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Celebrando la libertad

08/06/2013 10:11 CEST | Actualizado 07/08/2013 11:12 CEST

Desde que la actuación policial se replegó, los manifestantes lejos de dispersarse, han seguido reuniéndose cada día en la plaza Gündoğudu del centro de Izmir. Sin embargo, el ambiente de tensión vivido en días anteriores ha dado paso a un ambiente completamente festivo. Más que una protesta contra el Gobierno, en muchos momentos parecía ser una celebración futbolística por una victoria del equipo nacional. Cláxones de coches, banderas, música, cantos y pancartas llenas de sátira han sido la nota general en las inmediaciones de la plaza durante estas noches. El buen talante de los manifestantes, así como su humor, ha llamado la atención hasta de los propios turcos. Una de las pancartas más originales decía "Erdogan connecting people", haciendo referencia a la conocida publicidad de una compañía telefónica. Y es que en realidad así ha sido. Cada vez que el presidente del Gobierno ha hecho una declaración en contra de los participantes en las protestas, la gente se ha echado literalmente a la calle. La última broma, que ha dado lugar a fotos, vídeos musicales y caricaturas, la ha provocado el mismo Erdogan al llamar a los manifestantes "Çapulcu" (saqueador). Desde entonces son muchos los que han usado este término para autodenominarse. En wikipedia hay ya una entrada con este concepto en turco y otra en inglés con su neologismo "chapulling", y se ha versionado una famosa canción cuyo vídeo, ya circula por las redes: "Everyday I'm Çapuling".

Otro de los talentos de los turcos, el comercio, ha encontrado también lugar en las protestas. Tanto en tiendas como en los puestos de los vendedores ambulantes, en muchas zonas de la ciudad la gente ha podido comprar banderas turcas, pitos, chapas, y otros artículos estampados con la bandera nacional. Otra cosa muy vista por las calles ha sido la máscara de Anonymus, que como muchos saben es un seudónimo que se convirtió en 2008 en un símbolo, utilizado mundialmente por diferentes grupos e individuos en acciones de protesta a favor de la libertad de expresión, y la independencia de Internet. La presencia de este símbolo ha adquirido todavía más significado al conocerse la noticia sobre las cerca de 25 detenciones por "incitar" a las protestas llevadas a cabo en Izmir.

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Vendedor ambulante de banderas, camisetas y otros símbolos. Foto: PFA.

Estos días las calles de Izmir se han llenado de simbología. Mientras durante el día los manifestantes entonaban la melodía Bella Ciao, canción popular utilizada por los partisanos italianos que luchaban contra el fascismo, durante la noche decenas de Dilek balonu (globo de los deseos en turco), unos globos aerostáticos en miniatura, llenaban de luz en cielo de Izmir.

El jueves se esperaba con gran expectación la llegada del presidente del Gobierno turco al país. Son muchos los que tienen sus esperanzas puestas, aunque con ciertas reservas, en que Erdogan, que sin duda ha acaparado todo el protagonismo en este pulso con los manifestantes, abandone su habitual tono despótico y escuche a los que llevan ya más de una semana clamando por sus libertades y derechos.

Los turcos no han estado solos

Desde que las protestas empezaron a coger fuerza, las redes sociales, las bestias negras del presidente de Turquía, se llenaron de mensajes de ciudadanos turcos que en varios idiomas pedían a sus amigos extranjeros que contasen lo que estaba pasando. Pero en realidad no fue necesario. Muchos extranjeros residentes en Turquía estaban ya compartiendo artículos de diferentes medios internacionales y mandando mensajes de apoyo al pueblo turco. Pero no sólo al pueblo en abstracto, sino a sus amigos, a sus compañeros de trabajo, a sus alumnos, a sus vecinos, al señor que les sirve el çay (té) cada mañana, a todos aquellos con los que comparten su día a día. En estos días los turcos se han ganado el respeto de muchos de los extranjeros que viven en su país. Los foráneos, a menudo críticos con las costumbres o la manera de pensar de sus anfitriones, se han vistos positivamente sorprendidos por el curso de los acontecimientos.

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Muro con carteles de protesta. Foto: PFA.

No era rara la conversación entre extranjeros, sobre política turca, en la que no saliese a relucir la excesiva pasividad de los ciudadanos. Incluso producía cierta gracia a muchos europeos, acostumbrados a grandes movilizaciones reivindicativas, el ver pequeñas concentraciones en las que participaban menos de 50 personas, vigiladas de cerca por más policías que manifestantes. Sin embargo, hasta los más críticos no han dudado en unirse a las concentraciones y sacar las cacerolas a la calle cada noche a las 9.

Los teníamos por conformistas, por superficiales, tal vez. Tenían lo que se merecían por quejarse y no hacer nada, pensábamos. Hasta hacía unos días los habíamos oído comentar la nueva ley del alcohol con cierta ironía, pero sin pizca de indignación. Y entonces llegaron y se levantaron. Se unieron y hasta los jóvenes de clase alta de las universidades privadas, preocupados habitualmente por los móviles caros y la ropa de marca, cambiaron los centros comerciales por la calle y las protestas. No fueron un puñado de progres, ni un grupo de saqueadores, como los definió el presidente Erdogan, la mayoría era gente de clase media con una situación personal cómoda, gente que conocíamos.

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Libros y proclamas en Izmir. Foto: PGA.

"Es la primera vez en mi vida que veo algo así", decía Gözde, una licenciada en relaciones internacionales de 24 años. Y añadía "no sabía que los turcos podíamos ser así, es una buena oportunidad también para que se vea desde fuera lo que es Turquía, esto no tiene nada que ver con la primavera árabe". Y así ha sido, al contrario que los medios locales, los internacionales no han escatimado en difundir informaciones y tanto los que estábamos dentro como los que estaban fuera nos hemos quitado el sombrero ante el coraje y la persistencia del pueblo turco.