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La verdad sobre los refugiados

17/11/2015 07:03 CET | Actualizado 17/11/2016 11:12 CET
PABLO PRIETO

Un amigo kurdo me cuenta que, antes de la guerra, su mejor amigo se unió a Daesh, el Estado Islámico, y se fue a Alemania a estudiar ingeniería. Su plan es volver a Siria y poner lo aprendido a disposición de los terroristas islámicos.

Desde que vivo en Rojava, mi opinión sobre la llamada "crisis de los refugiados" ha cambiado drásticamente. Por supuesto, sigo pensando que todas las fronteras deberían abrirse, pero hay que ver todos los ángulos del rompecabezas.

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La hipocresía. Queremos dejar entrar a todo el mundo, pero ¿cuál es el plan? Una vez dentro, se acabó la solidaridad. No podemos ofrecerles libertad cuando nosotros mismos no la tenemos.

Lejos de su familia y atrapados en un mundo individualista, materialista y superficial, centrado en el consumo, les espera una vida miserable, seguramente peor que la que tenían en su país. Básicamente están destinados a ser nuestros esclavos. A lo mejor, en el fondo, es lo que queremos.

Mientras en Europa tenemos compañías de seguros y seguridad social, en Oriente Medio han optado por la interdependencia para garantizar su seguridad y salud. La comunidad juega un papel importante en las vidas de la gente, y en los pueblos, los ancianos se reúnen para resolver los conflictos.

Este sistema encaja con un estilo de vida con muy poca burocracia, precios bajos y familias con entre siete y 15 hijos. Cuando estas familias vienen a Europa, esperan seguir contando con estas redes familiares de apoyo, además de las ayudas estatales.

Lo que ocurre en realidad es que las ponen en campos de refugiados con muy malas condiciones de vida, o bien les dan un apartamento y un salario mínimo que tienen que mantener a base de trabajo duro y mucho papeleo incomprensible.

En ambos casos, están encadenados al sistema. Si desobedecen las leyes estatales, son marginados y no tienen a nadie que les ayude. El Estado, tras una máscara de generosidad socialista, sólo busca trabajadores baratos y obedientes. A la primera cagada, son cómodamente expulsados.

Sólo una pequeña porción de los refugiados vienen de auténticas zonas en guerra. Quienes huyen de la guerra suelen quedarse en Turquía para poder volver a sus casas en cuanto tengan oportunidad.

La mayoría vienen de zonas de Siria en las que sus vidas no corren serio peligro, atraídos por la propaganda capitalista. Quieren aprovechar este raro momento en el que las fronteras están abiertas. La guerra es una excusa: lo que buscan es seguir viviendo su cultura, pero con el nivel de vida que les han vendido los medios durante décadas.

Millones de personas dejan Rojava en busca del sueño europeo

Las calles de Rojava están mucho más vacías que hace un año, y la salida de jóvenes es un serio problema social. La falta de esperanza y de oportunidades llevan a la gente a huir, en vez de construir.

Tenemos que entender que, desde que nacen, son bombardeados con el mensaje de que su sociedad es una mierda y la sociedad occidental es el paraíso.

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La mayoría ansía ir a Europa, pero no tienen ni idea de lo que van a hacer allí. Dicen que van a runishtin: estar sentados y descansar. Salvo unos pocos que quieren estudiar, no tienen ninguna ambición, ni ganas de aportar nada a la sociedad en la que van a vivir.

No saben que en Europa no podrán disfrutar la vida fácil y relajada que gozan aquí. No saben que allí la gente no tiene tiempo de sonreír o saludar. Creen que van a vivir la vida de ensueño que ven en las películas. Quieren el último iPhone y un buen coche. Están arriesgando sus vidas por un espejismo, una gran mentira.

Mientras, por cada nuevo lote de inmigrantes que llega a Europa nace un nuevo nazi y se agita el odio sectario.

La revolución secreta de Siria

Los auténticos refugiados que huyen del peligro son bienvenidos en Rojava, donde estarán a salvo. De hecho, hay muchos que están viniendo. Pero, ¿quién habla de eso?

La gente consciente no se va a Europa, se queda y lucha por sus derechos. Muchos extranjeros incluso hacen el viaje contrario, como yo. Venir a Rojava no es algo heroico ni excepcional, sino un acto básico de dignidad.

Mientras en Siria hay una guerra, en Rojava hay una revolución completa capaz de plantar cara al régimen capitalista. Pero, ¿quién habla de eso?

Mientras, el Gobierno europeo apoya a estados terroristas como Turquía. Se declara contrario a la neutralidad de internet y apoya el TTIP, a Monsanto, al FMI. Rescata a los bancos mientras echa a las familias de sus casas. No le importan un carajo los derechos humanos, excepto el derecho a la propiedad privada.

Europa se está convirtiendo en un enemigo de la democracia.

Lo intentamos, y perdimos. Seamos sinceros: la probabilidad de que haya una revolución social en Europa (o en EEUU) a corto plazo es cercana a cero. Pero en Rojava ya la están haciendo.

Esta es la democracia real. Por eso hay grupos, como Rojava Plan, diciéndole a la gente que venga a Rojava y que hable sobre Rojava. "Quizá, más adelante", puede que sea demasiado tarde.

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