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Los jefes también están en crisis... pero de liderazgo

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Suena ridículo que en 2012 todavía estemos hablando de "jefes", ni que estuviéramos en una tribu india. La palabra jefe, sinceramente, suena mal, y además, la solemos utilizar en tono peyorativo. El empleado que tiene un jefe, o mejor dicho un "mal jefe", no tiene un líder al frente, tiene a un personaje al que no respeta, al que ridiculiza cada vez que puede. El mal jefe es motivo de burlas y comentarios cuando los empleados se reúnen en su tiempo de ocio. El mal jefe no tiene categoría profesional, da igual que sea un director general, un responsable, un director de Proyecto, de Área, de Sección... cuando se trata de un mal jefe, los empleados suelen abandonar la categoría y simplificarlo a un sencillo "mi jefe" cuando se refieren a él detrás de él, salvo en aquellas situaciones en las que utilizamos "mi jefe" en tono afectuoso, pero en estos casos va acompañado de un tono de voz y una expresión facial acorde a la situación.

Por desgracia, la crisis ha potenciado a los "malos jefes". "Malempleaditas" las horas de coaching y de educación en valores para transmitirles la importancia de dirigir con respeto. Después de años inculcándoles la importancia de motivar, fidelizar, de favorecer un ambiente laboral en el que el trabajador se sienta a gusto en su puesto, que pueda sonreír sin miedo a que le digan "qué hace Usted riendo... debería estar trabajando"... llega la crisis y sus miles de "posibles candidatos que pueden sustituirle a usted y que están deseando trabajar". Nadie tiene que vivir humillaciones, faltas de respeto y tonos desagradables de voz... y encontrar a alguien responsable, que tenga automatizadas las funciones de su puesto, comprometido, que dé más de lo que recibe, a pesar de los cientos de curriculums, no es tan sencillo. La crisis ha sacado la fiera que muchos tenían adormilada... porque ahora se lo pueden permitir, ahora hay sustitutos a patadas. Si como jefe no sabes valorar que tus trabajadores lo pasen bien y rían mientras trabajan...te has quedado a veinte años luz. En cambio, cuando permites que tus trabajadores disfruten y lo pasen bien, los fidelizas, retienes y motivas.

¿Saben ustedes cuántos tipos de jefes podemos encontrarnos en una empresa? Tantos tipos como espectro de personalidades, pero por sus características se pueden agrupar en dos categorías, los que saben dirigir y los que no. Éstos últimos, los que carecen de habilidades directivas, pueden ser malos dirigentes por acción u omisión. Tan mal dirige el que se pasa, el autoritario, el manipulador que todo lo hace a espaldas de los suyos, como el que no sabe delegar, no presta atención a las necesidades de sus trabajadores, no organiza a su grupo de personas y dirige en el caos.

Cuando en la empresa o en la vida cotidiana nos encontramos con un buen líder, los reconocemos enseguida, lo llevan escrito en la frente. Existen líderes en todos los ámbitos profesionales y en cualquier categoría, desde grandes directivos a peones albañiles. El líder se deja querer, el líder es respetado por los iguales, inferiores y superiores, es admirado, y celado por aquellos que ansían su poder, es capaz de conquistar a todos cuantos le rodean. El líder es un pygmalion positivo, saca lo mejor de cada trabajador, apoyando y valorando el trabajo individual y de equipo de su gente. Si usted no ha tenido la suerte de ser dirigido por un líder o si como empresario no ha tenido la suerte de contar con un líder en su equipo de trabajo, a continuación le damos una serie de pistas para reconocerlo. Si se encuentra con uno en su camino, NO LO DEJE ESCAPAR, vale su peso en oro:

  • El líder se preocupa por el bienestar y la calidad de vida de sus empleados en el trabajo.
  • Es un elemento motivador dentro de la empresa.
  • Saca la cara por los suyos cuando aparecen los problemas.
  • Sabe delegar la tarea correcta al profesional más preparado.
  • Fomenta el trabajo en equipo, el buen ambiente laboral y la comunicación entre sus miembros.
  • El líder se pone objetivos desafiantes e invierte esfuerzo para conseguirlos.
  • Influye en sus trabajadores y compañeros de tal forma que les ayuda en la consecución de sus objetivos individuales y grupales.
  • El líder tiene empatía, es asertivo, se desenvuelve bien en público y es un claro representante de la Inteligencia Emocional. Tiene una especie de radar que detecta estados emocionales, es comprensivo y flexible.
  • Es simplemente INTELIGENTE.
  • Es una persona clara, te viene de frente, lo que genera tranquilidad en su ambiente de trabajo.
  • El líder es creíble y fiable ante los suyos, hace que se sientan seguros y respaldados.
  • Sabe adecuar su estilo de liderazgo a las distintas personas, siendo más duro o más permisivo dependiendo de las capacidades, habilidades y motivaciones de sus empleados.
  • El líder en el trabajo es aquel JEFE del que todos o la mayoría hablan bien cuando él no está presente.
  • El líder no tiene subordinados, tiene SEGUIDORES y personas que lo admiran.

Para todos aquellos que sean capaces de hacer un análisis a conciencia sobre su forma de dirigir y vean que no encajan con este patrón, animaros, no todo está perdido, existe el COACHING.