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¡Ser quejica tiene premio!

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Ya lo dice el refrán, QUIEN NO LLORA, NO MAMA. Y es que el que se queja lo hace por algo. La queja tiene un fundamento detrás. Las personas buscan sentirse bien tratadas, la justicia y todo aquello que estiman que les pertenece, como el cariño, un trabajo digno, respeto, una pareja con la que sentirse feliz, poder tener hijos, el estado de bienestar y un largo etcétera.

Pero tenemos que aprender que no todo puede conseguirse a través de la queja. Todos tenemos derecho a muchas cosas y si hubiera una justicia social y ética, el mundo estaría mejor repartido. Esto es cierto. Pero también tenemos obligaciones. Y a más de uno se le olvidan... o buscan la vía fácil.

Si esperas a que la vida sea justa contigo y que todo sea "como debería ser", planteamiento que además es muy subjetivo, igual nunca llegas a sentirte en equilibrio. Porque más que esperar a que te llegue lo que te toca, debes salir a por ello, siempre que esté bajo tu control y puedas intervenir con esfuerzo y trabajo en la consecución del objetivo.

Si tú protagonizas el cambio, si te implicas de la forma que sea, aumentas la probabilidad de que eso ocurra. Pero si esperas a que los demás resuelvan tu vida por ti, estás vendido a "los otros". Acomodarse no forma parte del que quiere superarse, ni de los que luchan por buscar su sueño.

Tienes que ser solidario con quien te pide ayuda. Para mí es una de mis máximas, pero no debes favorecer al que quiere que le resuelvas la vida sin intervenir él en ella.

Mucha de la gente que actúa así, despreocupándose de sus obligaciones en lugar de responsabilizarse de ellas, lo hace porque otros ocupan esa parcela que él desatiende. Y lo hacen porque no quieren verlos sufrir, porque piensan que eso significa ser buena persona, porque no saben decir que no, o porque el chantaje emocional les puede. Pero de verdad que cuando ofreces este tipo de ayuda, NO AYUDAS a la persona. Lo que le transmites o lo que educas es en "no hace falta que te esfuerces, porque alguien lo hará por ti". Y a la larga este mensaje conlleva serias consecuencias. Desde no saber salir de la zona de confort hasta ser un vago redomado.

Esto es especialmente importante en la educación de los hijos. Deja que se frustren, que lo pasen mal, que sientan agobio, que se acuesten tarde una noche porque no han sabido organizarse y se les acumula el trabajo... no intentes ayudar. Estos sentimientos y situaciones forman parte de la vida y se van a encontrar con ellos en la etapa adulta. Cuanto antes aprendan a manejarse, superarlos y tolerar la frustración, mejor. La vida no es lo que a ti te gustaría que tuvieran, sino un cúmulo de circunstancias sobre las que tú muchas veces no tendrás control. Deja que se enfrenten con esas emociones negativas, y diles que son incómodas pero que no son peligrosas.

Además de los hijos, hay muchos familiares y amigos que se acomodan, se quejan, están siempre malos, siempre tienen problemas, se sienten maltratados y continuamente se quejan por todo. Aprenden con su forma de actuar que los otros familiares y amigos les prestan atención. Aquí tampoco estás ayudando si les resuelves todo y refuerzas su queja. Diles que sí, que es cierto, pero que todo el mundo tiene dolores, problemas y momentos duros, pero que lamentarse no es la vía, solo el desahogo. Una vez que han vaciado las piedras de la mochila, deben actuar. Deja de prestar tención a la queja inútil y pide que empiecen a intervenir en sus vidas. Se sentirán mejor y tú serás más libre. Es agotador, y un exceso de responsabilidad, saber que la felicidad de otra persona sólo depende de lo que tú puedas hacer por ella.

Anímale a que tome el toro por los cuernos, que empiece a ACTUAR. Los propósitos sirven de muy poco si no estableces un plan de actuación. Imaginar y soñar sabemos todos, pero empezar a dar pasos solo está al alcance de los que de forma sincera desean el cambio.