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24 horas de histeria y de historia para vencer o dialogar

11/10/2017 20:26 CEST | Actualizado 11/10/2017 21:35 CEST
EFE

Solo habían pasado 20 horas desde que Puigdemont declarara la independencia aplazada -o lo que sea- cuando Mariano Rajoy ha traspasado las puertas del Congreso de los Diputados. Ha sido una sesión inusualmente silenciosa, respetuosa, lo cuál ya es mucho en los tiempos que corren. La tristeza y los temores de los diputados nacionalistas han tintado la tarde. El resumen del sentimiento nacionalista lo ha hecho Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso: "Llegados a este punto, presidente, el dilema es vencer o solucionar el problema".

Rajoy utilizó a Esteban para desear que Puigdemont entienda lo mismo que el portavoz del PNV, que el president catalán no declaró ayer la independencia. Fue, además, una tarde donde un alimento básico como la patata, traída de América, puso la nota de humor fácil, que quedó desdibujado tras la pasada por la derecha que Albert Rivera le hizo a Rajoy. La acusación que le hizo Campuzano a Rivera, tachando de discurso falangista al de Ciudadanos, fue la nota oscura de la tarde.

La expectación era absoluta, sobre todo entre los del PP. Desde Bruselas han llegado eurodiputados directamente desde el aeropuerto; el AVE de Barcelona ha traído a Albiol –el pivot de la derecha española como le definía algún colega con orgullo, al verle entrar- uno de los más palmeados por sus compañeros en los pasillos. Volaban las sillas a hombros de los ujieres del Congreso, para ampliar los sitios entre la bancada del PP.

"Rajoy ha vuelto a ganar", escribía en su móvil uno de los populares, con raíces en Catalunya, mientras el presidente desgranaba su discurso, envuelto en un silencio incluso estremecido, que hacía tiempo no reinaba en el hemiciclo. Hablaba y los diputados del PDecat, encabezados por su portavoz, Carles Campuzano, intercambiaban comentarios, no precisamente alegres. Campuzano se revelaba de vez en cuando, con gestos de no al presidente, cuando aseguraba que el Govern había invitado a los catalanes a votar donde quisieran "las veces que quisieran".

Las señorías procedentes de Cataluña lucían ojeras y los estragos del cansancio han aflorado durante la intervención de Rajoy. Si los diputados del PDeCat necesitaban hacer un esfuerzo para mantener la atención, Joan Tardá –el portavoz de ERC- se ha concedido unos minutos de reflexión dormitada. A su lado, Gabriel Rufián estaba más pendiente de su móvil que de las palabras de Rajoy. Excepto cuando el presidente del Gobierno, al final, le ha mencionado de forma indirecta, al apelar al señor Tardá y a su acompañante y recordarles que "lo exagerado acaba siendo irrelevante".

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Carles Campuzano, del PDeCat, durante su intervención en el pleno del Congreso. EFE/Kiko Huesca

La modorra y el cansancio de los diputados catalanes –no hay señoría que no reconozca las horas de sueño que les está robando el asunto catalán- se sacudió con algunos de los datos más duros aportados por Rajoy. "El sector turístico está resultando uno de los más golpeados por la inestabilidad, con una caída de reservas de hasta el 20%en hoteles y del 40% en apartamentos turístico... Se han producido muchas más advertencias y recomendaciones a viajeros internacionales con motivo de los acontecimientos de estos días que a raíz de los atentados terroristas en las Ramblas y Cambrils".

Ese párrafo de Rajoy acentuó el desasosiego e inquietud entre los catalanes, quienes reconocen en privado que la fuga de empresas ha sido el determinante en la declaración de la independencia diferida. "Tanto o más que las presiones internacionales y Donald Tusk, la economía y la fuga de empresas ha sido determinante en la oferta de diálogo del president Puigdemont", asume uno de los diputados ex convergentes.

UNA SONRISA POR FAVOR

La solemnidad de la tarde se ha aligerado con las sonrisas risas y comentarios que han provocado entre la prensa la referencia de Pablo Iglesias a Rajoy. Le ha aconsejado no fiarse del señor Rivera, porque "es el principal operador político de Aznar" en esta crisis. Algunos se lo han tomado muy en serio y Rivera ha vuelto a pasar por la derecha a Rajoy.

Margarita Robles, la portavoz del PSOE, ha intentado defender el difícil papel de los socialistas, apoyo y crítica a la vez. Pero una vez más ha quedado de manifiesto que el PSOE tiene un problema con la ausencia de Pedro Sánchez del Congreso, por más que hoy haya intentado subsanarse con la intervención de la mañana desde Ferraz, tras la entrevista con Rajoy. El momento más duro para los socialistas ha tenido lugar cuando Joan Tardá se ha dirigido a Robles para decirle que los socialistas, si detienen a Puigdemont y al gobierno catalán, serán corresponsables.

Han sido 24 horas de historia y de histeria. Detrás quedan una parte de los desasosiegos y la certeza de que esto va a para largo.

MIEDOS NACIONALISTAS

Los temores de los diputados de los partidos autonómicos eran evidentes. Desde los más concernidos del PDeCat y ERC, a vascos y valencianos, como Aitor Esteban y Joan Baldoví, que no ocultan sus miedos. Preocupados e incómodos y temerosos ante la reacción de Rajoy en los próximos días, tras el requerimiento a Puigdemont, imprescindible para aplicar el 155.

Temen que el presidente del Gobierno se deje arrastrar por las presiones de la prensa de extrema derecha, como le dijo Aitor Esteban, mientras que Baldoví –el portavoz de Compromís en Valencia- le recordaba que el problema catalán va más allá de las "patatas catalanas, las euskalpatatas" y las patatas valencianas o murcianas, siguiendo la estela patatera del discurso de Esteban, por incluir alguna nota de humor. Estela la que, ágil, se apuntó Rajoy, recordando que se han olvidado las patatas españolas.

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El portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, durante su intervención.

Como trasfondo, fue unánime la petición al presidente para que no escuchara el lenguaje de guerra y los discursos incendiarios. El "Viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley" del himno de la Guardia Civil, citado por Esteban, fue representativo, al retratar el pánico a que Rajoy se incline por la mano dura e incurra en la humillación del contrario.

También en las filas de Podemos, e incluso entre algunos socialistas, se echó de menos un gesto del PP -incluso en pasillos- después de que Tardá reprochara a Rajoy, la ausencia de rectificación de Pablo Casado, al referirse al final de Puigdemont y del president Companys. "Sin duda fue un error, una muestra de que Casado no sabe mucha historia, pero es tremendo", comentaba una diputada de En Marea.

LA EXTREMA DERECHA

Han sido 24 horas de historia y de histeria y "tenemos cuatro o cinco días de sosiego, pero esto no ha acabado –reflexionaba un viejo socialista a la salida- Al contrario, vuelve a empezar. Mañana es el día de la Hispanidad, veremos qué ocurre con la extrema derecha en el desfile. Han despertado".

En la puerta del Congreso de la Calle Cedaceros, las señorías han recogido sus maletas. Dejan atrás 24 horas para no olvidar, por muy desagradables que hayan sido. Algunos salían más ligeros de hombros que la tarde anterior, cuando entraban al pleno dispuestos a escuchar a Puigdemont desde su escaño en Madrid, vía teléfonos móviles.

Detrás dejan una parte de los desasosiegos y la certeza de que esto va a para largo. Atrás quedan, como decía Aitor Esteban desde la tribuna, los nacionalismos -vasco y catalán- descalificados a menudo por el PP y Ciudadanos como no democráticos, mientras el "patriotismo democrático" será mañana protagonista en el día de la Hispanidad.