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El síndrome de la insignificancia, ¿eres una víctima más?

05/08/2017 10:16 CEST | Actualizado 05/08/2017 10:16 CEST
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Ya perdoné errores casi imperdonables, traté de sustituir personas insustituibles y olvidar personas inolvidables.

Ya hice cosas por impulso, ya me decepcioné con personas cuando nunca pensé decepcionarme, mas también decepcioné a alguien.

Ya abracé para proteger, ya me reí cuando no podía, ya hice amigos eternos, ya amé y fui amado, pero también fui rechazado. Ya fui amado y no supe amar.

Ya grité y salté de tanta felicidad, ya viví de amor e hice juramentos eternos, pero también "rompí la cara" muchas veces.

Ya lloré escuchando música y viendo fotos, ya llamé solo para escuchar una voz, ya me enamoré por una sonrisa, ya pensé que iba a morir de tanta nostalgia, y tuve miedo de perder a alguien especial (y terminé perdiéndolo) ¡pero sobreviví! ¡Y todavía vivo!

No paso por la vida... y tú tampoco deberías pasar... ¡Vive!

Bueno es ir a la lucha con determinación, abrazar la vida y vivir con pasión, perder con clase y vencer con osadía, porque el mundo pertenece a quien se atreve y la vida es mucho para ser insignificante.

Vida, de Charles Chaplin

El psicólogo Carlo Strenger, de la Universidad de Tel Aviv, publicó un libro con motivo de su última investigación, The Fear of Insignificance: Searching for Meaning in the Twenty-first Century (El miedo a la insignificancia: buscando el sentido en el siglo XXI), en el que se relata la insatisfacción y el miedo de muchísimas personas que no consiguen aquello que anhelan: tener el éxito y la fama de personas famosas a las que desearían parecerse.

Se trata de una investigación que duró más de una década en la que no solo se evaluaron factores psicológicos, sino también económicos. A pesar de que siempre ha existido la práctica de compararse con los demás y entender que esa comparación es la que nos otorga valor, en el momento actual y dado el alcance de la tecnología, la comparativa es exponencial. Tenemos cientos de miles de personas con las que nos comparamos y pensamos que esas diferencias, positivas o negativas, son las que nos dan valor como personas y como profesionales.

Siempre se ha dicho que las comparaciones son odiosas, tanto si parten de uno mismo como si vienen de los demás. Y es muy complicado librarte de ellas. Comparamos para tener referencias, para clasificar, para facilitarnos la vida, pero sobre todo, para machacarnos la autoestima. Porque en el momento en el que se establece una comparación tendemos a buscar qué nos falta, en qué somos peores, por qué no tenemos ese tipo de vida, por qué tenemos menos ingresos, menos pecho, menos amigos, menos pelo, menos, menos, menos o más arrugas, más dificultades, más estrés.

Compararnos es una fuente de ansiedad. Los cánones a los que nos vemos sometidos nos generan malestar, la idea de no estar a la altura, la insana competitividad y el no estar nunca satisfecho con lo que uno es o con lo que uno tiene. Las personas no quieren una vida en la que pasen sin pena ni gloria. Quieren una vida exitosa. ¿Pero qué es el éxito?, ¿el dinero, el reconocimiento, ser guapo y delgado, tener un cuerpo musculoso? El éxito es vivir conforme a nuestra escala de valores, sin depender de la aprobación de los demás. Y esta idea empieza por cambiar lo que nosotros esperamos de nosotros mismos.

Compararnos rara vez nos lleva a esforzarnos más, porque las investigaciones han demostrado que nos motivamos más cuando fantaseamos con las consecuencias positivasde un cambio que pensando en las consecuencias negativas de no hacerlo. Así que cada vez que valoramos que alguien está mejor o es más feliz que nosotros, nos sentimos pequeños, perdemos autoestima y fuelle para seguir trabajando en nuestra felicidad.

¿Y si en lugar de compararte te centras en ti?

  1. Acepta lo que tienes y lo que eres. Tal y como estás, estás bien.
  2. ¿Quién y cómo deseas ser? Si pudieras escuchar a la gente hablando de ti, ¿qué te gustaría escuchar de ellos?, ¿qué imagen quieres transmitir, por qué te gustaría que te recordaran y valoraran? Estoy segura de que la respuesta a estas preguntas no tienen nada que ver con aquello superficial por lo que a veces tratamos de esforzarnos pensando que es de gran valor.
  3. ¿En qué consiste tener una vida de éxito? Nos sentimos realizados cuando percibimos que tenemos una vida coherente, una vida de la que nos podemos sentir orgullosos. Y esta vida no pasa por la comparación de otras vidas, sino por la honestidad con nuestros valores y filosofía de vida.
  4. No te critiques, no te hables mal. Respétate. Si no consigues lo que deseas en el plazo en el que te gustaría, no te trates mal. No te ayudará en nada. Lo único que conseguirás es sentirte mal, poca cosa e incapaz. Y esta percepción de ti mismo no te ayudará a obtener el éxito.
  5. Disfruta con el bien de otros. Hay personas, que para poder sentirse bien con lo que tienen, necesitan ver como fracasa el vecino. Porque el fracaso del otro es el éxito de ellos. Pero se trata de un pensamiento y sentimiento mediocres. Su fracaso no te hace mejor a ti. Así que alégrate de que a los demás les vaya bien, de que triunfen, de que tengan vidas felices. Te sentirás buena persona y en paz con este sentimiento.
  6. Si deseas algo que no tienes porque para ti es importante, elabora un plan. Se trata de establecer cambios que tú decidas, no que vengan impuestos por las tendencias, las marcas o los influencers.
  7. Practica el agradecimiento. No se trata de una acción católica. Se trata de cambiar el foco de atención. Cuando practicas el agradecimiento, tu mente se centra en dar valor a muchos de los detalles diarios que nos pasan desapercibidos. Y nos pasan desapercibidos porque los encontramos tan normales que se han convertido en invisible en nuestras vidas. Trata de tener el foco de atención más en lo que tienes que en lo que te falta.
  8. Y si decides compararte, que sea solo como fuente de inspiración. Hay grandísimos ejemplos de superación y de valor que merecen ser copiados.

Recuerda esto, ¡nadie es insignificante! Todos tenemos alrededor personas que nos aman, que nos respetan, a las que les gustamos tal y como somos. Y la primera persona de la que tienes que conseguir ese reconocimiento es de ti mismo. Tú eres importante.