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La guerra de Daesh por la tierra y el agua

20/04/2016 07:19 CEST | Actualizado 20/04/2016 07:19 CEST

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Foto del río Éufrates en la zona de Raqqa. Reuters/Nour Fourat

Las guerras que vienen ya no serán por el oro o el petróleo, sino por recursos mcho más básicos. Especialmente en Oriente Medio.

Los depósitos naturales de petróleo y gas siguen creando tensión entre los muchos grupos que combaten actualmente en Siria, Turquía e Irak, pero el control sobre el agua y la tierra cultivable está ganando importancia.

El Estado Islámico (Daesh) se dio cuenta hace mucho, y estableció su califato a lo largo de los dos grandes ríos de Mesopotamia.

Su máxima prioridad es mantener el control de más de 1.000 kilómetros del Eufrates, desde Jarablus, en la frontera sirio-turca, hasta Ramadi, en el centro de Irak, así como en porciones del Tigris. El régimen sirio perdió Raqqa y Der ez-Zor hace mucho tiempo, y Tikrit, a orillas del Tigris, sólo fue recuperada tras una campaña de cinco meses con fuertes pérdidas en el lado de los atacantes.

El agua se ha convertido en una importante fuente de energía (y poder político) en las últimas décadas. En 2013, Egipto casi declaró la guerra a Etiopía por la construcción de una presa en el Nilo que amenazaba la seguridad del agua de Egipto. El control sobre las fuentes de Eufrates y el Tigris es una importante fuente de conflicto entre Turquía y Siria, así como con los kurdos que habitan en esta zona.

Son prescisamente los kurdos, en alianza con los árabes, asirios y otras minorías de la región, quienes protagonizan la resistencia contra Daesh. Sus fuerzas armadas, YPG y QSD, no sólo han roto el cerco yihadista en Kobanê, también expulsado a Daesh y Al-Nusra de la mayor parte del norte de Siria,empujándolos hacia el sur hasta las afueras de Der ez-Zor y Raqqa.

El territorio que controlan, entre el Eufrates y el Tigris, es conocido como Rojava. Los otros lados de los ríos están en manos de Daesh y Turquía, respectivamente, ambas fuerzas hostiles a Rojava.

El régimen turco ha cortado muchas de las corrientes que se extienden desde las montañas kurdas hacia la cuenca mesopotámica, lo que limita seriamente el abastecimiento de agua de Rojava y amenaza el delicado equilibrio ecológico de toda la zona.

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Dos tercios de los trigales en Rojava están abandonados por falta de abono

El Khabur, el tercer río más grande de Rojava, está totalmente seco y en algunos barrios de Qamishlo, la ciudad más poblada de Rojava, hay cortes de agua que duran días. Mientras, en el sur la desertificación avanza, y los científicos prevén una sequía histórica en Medio Oriente.

Rojava, con su promesa de libertad cultural y política, se ha convertido en un refugio seguro para cientos de miles de refugiados, pero la inseguridad económica está impulsando a la gente a intentar el peligroso viaje a Europa.

La tierra de Rojava es muy fértil, y produce más que suficiente para alimentar a sus cuatro millones de habitantes, pero los grandes monocultivos de trigo que componen más del noventa por ciento de la agricultura dependen en gran medida de los fertilizantes químicos. Debido al embargo impuesto por Turquía, menos del diez por ciento de la cantidad necesaria de fertilizante cruzó con la frontera este año. Los agricultores de Rojava sólo podrán cosechar un tercio de la cosecha habitual.

Más allá de la guerra, Rojava está en medio de una revolución social basada en la democracia, la libertad de las mujeres y la ecología.

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Silos de trigo muriéndose de asco

El enfoque ecológico es ahora indispensable para el desarrollo de la economía de Rojava. Al tomar la presa Tishreen en el Éufrates Rojava ha dado un paso importante contra la dependencia de los combustibles fósiles y las peligrosas refinerías caseras. Pero el único futuro seguro para el agua, la energía y la agricultura de Rojava radica en la descentralización.

Hay que producir abono natural a partir de los residuos orgánicos. Hay que potenciar la energía solar. El Tigris y el Eufrates deben suministrar a Rojava el agua necesaria.

Rojava, con su promesa de libertad cultural y política, se ha convertido en un refugio seguro para cientos de miles de refugiados, pero la inseguridad económica está impulsando a la gente a intentar el peligroso viaje a Europa. Si Rojava tuviera suficiente agua y comida, nadie estaría obligado a irse, y la gente podría volver a su tierra natal.

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Un silo que sí está en uso. La pintada dice "¡Yo no me voy! La esperanza está en Rojava".

Daesh está llevando su guerra a Europa, como muestran los ataques en París y Bruselas. Irak y los ejércitos de Siria tienden a perder contra los yihadistas, y el grupo terrorista mantiene una sólida red de agentes en toda Turquía. Rojava es literalmente la única fuerza democrática que se interpone entre el califato y Europa. Si los europeos quieren detener a Daesh necesitan apoyar a Rojava.

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