16/01/2013
Me ha gustado su artículo.

Conoce usted la leyenda del hilo rojo?

http://es.wikipedia.org/wiki/Hilo_rojo
00:36 de 16/01/2013
Curiosísimo!!! Me ha gustado mucho!!!

Yo también mato / a mi también se me han muerto varias personas y sí, cuando encuentras a personas parecidas me entran unos escalofríos internos que me hacen recordar por qué los maté/ por qué se murieron y no por qué fuimos amigxs antes...
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Pablo Peinado
11:42 de 16/01/2013
Lo único bueno que tiene perder amigos es que dejan huecos para nuevas amistades. No me gusta perder a mis amigos, pero si pierdo a algunos creo que lo mejor es hacer nuevos amigos, siempre aportarán cosas nuevas y frescas a tu vida...
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Pablo Peinado
10:10 de 17/01/2013
Sí, la conozco, pero yo voy un poco más allá de esa leyenda. Cuando voy por la calle nadie me es indiferente. Creo que todos tenemos un vínculo, algo común que nos une y que se llama humanidad. Nos olvidamos a menudo de ella, sobre todo en las ciudades, donde miramos a los demás con absoluta indiferencia como si no tuviéramos nada en común. Sin embargo algo mágico se produjo -desgraciadamente- tras los atentados del 11M, en Madrid, la ciudad en la que vivo. Durante unos días todos nos mirábamos a los ojos de una forma diferente, al habernos hecho conscientes de que todos vamos en un mismo barco, realizando un mismo viaje en la misma ciudad y que cualquiera de nosotros podría haber sido una víctima. Fue algo curioso como algo tan terrible como aquellos atentados humanizó una ciudad que suele estar, como casi todas las ciudades, bastante deshumanizada. Pero además desde hace unos meses tengo un perro -mi primer perro- y tengo las mismas sensaciones con él, de conexión, de ternura, de emocionalidad... así es que no somos solo los seres humanos los que tenemos esta conexión entre nosotros, sino que también somos capaces de establecerla con otros animales. Todo esto para decirte que sí, que todos estamos de algún modo interconectados, como habitantes que somos de un mismo planeta y como seres vivos que somos, con fecha de caducidad incluida...
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22:42 de 15/01/2013
Ay Pablo, me deja usted helada. Por supuesto q. la amistad traicionada, o negada e incluso
tomada como comodín nos aflige y nos deja desolados... pero por favor no dé como muertos
a sus antiguos amigos, por grande q. sea la ofensa. Mi madre al igual q. usted tiene esta
manía (familiares incluidos!!!) solo q. con mayor dramatismo: Le he puesto un ciprés!!!
Tarde o temprano sé q. me preguntará por la persona en cuestión, como quien no quiere
la cosa... por cierto he oído q. "Tal" hace, o dice, o le ha pasado...
Y además, q. demonios, si quien le hirió sigue en este mundo a todos los efectos puede
q. la catástrofe se arregle o q. tenga algún día el placer de mostrarle quien es más
elegante. (También mandarlo al cuerno, resulta muy satisfactorio).

Vaya, ahora q. releo mi comentario, menudo sermón!
Un abrazo.
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Pablo Peinado
11:40 de 16/01/2013
Doy por muerte al que llamo "el difunto" porque le he llamado veinte veces y todas me cuelga. Crees que debo seguir insistiendo o que es mejor olvidarle y darle por muerto. Yo sinceramente pienso que es mejor esta última opción... es el que se enfadó porque puse la tele en su casa...
21:00 de 15/01/2013
Es excelente tu artículo, enhorabuena. ADemás, lo leo en un momento de descreimiento casi total hacia la amistad. Me he pasado la mitad de mi vida cambiando de residencia y eso ha puesto ha prueba muchísimas amistades mías.

En algunas, he decidido ser yo la "asesina"
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Pablo Peinado
21:37 de 15/01/2013
Como comento en mi artículo con los años nos va costando más mantener a los amigos y no digamos ya hacer nuevas amistades. Pero como concepto creo que es bueno creer en la amistad -en abstracto- y que esta puede encarnarse en unas cuantas personas con las que compartir nuestra vida, lo bueno y lo malo, como ocurre con las parejas, pero sin sexo -o casi- así es que yo te animo a creer en la amistad, porque existir existe, otra cosa es que sea fácil tenerla. Desde luego creo que como las hortalizar primero hay que abonar y plantar y de ese modo algún día puedes recoger los frutos. La amistad exige desprendimiento, bondar y generosidad, sino tan sólo se trata de un mero intercambio...
13:13 de 15/01/2013
Siempre he sido un descreído del término amigo, como sustantivo. No porque no crea en la amistad, que sí creo, pero en la amistad como un valor relativo, como algo vital, que es capaz de brotar, de mantenerse y de morir. Como entiendo la vida.
El hombre del siglo 20 y 21 se parte, se maquilla, aspira a la perfección y mantiene a menudo la ilusión de la eterna juventud. Tiene miedo de conocer y de conocerse. No es que cuide las relaciones, sino que oculta su cotidianeidad, su indispensable vulgaridad, para preservar aquello que fácil alcanzó y sublimó.
Hay algunas amistades que brotan fuertes, desde la juventud, que necesariamente es más inocente, pero que no resisten. Y es que la amistad pasa por el conocimiento del propio y del ajeno.
Para mí la amistad se hace más intensa, cuando se comparten vivencias, defectos, manías, devociones, juergas, problemas,..y entonces nos soltamos y no necesitamos del sustantivo.
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Pablo Peinado
21:41 de 15/01/2013
Efectivamente la amistad tiene que pasar algunas pruebas. La amistad de entrada -como el enamoramiento inicial- es perfecta, pero irreal. La amistad real es la que dura años y logra pasar la prueba del tiempo con sus desengaños, sus traiciones, sus errores... la amistad, nuestra amistad es tan imperfecta como nosotros, pero se trata de que sea real y por lo tanto viva. Imperfecta pero fuerte y que sea capaz de superar los malos momentos. Amistad no es sólo estar para las copas y las risas, sino estar ahí cuando las cosas vienen mal dadas. Porque la vida no es una fiesta o al menos no lo es todo el tiempo. La vida es larga y da para mucho y lo bueno es estar ahí pase lo que pase. En eso radica la auténtica amistad.
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12:13 de 15/01/2013
Le escribiré con más detenimiento. No es que no disponga de tiempo. El asunto es que después de leer su escrito me he sentido algo angustiado. De una manera violenta en mi sensorio ha surgido una pregunta ¿Tengo amigos o creo tenerlos? La pregunta no me la hago pensando en la amistad que me prodigan los amigos. El problema estriba en el surgimiento en mi hondón de la pregunta ¿qué es la amistad de verdad? ¿Soy de verdad amigo?
Saludos
16:14 de 15/01/2013
En verdad nunca lo sabemos pero fijese que ni siquiera las personas casadas 30 o 40 años saben exactamente hasta cuando aguantara su conyuge , cada vez veo mas mujeres mayores que abandonan maridos mas ancianos , otros siguen por los hijos .
Incluso no nos conocemos del todo a nosotros mismos.
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Pablo Peinado
21:47 de 15/01/2013
Si quieres y eres querido. Si te preocupan unas pocas personas -tus amigos- y ellos se preocupan por ti. Si tienes a alguien a quien recurrir cuando tienes problemas o también (porqué no) para pasarlo bien. Si siguen estando a tu lado en los malos momentos, no sólo para ir de fiesta o cuando te acaba de tocar la lotería. No tienen porqué ser muchos. Generalmente los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una sola mano. Con cinco es más que suficiente. Si tienes más será estupendo, pero amigos de verdad uno no puede tener muchos... el siguiente peldaño sería el de los conocidos, pero echo de menos un concepto entre amigo y conocido, ya que la distancia entre uno y otro es excesiva. Amigos de verdad tengo pocos, pero casi amigos tengo muchos ¿cómo podríamos llamar a este grupo?
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13:43 de 17/01/2013
Durante un estadio de mi vida la relación de amistad era hermosa, sólida. Desde compartir todo con los amigos, sin reservas, hasta la kropotkiana "Ayuda mutua". Había tanto viento claro entre los amigos que podríamos haber creado una familia. Nuestra relación era casi etológica.
La madurez ¡maldita madurez de pacotilla! las influencias sociales, familiares, carreras...etc. dieron al traste con unas relaciones de amistad impolutas y hermosas que hoy recuerdo con amor.
Luego, viví tan deprisa que se bloquearon los motores y casi termino entrando en pérdida. Suicidios, muertes, la mala ginebra quebranta hígados, LSD y frenopáticos. Aquellos fueron otra “especie de amigos” pero amigos al fin y al cabo.
Creo que el amigo surge en estilos de vida fuera de lo ordinario o cuando acontece algo infrecuente. Bebedores, trabajos al límite, artistas…etc. Ahí, sí encontré de nuevo el amigo: Volando en Centroáfrica en condiciones de cierto peligro surgieron uniones, afectos, familiaridad...etc. La preocupación entre la tripulación une, une para siempre. Puedes emborracharte, pedir dinero, darlo, abrazar, besar, correr juergas, su familia es también tuya…etc. Perdura en calidad y cantidad, cuando te reencuentras con ellos.
Hoy, tengo conocidos, no diría que amigos. Tengo compañeros de profesión, aficiones…bueno, lo típico de la vida burguesa. Pero sí leo en sus rostros, supongo que ellos en el mío también, la silenciosa soledad que duele.
10:42 de 15/01/2013
Muy buen artículo. Yo también he perdido amigos y familiares ...
13:37 de 15/01/2013
Curiosamente esta mañana me han venido al recuerdo esos amigos muertos, extraña coincidencia con este magnífico artículo. A mis 62 años ya puedo contar unos cuantos, algunos de ellos muertos fisicamente y otros muertos por la traición, el egoismo, la vanidad o simplemente por el desinterés por la vida del otro. Viví la juventud de los años 70, una juventud tal vez como otras, pero siendo la mía la recuerdo apasionada y libre. Algunas veces sonó el teléfono con la muerte del otro. Tocó a la puerta de alguno de los que más quería, de los que tuvieron menos suerte queriendo vivir como todos hasta la extenuación. Otras veces esa muerte no fue física, pero se llevó a aquellos en los que habitaba algo oscuro que yo no supe ver.
Mirando hacia atrás el panorama se reparte de un modo desigual. Hay algunas muertes físicas, tremendamente dolorosas, en la juventud. Otros cuantos muertos en vida en etapas de madurez y finalmente un camposanto en el que sólo se escucha el rumor del viento, tranquilo, un poco triste sí, pero tranquilo.
Sin embargo me queda una duda, ¿siempre he sido yo la víctima o fuí también en algunos casos el asesino?.
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Pablo Peinado
21:53 de 15/01/2013
Todos tenemos la capacidad de ser víctimas y de ser asesinos. A veces un amigo nos da motivos más que suficientes para ser "asesinado" y convertirse de ese modo en un ex amigo. Otras veces quizás seamos nosotros -aunque sin ser conscientes- los que demos motivos para que nos eliminen. Uno nunca -o casi nunca- piensa que hace mal las cosas, pero somos humanos, cometemos errores y nos equivocamos. Sólo hay que aprender a convivir con nuestros errores y eso sí procurar no perder a los buenos amigos, a los amigos que nos quieren de verdad. No hay tantos y no se encuentran fácilmente así es que es importante conservar a los buenos y en cambio dejar que los malos se alejen para siempre y que de ese modo nos dejen dormir en paz... pese a lo que te digo yo he perdido a algunos imporantes. No he sabido conservarlos y he pagado un alto precio por ello, pero finalmente la vida sigue y no hay otra opción que seguir adelante. Me siento como un viudo y en algún caso el luto me dura ya años. Hay pérdidas difíciles de asumir. Quizás el artículo fue una forma de exhorcizar la pérdida...