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Pedir un crédito con responsabilidad

01/03/2015 09:51 CET | Actualizado 30/04/2015 11:12 CEST
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En épocas de bonanza crediticia, combinar los conceptos de crédito y responsabilidad en una misma frase no era muy usual.

Sin embargo, con dos realidades inextricables. Los bancos y entidades de crédito deben, por ley, ser diligentes a la hora de conceder dinero a crédito a sus clientes. Se les supone una responsabilidad superior a la de los clientes, la del "buen comerciante" o bonus argentarius, dado los medios materiales, personales e información estadística que manejan. Pese a ello, no parece demasiado radical afirmar que, en multitud de casos, no han sabido o querido filtrar adecuadamente los clientes que recibían financiación, tanto personal como hipotecaria.

En todo caso, escudarse en ello para pedir crédito sin autocensura ninguna es igualmente irresponsable, y las consecuencias para el patrimonio familiar, funestas, ya que de los préstamos personales se responde con todo nuestro patrimonio presente y futuro, no solo con la nómina, como muchos creen. Es perfectamente posible que nos embarguen la casa, por ejemplo; en caso de tenerla libre de cargas o con una deuda hipotecaria pendiente baja, podrían incluso subastarnos la vivienda. A este mismo riesgo se exponen los avalistas, de haberlos.

¿Qué hay que tener en cuenta para pedir dinero a los bancos de forma responsable?

Podríamos dar tres pautas básicas:

  • Formación.
  • Información.
  • Sentido común.

En relación a la necesidad de formación que tiene un cliente a la hora de pedir un crédito o préstamo personal, es muy sencillo saber si estamos formados para pedir dinero: ¿conoces la diferencia entre un crédito y un préstamo? ¿Qué es el TIN y la TAE? Si no sabes responder a alguna de estas preguntas, no pidas aún crédito.

No se trata de ser economistas, pero sí de conocer las bases del préstamo. Escudarse en que para esto están los bancos es, cuando menos, un billete a la ruina financiera. Después no digáis que no os avisaron. Estas bases mínimas del ahorro y la financiación están en las guías gratuitas que editamos en iAhorro.com con la participación de este medio.

La información es esencial para saber qué contratamos y su competitividad respecto a las demás ofertas del mercado. En definitiva, se trata de analizar el producto de crédito y compararlo con el resto. Los créditos más baratos son los que menor tipo de interés TAE ofrecen, menos comisiones establecen y tienen una menor vinculación obligatoria.

Por ejemplo, pedir 12.000 euros a Cofidis para reformar la casa, a devolver en 3 años, supone una TAE del 10,84%. Sin embargo, si lo contratamos, la TAE efectiva se encarece, suponiendo el ejemplo anterior 875 euros.

La misma financiación en Cetelem nos supone un 9,33% TAE, al no tener comisión de apertura ni contratar seguro alguno.

Finalmente, hay multitud de factores relacionados con el sentido común, el menos común de los sentidos para muchos endeudados. Este sentido común se basa en un análisis personal de nuestras capacidades económicas y debilidades financieras. Hay que calcular si una vez restamos a nuestros ingresos netos todos los gastos que pagamos al mes, nos basta para pagar el crédito y ahorrar algo para gastos plurimensuales (seguro de vehículo y hogar) o extraordinarios (por ejemplo, la rotura de la caldera). La regla general que usan los bancos es que la cuota mensual no puede superar el 30% de nuestros ingresos netos, lo que en el ejemplo de Cofidis supone ganar un mínimo de 1270 euros, suponiendo que no tenemos otras deudas. Sin embargo, cada familia es un mundo y puede que pese a que ganemos estos ingresos, nuestra estructura de gastos desaconseje pedir el crédito. Y somos nosotros mismos los mejores analistas de riesgos de la familia.

Por otro lado, debemos tener claro que tenemos estabilidad laboral, sea por trabajar en una empresa fuerte y tener una buena posición, sea por tener capacidad de trabajar en diferentes negocios por formación y capacidades. Además, es muy importante saber que nuestros familiares más cercanos o amigos están dispuestos a ayudarnos a pagar la cuota si, durante un tiempo, nuestros ingresos caen. Eso implica hacerlos partícipes de la solicitud del crédito, algo que además nos asegura tomar mejores decisiones.

En definitiva, pedir dinero a un banco es algo muy serio y, como tal, así nos lo debemos tomar. Lleva esfuerzo pedir dinero de forma responsable, desde luego. Pero la alternativa es mucho peor.

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