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¿'Wonder woman' o 'Johnny Guitar'?

11/08/2017 07:31 CEST | Actualizado 11/08/2017 08:17 CEST
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Joan Crawford en un fotograma de 'Johnny Guitar' (1954).

Cuando hablamos de los mansplaining (lecciones que dan algunos hombres a las mujeres) nos reímos, sí, pero con reservas. Nos caben dudas: ¿no estaremos exagerando? ¿malinterpretamos la generosidad como condescendencia?

Pero luego, te encuentras con algo como lo que escribe Jesús Mota en El País del 8 de agosto de 2017 y te das cuenta de que te has quedado corta.

Este señor, en su artículo, se toma la molestia de ilustrarnos y explicarnos qué películas son dignas y cuáles no de ser aprobadas por las feministas. Por ejemplo: Wonder woman, no, La loba, sí.

Da por supuesto que la confusión se debe a nuestra falta de cultura. Él lo dice más finamente: "Este adanismo es congruente con la ausencia de memoria (literaria, cinematográfica, pictórica, etcétera) entre el consumidor o espectador que explica el triunfo en los mercados del arte de cualquier idea vieja envuelta en celofán o palabrería barata". Lo dice en masculino (consumidor o espectador) pero nos lo dedica especialmente a nosotras, las feministas que, según asegura, somos quienes reivindicamos la película Wonder woman.

Supongo que él se ha leído una crítica laudatoria y ya da por supuesto que todas las feministas del mundo mundial pensamos exactamente lo mismo. Ignora que las opiniones de las feministas que han escrito sobre este film no son, ni mucho menos, unánimes. Caballerosamente nos aclara: El cine clásico abunda en mujeres poderosas [...] ¿Quieren una mujer poderosa? La Regina Giddens de La loba (interpretada por Bette Davis) es un ejemplo, excelso, eso sí, entre cientos. ¿Más? Pues ahí están Vienna (Joan Crawford) en Johnny Guitar o Emma Small (Mercedes McCambridge) en la misma película. ¿Prefieren alguna más joven? Pues Laurie (Vera Miles) en Centauros del desierto. Y si gusta más la comedia, la apabullante Susan Vance (Katharine Hepburn) en La fiera de mi niña, de Hawks, está a la altura. Entre muchas.

Lo primero que llama la atención es que a Mota le parezca que son muchas y que abundan. No cae en el pequeño detalle de que entre 80% el 90% de las películas están protagonizadas por varones, lo cual significa, de entrada, que los roles de las mujeres y su transcendencia en la historia quedan muy limitados. A él pueden parecerle muchísimas, abundantes e incluso excesivas pero objetivamente su juicio no se sostiene.

En ese sentido, citar Centauros del desierto ilustra claramente su pensamiento pues el papel de Laurie (Vera Miles) es episódico y totalmente marginal al núcleo del relato. Y, por si fuera poco, el poder de Laurie consiste en que está empecinada en "pescar" al ingenuazo de Martin. Mota no solo confunde poder con obstinación sino que considera que el poder de las mujeres solo se aplica a planes casamenteros...

O sea, según él, casi cualquier cosilla que no sea decir "Sí, bwana" ya es poder para las mujeres.

Y, lo más importante: si nos lanzamos a ser poderosas, hagámoslo en "nuestro campo", con nuestras especialidades y peculiaridades: perversa intrigante como en La loba (donde, además, al final, miel sobre hojuelas, Regina se lleva su merecido), enfrentadas por un hombre (aunque evoquemos otros pretextos) como en Jhonny Guitar, o divertidamente caprichosas e incongruentes como en La fiera de mi niña. Así, sí podemos mostrar poderío, pero no pegando puñetazos.

¿Qué sería del feminismo sin señores que nos explicaran de manera sencilla pero contundente en qué consiste?

¿Y cómo sabe Mota que el feminismo reivindica que las mujeres vayamos "encadenando mamporros"? ¿Cuántas líneas (no digo libros sino líneas) de feminismo ha leído él?

Pero no lo necesita, no para percibir claramente que: El feminismo ha llegado por fin a las playas del cine de acción y ocupará todas las posiciones estratégicas de la producción en una blitzkrieg fulgurante y triunfal.

Dicho así, casi da un poco de miedo: las hordas feministas ocupando todas las posiciones estratégicas...

Nótese, además, la palabreja en alemán. Demuestra que él si es culto, no como nosotras, que ni siquiera hemos visto La fiera de mi niña en alguno de los cientos de sus pases por TV. Y, nótese de paso, que no sabe que el feminismo lleva a sus espaldas siglos de lucha, o sea, que no estamos ante una guerra relámpago, fulgurante y triunfal.

Pero sí, a Mota no lo engañamos. Así es que o duda de que "el meollo de esta cuestión sea la equiparación salarial de las protagonistas con los héroes del actioner".

¡Ah, caramba! Con que eran intereses espurios y materialistas: las actrices que quieren ganar tanto como los actores... ¡Habrase visto tamaña desvergüenza!

Mota es astuto, pero puede que nosotras no lo seamos y nos dejemos embaucar de modo que nos advierte: "La confluencia de mujeres poderosas y cine de acción no es el camino que reivindicará a la mujer en el cine".

¿Qué sería del feminismo sin señores que nos explicaran de manera sencilla pero contundente en qué consiste?

P.S. Dicho todo esto: mola ver a Joan Crawford con revolver...

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