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El reto de Margarita Robles, “dejar de ir a su bola”

21/06/2017 12:57 CEST | Actualizado 21/06/2017 12:57 CEST
EFE

A las 8:40 de la mañana, Margarita Robles se dirigía ya hacia el hemiciclo "con tiempo, como los niños en 1º de primaria. Es verdad que en el Consejo teníamos debates similares, pero no es lo mismo. Sé el morbo que esto levanta", comentaba la magistrada Robles, desde hoy portavoz parlamentaria del "nuevo" PSOE.

Evidentemente, tenía más morbo para los suyos que para los demás, sus compañeros le seguían la pista muy de cerca. Su designación ha sido una cabezonería de Pedro Sánchez. Porque hasta en el círculo más próximo al secretario general generaba dudas la ausencia de ataduras con que se maneja. "Va a su bola y no se sabe por dónde puede salir", señalaban cada vez que su nombre se ponía encima de la mesa, desde que saliera elegido secretario general. Algo de lo que la propia Margarita era consciente, tanto, que hace un par de días le dijo a un amigo: "Se me acabó ir a mi bola".

Sánchez sabe que es una colaboradora fiel en la que puede confiar. Desde la trifulca de Ferraz de octubre, en la que tuvo que dimitir, no ha dejado de llamarle y animarle. En la primera etapa, cuando más deprimido estaba, le instó incansablemente a dar un paso al frente y recuperar la iniciativa. Se convirtió en el pilar de los diputados del NO, cuando eran considerados traidores entre los suyos. Orgullosa y resuelta, durante la campaña era una imagen solvente para acompañar al candidato, en cuyos actos cosechaba grandes aplausos su discurso medido y contundente.

Hoy se estrenaba ante Rajoy. No le temblaban las manos –y eso que sus folios caligrafiados le hubieran delatado- pero no ha podido evitar el tono de magistrada del Supremo -"Escúcheme bien, señor Rajoy"- que la define. Antonio Hernando, su predecesor, asegura que "ha hecho una pregunta correcta y centrándose en el fondo de la cuestión, ha concretado muy bien el tiro".

La socarronería no es una virtud teologal y la nueva portavoz del sanchismo va a tener que vadear ese ausencia de fino humor que se le achaca sin impostar.

Mientras que Antonio Pradas, hombre de confianza de Susana Díaz, dice que "ha estado oportuna, hemos hilado muy bien en la reprobación del ministro Montoro. Se pueden cerrar las heridas. Ayer, la reunión del grupo fue una muestra de ello. Hubo también unanimidad en torno a las propuestas de la Ejecutiva". El propio Pradas comentó ayer a sus compañeros la buena impresión que le había causado la portavoz.

"Yo creo que ha estado muy bien. Es su primera intervención y tiene derecho a un rodaje. El tema de hoy lo dominaba, porque era el Tribunal Constitucional y la amnistía fiscal. Es evidente que la respetan", apunta Zaida Cantera, una de las diputadas con la que más ha compartido la última etapa.

El dolor de estómago que tenía hoy José Luis Abalos, portavoz provisional, debido a su úlcera, le ha hecho ser escueto: "Ha estado bien. Ha hecho un esfuerzo". Con el esfuerzo, los suyos se refieren a la ironía. Algo que el presidente del Gobierno domina, pero que no es el fuerte de Robles. "Su defecto es que le va a fallar la socarronería y el sentido del humor", apunta un diputado cercano, que alaba en ella el manejo de los tiempos y su conocimiento del reglamento, algo esencial para llevar ventaja en el Congreso.

Quienes han estado con Robles estos meses en la Comisión de Justicia, que presidía, conocen bien su carácter. "Ejerce mucho de jueza del Supremo y se han producido diversos roces, no solo con los diputados que la componen sino también con la letrada Piedad García Escudero. Entre ambas saltaban chispas por la interpretación del reglamento", apunta un parlamentario de la comisión.

La templanza es una de las virtudes que manejan los jueces, y Robles, pese a tener un carácter nada resignado, ha logrado administrarla y ejercerla en la judicatura. La socarronería no es una virtud teologal y la nueva portavoz del sanchismo va a tener que vadear ese ausencia de fino humor que se le achaca sin impostar. Otro reto, además del de ser disciplinada con el partido.