Somos conscientes de los momentos difíciles que estamos viviendo todos, en Euskadi, en España y en Europa. Pero, además, estamos asistiendo a un proceso de cambio y transformación. En el inicio de este nuevo siglo estamos definiendo, aunque no seamos conscientes del todo, el modelo europeo que regirá la vida de la siguiente generación.
El modelo de la ambigüedad europea ya no es sostenible; ha llegado la hora de decidir: Europa sí o Europa no. Y yo apuesto por el sí. Debemos refundar políticamente Europa con nuevo impulso, porque en la última década hemos mantenido una Europa imposible: Queríamos la unión, pero no del todo; queríamos un Gobierno de Europa, pero manteniendo intactos los gobiernos nacionales; queríamos el euro, pero sin unas políticas económica, fiscal y de deuda pública conjuntas.
Queríamos un imposible, y la realidad nos ha explotado en las manos. Hoy no tenemos un Gobierno de Europa, pero los gobiernos nacionales han sido sometidos a decisiones no democráticas. Por ello defiendo la necesidad de refundar Europa como una institución política democrática y representativa.
Estos días oímos que hay que "ceder" soberanía para reorganizar Europa. No estoy de acuerdo. La cuestión actual no es si hemos cedido o debemos ceder soberanía: es que nos la han arrebatado por la fuerza de los hechos.
Yo no quiero una Europa en la que la ciudadanía y sus gobiernos representativos cedan soberanía (¿a quién?, ¿a la burocracia comunitaria?). Lo que yo planteo es "compartir" soberanía. Terminar con la ficción de una aparente soberanía formal, que ha dejado de existir en esta crisis, para realmente hacer de la Unión una institución democrática, representativa y compartida.
Por tanto, no se trata de ceder sino de compartir. Compartir con todas las consecuencias. Compartir a la hora de asumir de forma solidaria los acuerdos de todos y compartir a la hora de tener voz real en las decisiones colectivas de la Unión. Yo quiero un Gobierno europeo que represente a los ciudadanos, y no uno que sirva de velo para ocultar a los poderes sin rostro que hoy nos quieren gobernar.
En tiempos de zozobra, siempre está la tentación del "sálvese quien pueda". Existe la tentación de creer que solos nos irá mejor. Todos pensamos que alguien está peor que nosotros y puede ser una carga: el Norte europeo respecto al Sur, Alemania respecto a los demás, los nacionalistas vascos o catalanes respecto al resto de España, y todos respecto a Grecia.
Es un espejismo pensar que cada uno puede salir adelante solo. En la nueva modernidad del siglo XXI todo influye en todo. Las fronteras son defensas imaginarias que están hechas de humo y que sólo fomentan la insolidaridad; entre países y entre personas.
O salimos juntos, o no vamos a salir. Ésta es la realidad que tenemos que afrontar. Tenemos que hacer frente a las crisis juntos, con esfuerzos compartidos, sin ventajismos cortoplacistas, reforzando la solidaridad entre personas y entre países. Porque la solidaridad en tiempos de crisis, no sólo es una cuestión de justicia, es también una cuestión práctica. Sí, la solidaridad es un buen negocio para el conjunto de la ciudadanía de Europa. Bueno, no para todos: no lo es para los especuladores y los que buscan beneficios en la ruina colectiva.
Hay una forma diferente de hacer frente a la crisis. La vía seguida estos tres últimos años nos lleva a todos a la catástrofe. Las políticas europeas frente a la crisis deben ser conjuntas y, sobre todo, deben ser económicas. Las políticas impuestas en Europa por los gobiernos de derechas se han olvidado de la economía, de la economía real: de las empresas, de los trabajadores. Han tenido como objetivo único reducir la deuda y ayudar a las entidades financieras, proponiendo, de matute, una opción ideológica: el recorte de servicios públicos.
Yo no planteo renunciar a la austeridad (la paradoja está en que los grandes agujeros de España los han hecho los gobiernos de derecha). Todo lo contrario: la austeridad es más necesaria que nunca. Y tampoco propugno que nos olvidemos de las entidades financieras. Sin un buen sistema financiero solvente y transparente, la economía moderna no es posible.
Pero sólo con recortes y financiación sin condiciones a la banca no vamos a salir de la crisis. Por eso la pregunta de si "está usted de acuerdo en sanear la banca" propone un dilema falso. Es una pregunta con trampa. Estoy de acuerdo en sanear la banca si a la vez ayudamos a la economía; si ponemos en marcha políticas de crecimiento que garanticen progreso futuro.
Y si se empeñan a volver a hacer la misma pregunta, pero añadiendo que la opción de sanear la banca conlleva desatender a la economía real y los servicios públicos que garantizan la igualdad ciudadana, a lo mejor tenemos que decir, con claridad, que no. Que no estoy de acuerdo con esa fórmula, porque así no vamos a salir de la crisis.
Termino reivindicando la renovación del contrato social en Europa. Porque lo que nos estamos jugando no es sólo el modelo político europeo; nos estamos jugando sobre todo el modelo social europeo.
Las dos cosas están más interrelacionadas de lo que pueda parecer. En Europa hemos vivido desde la Segunda Guerra Mundial (en nuestro caso, con el largo paréntesis de la dictadura) un modelo social propio, basado en los valores de la libertad y la igualdad de oportunidades. Un modelo social asentado en la redistribución de la riqueza y la solidaridad ciudadana. Un modelo social que ha sido el mayor éxito de bienestar colectivo en Europa en toda su historia.
Y hemos tenido así mismo un modelo político que ha entendido la economía como un bien público y una tarea colectiva.
Pero el modelo socialdemócrata europeo ha sido también, y sobre todo, un modelo ético. Una propuesta de sociedad decente que nos ha dado cohesión, progreso y paz social.
Hoy ese modelo está en riesgo. La brecha entre los que más tienen y los que tienen poco o nada cada vez se está haciendo mayor. Vamos a tener que rescatar palabras olvidadas de comienzos del siglo pasado: el "problema social" se está haciendo de nuevo presente. Un tercio de la población europea se está sumiendo en la marginación y en la pobreza.
Éstas son las cosas que nos estamos jugando en la actualidad. La crisis no puede hacernos olvidar que la forma de plantearnos su salida está definiendo el futuro colectivo de los europeos.
Por eso, yo planteo más Europa democrática, más economía y progreso. Y renovar la propuesta de una sociedad decente y solidaria con un gran acuerdo de la ciudadanía europea y sus gobiernos representativos.
Información cedida por ver más
A los politicos esperemos que las urnas les vayan poniendo a cada uno en el sitio que les corresponda.
Ahora mismo la Union Europea es un absoluto fiasco.
Creo que la actual clase politica no esta a la altura para resolver este problema.
Hacen falta caras nuevas con ideas nuevas...y personas honradas.
Te refieres al golpe que diste a las primarias del PSOE evidentemente. Ni sueñes ser algún día ser el lider del partido.
Una democracia a nivel europeo contribuiria sin duda a desligar el disfraz territorial y permitiría abordar las reformas que necesitamos
___¡Bien! ¡Por fín alguien que piensa a medio y largo plazo!
___Pero habría que concretar algo más. Hacen falta propuestas concretas en torno a las que reunir voluntades. Por ejemplo: ¿Qué tal si le damos poder legislativo vinculante al Parlamento Europeo? No habrá unión social sin unión política. Y no habrá unión política sin Parlamento vinculante.
___La consecución del voto universal fue una estrategia fundamental para lograr los derechos sociales. Pero el voto universal es un chiste sin un poder legislativo que lo recoja. Y eso es lo que hoy tenemos en Europa: un chiste de Parlamento; mucho "mercado" y poco Parlamento. La buena estrategia en pos de los derechos sociales pasa necesariamente por fortalecer el Parlamento de la Unión Europea.
Creo que la fortaleza de Europa y sus países miembros depende de la capacidad de crear una verdadera unión política.
Al contrario que el Lehendakari, no considero que compartir soberanía sea viable, los estados deben ceder soberanía a un gobierno central europeo fuerte, Europa debe avanzar en la construcción de un verdadero y creíble estado federal, donde todos los estados miembros puedan sentirse reconocidos, donde todos los estados tenga un gran margen para autogobernarse, pero donde sobresalgan unas instituciones europeas comunes fuertes y con capacidad para ser alternativa a las economías emergentes.
Hay que parar la decadencia europea y relanzar la pujanza y la fortaleza de Europa, que ha marcado el guión de la Historia.
A mi modo de entender Europa no es Europa porque cada cual mira para su ombligo y no se hace una política común. Mientras que no haiga una autoridad económica y política común siempre van a existir estas tensiones porque lo que es bueno para nosotros no lo es para Alemania o Francia y viceversa.
Pienso realmente que no existirá ningún cambio, estos son ciclos que pasan, la crisis del capitalismo ha llegado, pero no su hundimiento.
Si leemos a diferentes personajes históricos de hace un siglo, veremos que realmente todo lo que está pasando en la actualidad se repite. Desde Marx a Jose Antonio, todos estos personajes políticos hablan del capitalismo y de sus problemas como si realmente estuvieran calcadas a la situación actual en la que vivimos, la misma situación, el paro, la desigualdad que origina el hundimiento de este sistema, todo se repite...
El capitalismo siempre gana, renacerá de nuevo y dentro de un siglo volverá a caer, más blando o más fuerte, eso ya no lo se, pero caerá.
Un saludo fuerte!