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El concurso político del año

20/02/2014 07:06 CET | Actualizado 21/04/2014 11:12 CEST

Y aparte de para saber si gana Rajoy o Rubalcaba, ¿para qué sirve eso del Estado de la Nación? El concepto suena a viejuno. Dos señores que interesan cada día menos a los ciudadanos, tal y como señalan las encuestas, concursando por lograr que los medios les concedan la banda de Míster Político del Año. Sin ningún sex-appeal que atraiga la atención de tu madre, de tu hijo y de ti mismo, ¿cómo van a luchar contra el aburrimiento que provocan? Ni siquiera enseñando los abdominales aumentarían la audiencia de los tres días seguidos que nos esperan la próxima semana. Como si les fuera la vida en ello, escucharemos a los líderes de los partidos debatir y debatir. Otra cuestión es que logren que el personal no desconecte.

"La principal responsabilidad (para huir del aburrimiento) la tiene el protagonista, que es Rajoy, porque es el que tiene que hacer el guión sobre la situación del país, que es de lo que trata", apunta Carles Campuzano, de CiU, que tiene tan pocas esperanzas como los ciudadanos de que esta vez sea diferente: "Es un problema de formato, como ocurre con la mayoría de los problemas de esta casa -el Congreso- que hace que las discusiones resulten escasamente útiles, porque las decisiones que se aprueban tras esas decisiones no tienen un efecto práctico. El funcionamiento del Congreso está enquilosado. Hasta el presidente del Congreso es consciente de que la fórmula no da para más: "Antes, los debates sobre el Estado de la Nación eran más interesantes. Pero han ido derivando hasta convertirse en un concurso que desvía la atención sobre lo esencial".

Lo esencial es lo que preocupa a la gente: El paro, la corrupción, la economía, la pérdida de libertades, el deterioro de los derechos sociales. ¿De qué va a hablar el presidente Rajoy? "El presidente va a ser fiel a sí mismo", responde Alfonso Alonso, portavoz del grupo parlamentario popular. Por un momento pensamos que lo de 'fiel a si mismo' es una ironía, pero como prosigue imperturbable interpretamos que va en serio. "Hablará de cómo está España, de la recuperación incipiente tras siete años de crisis, porque hay que reconocer cómo estaba y cómo está el país saliendo de la crisis. Se centrará en la visión de futuro, haciendo propuestas que llegarán a la gente". Entre dejarnos abducir por la soflama o resistirnos como unas Santa María Goretti modernas, optamos por tragar, y Alonso prosigue: "La gente sí se ha enterado de lo que pasa en España y de las reformas que hemos hecho. El presidente va a hablar para los españoles del futuro bueno que nos espera". El millón y medio en Suiza del popular Enrique Granados, los sillones para las viejas glorias del PP en la semipública Enagas o la petición de dimisión de Jorge Fernández Díaz por las muertes en Ceuta, son los asuntos que en una mañana como la de hoy, siembran la duda sobre ese panorama de color de rosa que dibuja el Gobierno.

La supuesta recuperación económica queda claro que centrará el discurso del presidente huyendo del aborto, de la seguridad ciudadana o de cualquier otro tema que le desastabilice emocionalmente. Rafael Hernando confirma nuestros temores: "Vamos a hacer un análisis de la evolución de la situación económica para que la gente comprenda en profundidad el alcance de las reformas. Habrá temas como el aborto que estarán porque son monotemáticos". Mucho poder hipnótico tendrá que ejercer Rajoy para idiotizar a los seis millones de parados y convencerles de que España va bien. "Si tuviera (Rajoy) un mínimo espirítu crítico, abordaría el efecto terrible que sus reformas han causado en el mercado de trabajo- apunta Uxue Barcos de Nafarroa Bai- y yo, en los tres minutos que tengo, quiero que me explique que pasa en la Unión Europea con aquellos 2.000 millones que nos iban a dar para el empleo". Frente a lo que defiende Hernando con el monotema del aborto, la navarra sostiene que ese sí que es "el esperpento de Valle-Inclán que el Gobierno quiere situar como contexto de fondo para recuperar a su electorado en la elecciones europeas".

Y una vez que cada uno haya defendido sus posiciones, ¿cómo se materializan tantas buenas intenciones para mejorar la vida de la gente? "Lo más útil, después de hacer la radiografía de la situación, son las propuestas de resolución porque conectan bien con lo que preocupa al ciudadano. Pero si el Gobierno abusa de su mayoría absoluta, todo será muy poco interesante", explica Emilio Olabarría del PNV que insiste en la necesidad de "un diseño económico diferente al actual, que es el culpable del empobrecimiento de las clases medias". En el anterior debate del 2013, el PP haciendo uso de su mayoría absoluta, sólo aprobó dos propuestas de resolución de las 105 registradas, que no fuesen suyas. Una de las dos, abogaba por un pacto contra la corrupción del que todavía no hemos visto los efectos. Con el mismo talante negociador del año pasado, Rafael Hernando adelanta la posición de su partido: "Si los grupos proponen cosas en línea con las reformas del Gobierno, las apoyaremos. Si van en contra, no".

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