Alabo la gestión mediática de crisis que el Ministerio del Interior ha montado a costa de lo que parece ser un error inexcusable de la policía científica. Sobre todo porque ha soltado al ruedo de los medios más canallas al jefe de la investigación policial quien, amparado por el hecho de que él se encarga de perseguir a los malos y no de ponerse tras un microscopio, no contesta a la pregunta que todos nos hacemos.
Y la patóloga, ¿qué explicación científica da a su más que imperativa, mayestática conclusión de que los restos eran de rata? Silencio sepulcral en lo que es el nudo gordiano del problema. ¿Cuántas veces los abogados hemos asistido a clientes sin medios, ni económicos ni de comunicación adosados, que no han podido defenderse de resultados tan categóricos como el que nos ocupa, ratificados entre la indolencia y la chulería por el perito de la policía mediante videoconferencia? ¿Cuántas veces hemos intentado que informen de su metodología, de los procedimientos empleados, de la técnica aplicada y cuántas veces nos han contestado con el consabido "Sr. Letrado, todo está en mi informe y ya me he ratificado en él"?
No suele ayudar en estos casos que el juicio sea del montón y que al juez no le apetezca permitir una línea de interrogatorio cuando ya ha decidido que lo que vale es lo dicho por el perito de alguna de las instituciones públicas del ramo o de la propia policía judicial.
Tampoco ayuda que en este país pueda ser perito cualquiera. Se apoyan en asociaciones o colegios profesionales o en formaciones técnicas o de postgrado, o en lo que dice el propio perito de sí mismo. Por ejemplo, sólo de manera reciente se vienen dando títulos técnicos en universidades privadas en, por ejemplo, grafología, y todos los días desde hace décadas se vienen haciendo periciales grafológicas y se toman decisiones judiciales basadas en sus resultados. Antes de que el cuerpo de grafólogos se me eche encima para sepultarme entre datos científicos acreditativos de su pericia, quede claro mi respeto a su labor a la que acudo cuando es necesario con excelentes resultados. Pero ello no obsta para que haya buenos y malos peritos de todo tipo, como en todo, pero en este caso sin que se haya establecido qué capacitación, formación continua y control profesional o certificación por terceros hayan de pasar. En muchos casos solo hay que apuntarse a una lista.
Así las cosas no es de extrañar que si no tienes como perito de parte a un premio Nobel o a un científico de renombre universal, en los pleitos penales el peso de la pericial pública sea, casi siempre, abrumador. Todo un panorama dado que, a la vista está, dictan sentencias categóricas pero se equivocan como todo el mundo sin que sepamos, y ahí es lo grave, cuándo ni por qué.
Mientras el comisario nos entretiene para alejarnos de esta cuestión y, de paso, del rescate y las arritmias de la prima de riesgo, nadie plantea lo evidente: que necesitamos una ley de pruebas, unos procesos y procedimientos normalizados y generalmente aceptados, públicos y sujetos a escrutinio, que los laboratorios sean realmente independientes, que las defensas o las acusaciones particulares puedan designar un perito que esté presente en la realización de los análisis, que los peritos estén acreditados, tanto los públicos como privados, por organismos independientes y que lo de la cadena de custodia no sea una filfa.
Veo que la autora es abogada y parece que ejerce y tiene cierta experiencia con los informes periciales que se presentan en los juicios. Lo que me extraña es que no indique que un informe pericial está sujeto a interpretaciones, y que los peritos lo interpretan de acuerdo con lo que sus conocimientos les indican; y que un informe pericial puede llegar a tener tantas interpretaciones como peritos lo interpreten en casos complejos como el caso de esos huesos (¿cuántas interpretaciones se le dieron a las pruebas periciales del 11-M?
Un perito de parte es contratado por la acusación o por la defensa para que interprete los datos, siempre que quepa una interpretación científicamente válida, que más beneficien a esa parte. Dar más peso a un informe de parte que a un informe neutro (la neutralidad del funcionario es la que le da más peso a los informes de laboratorios públicos) sí acabaría completamente con la justicia, y acentuaría aun más eso que la autora tanto critica: quien tuviese recursos contrataría a un equipo de peritos y quien no los tuviese contrataría al perito más barato. ¿Y cuál sería el resultado? No parece que haga falta ser muy listo ni haber estudiado Derecho para saberlo.
Por cierto me encanta la pelicula del mismo nombre que el titulo del articulo.
De la perito forense?
Por qué, apartaron a los forenses andaluces?
Por qué siempre es la misma sra. la que ha llevado varios de los últimos casos?
No hay más peritos forenses en España?
Deberían opinar varios peritos, porque se puede tener un error, pero viendo los anteriores casos, son muchos errores!
Es vergonzoso que no dijerán, analicemos estos restos a ver de que pueden ser por muy extraño que sean y así sabemos si son o no de rata o de los niños; habría acabado así hace ya 10 meses el sufrimiento de la familia y este tipo estaría ya juzgado y sentenciado.
Entonces, parece que el propio gobierno y no el responsable policial, se ha apresurado a obtener una nueva verificación, a la vista del posible craso error del primer informe.
Valen unos dias o un més, para aguantar las tesis del primer informe. Pero si la policía, como entiendo, tenía buen olfato desde el primer momento, ¿Por qué se ha dejado seducir tanto tiempo por lo que dictamina una sola persona?.
Me da miedo pensar que existan INOCENTES en nuestras cárceles, por un único informe pericial, que pudiera estar equivocado. Solo los pudientes tienen acceso a una buena defensa, con peritos externos muy costosos. Hablo solo de los casos en que no existan pruebas concluyentes de otra naturaleza y dependan solo de un informe científico (Dª Dolores Ruiz, caso Rocio Wannikof).
¿Se trata de las consecuencias de la POLÍTICA DE RECORTES de este gobierno?