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Un nuevo impulso para la convergencia

19/06/2015 12:14 CEST | Actualizado 19/06/2016 11:12 CEST
EFE

A esta hora aún no se conocen los resultados finales de las negociaciones de Grecia con las instituciones europeas. Sólo podemos desear que concluyan de forma positiva, para el bien de Europa y de Grecia.

Pero lo que ya sabemos nos permite confirmar nuestro acierto en lo que venimos defendiendo.

Primero, la estrategia de austeridad y devaluación interna no ha permitido a Europa crecer y crear empleo ni ha reducido el volumen de la deuda pública y privada.

Segundo, el austericidio -como bien le llamó Felipe González- solo ha contribuido a debilitar el proyecto europeo, en beneficio de los radicalismos de distinto signo, nacionalista o secesionista, extremismos o euroescépticos.

Tercero, salir de euro para huir de la austeridad o persistir en la austeridad para defender el euro, son dos vías para una misma solución.

Cuarto, una estrategia de división entre alumnos ejemplares y PIGS o una postura de confrontación entre acreedores y deudores, sólo conduce al impasse o a la ruptura.

Quinto, utilizar la UE como explicación electoral de todos los males nacionales, mina Europa, y asumir unilateralmente compromisos electorales que dependen del acuerdo con terceros conduce la propia democracia a un atolladero.

Sexto, sabiendo todo esto, no podemos resignarnos a la fatalidad. Tenemos la responsabilidad de actuar diferente.

Por ello, cuando Portugal y España conmemoran los 30 años de la adhesión a las comunidades europeas, tomamos la iniciativa de proponer a la familia socialista, socialdemócrata y laborista europea un Nuevo Impulso para la Convergencia de Portugal y España.

Un impulso que se complementa con la firme voluntad de los dos partidos socialdemócratas de profundizar en la integración ibérica, rompiendo barreras y estrechando lazos para mejorar la vida de las personas y la actividad de las empresas de los dos países de la Península ibérica.

Hay que atacar las raíces de esta crisis. Para que haya estabilidad en la zona euro es preciso que haya convergencia real de las economías europeas.

Cuando en 1992 avanzamos hacia el mercado único, Jacques Delors percibió que era esencial para las economías más frágiles acompañar esa mayor exposición a la competitividad externa con el lanzamiento de la política de cohesión.

Cuando el euro impuso un aumento de la competitividad, no fue acompañado del refuerzo de la cohesión. El excesivo endeudamiento y las burbujas especulativas escondieron durante algún tiempo el problema, pero las consecuencias en cadena de la crisis financiera iniciada en 2008 revelaron lo que era inevitable que emergiera: sin más cohesión en la zona euro no habrá mayor convergencia.

La intervención del BCE permitió en buena hora bajar los intereses de la deuda soberana. Pero es esencial no escondernos de nuevo. La fiebre bajó, pero la dolencia persiste: es realmente necesario un nuevo impulso para la convergencia.

Lo que hemos propuesto, y el PES ha aprobado, es un programa específico, de iniciativa nacional y a medida de las necesidades propias de cada uno de nuestros países, que se centra en los cuellos de botella de nuestras economías, limitando la convergencia necesaria.

Programa financiado por las perspectivas financieras, el Plan Juncker, los mecanismos financieros del BEI y que puede movilizar fresh money, sirviendo de proyecto piloto de la nueva capacidad presupuestaria de la zona euro.

En el caso portugués, las prioridades propuestas se centran en la educación, la modernización de la administración pública de Justicia, la rehabilitación urbana y la eficiencia energética, la innovación en las PYME's, el desarrollo y la capitalización de las empresas.

En el caso español, la prioridad es reforzar la Formación Profesional, las políticas activas de empleo para los desempleados de larga duración y los jóvenes, impulsar programas para estimular la innovación empresarial, extender las tecnologías de la información y comunicación, la eficiencia energética y las inversiones para facilitar la intermodalidad en el transporte de mercancías.

Se trata pues de una metodología nueva: sustituir la confrontación por la negociación; poner en valor la solidaridad europea en vez de culpar a la UE de todos los males ante los ciudadanos; pasar la página de la austeridad, invirtiendo en la convergencia.

La UE -hay que reconocerlo- está dando señales de cambio desde las últimas elecciones europeas. El BCE no ha dudado en hacer lo que debía, la nueva Comisión ve con más inteligencia el Pacto Fiscal y da una nueva prioridad a la inversión como condición para el crecimiento y el empleo.

Dar fuerza a la alternativa socialista en Portugal y España es reforzar en el Consejo esta dinámica de cambio. ¡Este Nuevo Impulso para la Convergencia lo merece!