Pablo Peinado

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Los marcianos éramos nosotros

Publicado: 12/08/2012 06:50

Marte está de moda una vez más. Quizás nunca se pasó de moda y sólo ha sido un problema económico este vacío de información que hemos tenido respecto al planeta rojo durante el tiempo en que las diversas crisis nos han impedido acercarnos a él. Marte formará para siempre parte de nuestras fantasías y de nuestros mitos, en gran medida gracias al cine, por encima de la ciencia.

Yo, de pequeño, me sentía un "marciano" en una sociedad que pensaba que no me entendía, ni me aceptaba, ni me quería. Era un niño gay y creía que venía de Marte. No podía ser hijo de dos padres tan normales -dos campesinos manchegos- y tan ignorantes de los temas del universo o de la literatura. Yo que lo sabía todo sobre los cuentos de hadas, que leía libros complicados y que experimentaba también "complejos" sentimientos hacia algunos de mis compañeros de clase.

En numerosas ocasiones cuando un medio de comunicación me pide que explique cómo nos sentimos los gays, las lesbianas o los transexuales en esta sociedad en la que nos ha tocado vivir, la respuesta más obvia que me surge es que vivimos aquí como si fuésemos marcianos, porque durante siglos nos hemos visto obligados a ocultarnos y nuestros sentimientos y deseos más obvios y carnales han sido vistos siempre con extrañeza por mucha gente que nos mira como si fuésemos personas llegadas de otro planeta. Del planeta H supongo. Quizás está aún por rodarse una película en la que los extraterrestres -aparte de merendarse o no a los terrícolas- tengan relaciones sexuales con los y las terrestres independientemente de su sexo revelándose todos ellos, como mínimo, bisexuales o directamente unos pedazos de maricas y bolleras, cuyos modelos los marcianos habrían copiado tras algunas abducciones realizadas previamente en el barrio de Chueca, que es donde el catálogo de prototipos da más de sí y donde es posible encontrar una infinita variedad de chicos y chicas de lo más ad hoc.

Pero volviendo a la cruda realidad, no a la crisis que eso da para varios libros, de un planeta que parece más muerto y disecado que Tutankamón -y que conste que no me estoy refiriendo a la tierra- creo que esta exploración no nos va a dar muchas alegrías, parece que no hay mucho que ver en ese planeta abandonado a su suerte en el infinito del espacio tiempo. Un planeta rojo que hace tiempo descubrimos que no era en absoluto un reservorio del comunismo internacional, aunque ambos tienen en común lo muertos que están, que eso sí que relaciona los términos Marte y comunismo, aunque tal y como se están poniendo las cosas sociales últimamente no dudamos que en cualquier momento el comunismo volverá a ponerse de moda con algunas variantes, como ocurre con las tendencias en moda que vuelven una y otra vez pero con distintos añadidos y complementos, sean unos volantes por aquí, unas hombreras por allá o unas patas de elefante por las zonas más bajas. No hay más que ver a Juan Manuel Sánchez Gordillo, diputado de IU en el Parlamento de Andalucía, que no es un trampantojo, sino una realidad humana que asalta supermercados para dar de comer al hambriento. Sánchez Gordillo es un síntoma y a la vez es como Marte que aparece y desaparece, pero siempre sorprendiéndonos con esos métodos inspirados en un libro que debió leerse varias veces durante su dura infancia: Robin Hood.

Me temo que no vamos a encontrar ningún atisbo de marcianismo útil en la superficie del planeta y tendremos que seguir fantaseando por nuestra cuenta y usando el término "marciano" para designar a lo diferente o lo raro. O sea que desgraciadamente, y seguramente por mucho tiempo, nos seguiremos sintiendo identificados con unos extraterrestres que no existen y que quizás no existieron nunca, más allá de nosotros mismos, que ni somos verdes, ni venimos de otro planeta, ni nos comemos a nadie por mucha hambre que sintamos.

 
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