Lo normal es que los hijos quieran volver al cole. Allí se reencuentran con los amiguitos, conectan otra vez con los profesores y recobran la rutina. Las madres y padres respiran y todo vuelve a la normalidad. El primer día es el momento de compartir qué hizo cada uno en verano, dónde viajaron, qué amor de verano les está quitando el sueño, los libros que leyeron... las novedades, las risas y la complicidad de quienes llevan compartiendo toda una vida en el colegio o quienes empiezan a conocerse en su nuevo instituto.
Para muchos será un día lleno de ilusiones: por primera vez entran en primaria, o los adolescentes en la ESO, y los más mayores se preparan para definir ya su carrera profesional en bachiller.
Los padres sobre todo se preocupan por los más pequeños; muchos de ellos lloran el primer día y no quieren separase de las faldas de sus padres, dejar los juguetes de casa y volver a la rutina. Para facilitaros un poquito la tarea de la vuelta al cole, os dejamos mi socia Ana y yo unos consejos que os pueden ayudar a volver al cole con más normalidad:
En algunos casos en los que los niños ponen más resistencia de lo habitual, puede ser que como padre o madre lo pases mal. Ver al niño patalear y con una perreta enorme, te oprime el corazón y nunca sabes cómo actuar. ¿Me lo llevo otra vez a casa, lo consuelo o dejo que llore pensando que ya se le pasará?
Existen muchas causas por las que un niño no quiera acudir a la escuela: cambio de profesorado, alguna discusión con un compañero de la escuela, problemas de aprendizaje, tener un examen, que alguien haya ridiculizado al niño en clase, que los compañeros no le hagan partícipe de los juegos, la separación de su madre, tener que levantarse temprano, etc.
La forma en que se manifiesta este miedo también es de diversa índole: tener dolor de estómago, dolor de cabeza, mareo, diarrea, sudoración, rabietas, lloros, mal humor, ira, demorar el vestirse, desayunar, etc. El niño utiliza cualquier excusa para no ir a clase.
Imagina esta situación:
Javier tiene 4 años, es un niño alegre, se relaciona bien con la gente, le gusta mucho jugar y estar con su madre. Desde pequeño, la madre dejó de trabajar para dedicarse por completo a la educación de su primer hijo. Javier y su madre se han hecho el uno al otro, de tal forma, que su madre vive en su mundo, en su lenguaje, en sus juegos; ha llegado a dejar de pensar en ella, en sus necesidades y vive para él. Pero ahora se plantea la necesidad de que Javier se relacione con niños de su edad, que reciba otro tipo de aprendizajes, y tras varias conversaciones con la pareja, deciden que Javier ingrese este año en una guardería.
Javier es un hijo primogénito, con las consecuencias favorables y desfavorables que eso conlleva: "Ya ves, te coge de sorpresa, nadie te enseña a ser padre". Muchas parejas no saben cómo reaccionar cuando el niño monta en cólera y su único objetivo es conseguir un caramelo, montar el cochecito, etc. Y esta es la dinámica que Javier ha utilizado cada vez que ha pretendido alcanzar algo: "Yo berreo, pataleo, lloro, grito desgañitadamente, a mi madre le da vergüenza, me amenaza con que ¡ya verás cuando lleguemos a casa! ¡se lo voy a contar a tu padre!, y con tal de que no siga llorando accede a mi capricho". Ella piensa en esos momentos: "¿Qué pensarán las demás madres cuando vean cómo está sufriendo mi hijo en plena calle? ¡Qué mala madre soy!". Y luego llega a casa, no se vuelve a hablar del tema, el padre llega cansado y no se le comenta el acontecimiento, que de todas formas hubiese servido para poco. Así que Javier mañana volverá a las andadas. El chaval es inteligente, ha encontrado un recurso para conseguir objetivos, para salirse con la suya, aunque no sea el recurso más adecuado.
Hoy es el primer día de Javier en infantil. Su madre le ha ido contando durante los días previos al acontecimiento, que iba a comenzar una nueva etapa de su vida, le ha comprado el uniforme, la cartera y le acompaña en este día tan señalado. Y cuál es la sorpresa, que al dejarlo en el aula y pretender salir de la misma, Javier monta en cólera y empieza a llorar y gritar como si lo estuvieran matando. La "seño", acostumbrada a éstas actuaciones manipulativas por parte de los pequeñitos, le dice: "No te preocupes mujer, esto es normal, no pasa nada, dentro de unos minutos se habrá relajado y estará jugando con los demás compañeros, vete tranquila". Pero la madre, que ha vivido durante cuatro años pegada a su hijo, por el que ha abandonado temporalmente el trabajo y los hobbies, no puede soportar ver sufrir a su hijo. Vuelve a entrar en la clase, intenta clamarle, el niño se relaja y al volver a salir por la puerta, empieza otra vez el concierto de gritos y lloros. Después de 5 intentos, la madre pacta con Javier irse a casa los dos y volver mañana para quedarse definitivamente en la escuela. Javier, que hemos dicho que es inteligente, accede, y se va a casa. Pero al día siguiente se vuelve a repetir la escena nada más aproximarse a la escuela.
¿CUANDO SE PUEDE RESPETAR QUE EL NIÑO NO VAYA AL COLEGIO?
Siempre es importante averiguar los motivos por los que un niño no quiere acudir al colegio y establecer claramente las circunstancias por los que sus padres le permitirían no acudir: entre estos se encuentra el tener fiebre (más de 37,8º C) y tener claros síntomas de enfermedad, que la madre tenga que llevarlo al médico por la mañana o algún posible papeleo burocrático.
Si el motivo para no acudir a la escuela no es de esta índole, mantén una conversación con él, animándolo a que diga qué le ocurre en la escuela o qué le produce rechazo. Intenta buscar también puntos a favor de ir a la escuela. Proporciona seguridad a tu hijo frente a sus temores a la escuela.
FORMAS DE ACTUACIÓN
Habla al niño del colegio de forma positiva: asociación entre ir al colegio y hacerse mayor, preséntale al profesor de su clase, visita el colegio por fuera antes de comenzar...
Una vez comience el curso escolar podemos ayudarle de la siguiente manera:
Con la colaboración de Alfonso Caracuel y Ana Piñar.
Seguir a Patricia Ramírez en Twitter: www.twitter.com/Patri_Psicologa
Respiran? Es que tan duro resulta tener a tu hijo cerca que sólo respiras con tranquilidad cuando te lo puedes "quitar de encima"? Siempre recuerdo las conversaciones de mi madre con las vecinas cuando decían aquello de "Qué ganas tengo de que empiece el colegio y perderlos de vista" a lo que mi madre respondía "Mujer, yo prefiero tenerlos conmigo que no verlos en todo el día"... Cabe resaltar que de 3 hermanos nunca tuvimos "fobia" a la escuela; más bien al revés! Teníamos ganas de ir y encontrarnos con los amigos, aunque también sea verdad que te daba mucha pereza por tener que volver a estudiar, escribir y hacer deberes...
Me da mucha pena cuando escucho a alguien decir que se queda descansando cuando no tiene a sus hijos cerca; que la escuela debería durar todo el año y cosas por el estilo... :(
También me llama la atención ese ejemplo que pone del tal Javier. La madre lo lleva, el niño llora y pese a que la maestra le dice que no pasa nada y que se le pasará, la madre hace caso omiso claro. Por desgracia esto es muy cierto aunque no por serlo yo lo entiendo. El día en que empecemos a tomarnos en serio lo que los maestros nos dicen quizá los problemas se reduzcan.
Incluso en la Declaración Universal de los Derechos Humanos se especifica que la instrucción elemental será obligatoria, pero con un matiz: los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.
Sin embargo, entre las múltiples opciones o formas admitidas para garantizar que todo el mundo aprenda lo que se considera necesario o deseable, hay una, la llamada educación en casa, que no todos los gobiernos admiten, entre ellos el nuestro.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/educacion-en-casa
Pues no Señora, lo normal es que los hijos quieran seguir de vacaciones. De disponer de todo el tiempo para si mismos a tener que someterse a la disciplina escolar, sentados muchas horas todos los días para aprender lecciones que a la mayoría les parecerán muy aburridas. Es evidente que la mayoría preferiría seguir de vacaciones. Como le pasa a la mayoría de los adultos. Un poquito más de contacto con la realidad, Sra. Psicologa, que los niños son niños pero no gilipollas...
Pero tienen que captar y después 'fidelizar' clientes para vivir, bien, por supuesto.
¿tú habías oído hablar del 'síndrome posvacacional' antes de saber que existían los psicólogos?
Yo creo que son acontecimientos simultáneos.
Ahora todos necesitamos psicólogo, al igual que todos somos alérgicos a algo.
Como digo, tanto unos (psicólogos) como otros (alergólogos) y muchos otros '...ólogos' tienen que crear 'necesidades' en la gente de a pie para desarrollar su trabajo.
Si es que no aprendemos.
Un saludo, Lagartijah.