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Las Vegas confirma a Hillary Clinton como favorita

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Foto: EFE

Pendientes del televisor. Así estaban este miércoles millones de estadounidenses con voto decidido y un 14% que asegura que quiere votar pero aún no sabe a quién. Aunque la teoría asegura que el tercer debate presidencial es el menos visto y el mismo decisivo, estas elecciones presidenciales del 2016 son tan raras que cualquier cosa podía pasar.

Y por supuesto pasó. Hillary solo tenía que no meter la pata para seguir liderando las encuestas en los denominados swing-states, aquellos que definen las elecciones. Son siete. Trump tenía que demostrar que puede ser un presidente no histriónico y que tiene alguna política que ofrecer, mas allá de ir contra todo y contra todos. Y no meter la pata. Y la metió.

En 2012, tan solo votó el 54% de los estadounidenses que estaban inscritos para votar. Barack Obama arrasó en su segundo mandato, pero los datos ponen de manifiesto la distancia que hay entre el ciudadano y sus representantes políticos. En estas elecciones, por el rechazo que producen en general ambos candidatos, la movilización o desmovilización de los votantes son el dato clave. Y nadie sabe aún cómo medirlo.

Cabe suponer que la población preferirá el sentido común de la experiencia de Clinton frente al bocazas antisistema de Donald Trump.


En todo caso, este miércoles en Las Vegas vivimos un acto más del espectáculo grotesco en el que se ha convertido esta campaña electoral. Hillary ganó el debate tras arrasar en el primero y perder en el segundo. Hay consenso entre los analistas de que la actuación de Trump fue buena -iba ganando a los puntos- hasta que metió la pata hasta el fondo. Dos frases pueden haber hundido definitivamente al magnate de la construcción. Por un lado, al afirmar que "no sabe si reconocerá la victoria de Clinton, hasta el momento de las elecciones". Trump puso en duda el sistema electoral y habló de un posible fraude. A los estadounidenses no les gusta que duden de su imperfecto sistema. De hecho, el numerito que montó Al Gore cuando no reconoció la victoria de George Bush en el año 2000 significó su defenestración política para siempre.


La segunda gran metedura de pata tuvo que ver con el insulto despreciativo hacia Hillary Clinton: "Qué asco de mujer", susurró entre dientes Trump en un momento del debate, lo que viene a confirmar que realmente tiene un problema con las mujeres.


Hasta entonces, Trump había defendido con cierto éxito su teoría sobre política exterior, y Clinton se defendió asegurando que nadie en el Pentágono se fía de que Trump tenga cerca el botón nuclear.

También ganó claramente el debate económico. Pero le perdieron su odio hacia las mujeres - clave en éstas elecciones-, su soberbia y su falta de preparación. Clinton está mas preparada, tiene toda la experiencia y, aunque no levanta pasiones, cabe suponer que la población preferirá el sentido común de la experiencia frente al bocazas antisistema de Donald Trump. Quedan tres semanas para la gran cita.