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El funeral de las ilusiones

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Foto: EFE

Hoy ha cambiado algo más que el tono de piel de sus señorías, la mayoría más morenos tras las vacaciones. Hoy, más que a una investidura, hemos asistido a un funeral. Al funeral del cambio. El tono monocorde de Mariano Rajoy acompañaba la sensación. En nueve meses se han esfumado las ilusiones de quienes pensaron que había posibilidades de comenzar una nueva etapa política. El viejo PP y su líder han hecho de sí mismos, "Rajoy en estado puro" coreaban los suyos. Ciudadanos y Podemos, esos jóvenes partidos que entraron al hemiciclo ante la expectación de los españoles para regenerar la política y ponerla al servicio de los ciudadanos, han dilapidado la confianza que les habían entregado sus votantes. Más que un día soleado de finales de agosto, ha sido un día gris.

El hastío del hemiciclo

"Preferiría estar en la playa", confesaba una televisiva senadora pepera al entrar para escuchar a su líder. Eso mismo debía pensar Rajoy mientras dormía al respetable con un soporífero discurso que desgranaba sin ganas. Resumía la abulia imperante ante una investidura que será fallida. La misma que impulsa a muchos ciudadanos a admitir que gobierne ya quien sea sin meditar lo que puede implicar para sus vidas cuatro años más de Gobierno de este hombre. El mismo que ha desligado las pensiones del IPC, que ha destruido la negociación colectiva, que ha legitimado los empleos basura y ha creado una clase nueva, la de los trabajadores pobres, y que ahora presume de una recuperación que ha dejado a un tercio de los españoles en la cuneta. Que además, preside un partido juzgado por corrupción.

El besamanos de los ministros de Rajoy a Ciudadanos

Los besazos de Fátima Bañez al equipo de Albert Rivera resonaban en el hemiciclo y marcaban un punto de inflexión. "Eso es positivo", respondía una risueña Bañez eufórica con la resurrección propia y de sus compañeros. El becario, como llamaba Rajoy al líder de Ciudadanos, ya es uno de los suyos. Al menos, eso era lo que tocaba aparentar hoy. Jorge Fernández Díaz ha gastado un buen rato en hacer la ola a Rivera y Girauta, dando tiempo a las cámaras a captar el momento. De hecho, era difícil distinguir qué diputado era de cada uno de los dos partidos, dada la sobredosis de hermanamiento. Rivera y los suyos han intentado mantener las distancias, no esbozando siquiera una sonrisa ninguna de las tres veces que Rajoy les ha dado las gracias y se han esfumado tras finalizar el discurso, dejando todo el espacio en el patio y los pasillos al PP.

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Foto: EFE

Podemos, de la expectación al desvanecimiento

Sumidos en luchas internas y con el descrédito de haber perdido la oportunidad de impedir que Rajoy volviera a presentarse a la investidura han entrado Pablo Iglesias e Íñigo Errejón juntos. Nada que ver con la expectación que despertaron a principios de año. Cabizbajos, les seguían los suyos sin creerse todavía que habían jugado exactamente el papel que Rajoy había previsto para ellos y que les ha pasado la consiguiente factura electoral. Las palabras de Iglesias tendiendo la mano al PSOE de nuevo suenan a chiste, como cuando Rajoy ha afirmado sin sonrojarse que el PP ha hecho todo lo posible por recuperar el dinero de los corruptos.

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Foto: EFE

El antipatriotismo de Rajoy

"Todo tiene un límite", ha dicho el presidente en funciones. Suena rara la prisa de Rajoy, cuando hace apenas un mes Felipe VI tuvo que pedir ayuda a los demás partidos para que instaran a aceptar su encargo al señor que hoy se ha subido a la tribuna a pedir apoyo para la investidura. Exige que le otorguen la mayoría que no logró en las urnas el 26 de junio. Unas segundas elecciones que tuvieron que celebrarse porque el candidato que había obtenido más votos se negó a mover un dedo y esperó a que fueran otros los que intentarán una labor que le correspondía a él. No tuvo entonces la más mínima prisa, ni le importó la situación en la que ponía al rey ni la parálisis a la que abocaba al país. Choca que entonces el patriotismo fuese la última prioridad, que se haya tomado con tanta calma la situación de "los padres, los parados en busca de trabajo, los empresarios y la UE" con los que justificaba esta tarde la necesidad de un Gobierno estable que solo él puede liderar.

El deterioro de la clase política

Nada queda del sex appeal que envolvía a los nuevos políticos en la campaña del pasado diciembre. Si a alguien ha perjudicado la investidura de hoy es a quienes lograron devolver a los ciudadanos por un breve espacio de tiempo la esperanza de que otro futuro era posible. Con menos corrupción, con menos desigualdad, con más democracia. Logran así los viejos partidos su objetivo de igualar a los nuevos con los de siempre, para que se les confunda y entren todos en el estereotipo. Se siembra el terreno para que en el hipotético caso de unas terceras elecciones, los votantes decepcionados se abstengan y el PP logre sacar de nuevo a sus propios abstencionistas de casa el día de Navidad.

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