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El uso de los portavoces como mamporreros

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La tarde del martes 13 de setiembre de 2016, un portavoz parlamentario de Economía del Partido Popular, de nombre Eloy Suárez Lamata, pasó a engrosar el listado no escrito de las intervenciones penosas y chuscas de la Cámara. Suárez Lamata, desconocido para la mayoría de los españoles, pero famoso en Zaragoza -candidato a la alcaldía por su partido, nunca logró recuperarla- se descolgó con una intervención fuera de tono, que hasta ruborizó al ministro de Economía Luis de Guindos. Hasta el punto de que cuando su colega de partido terminó, Guindos comenzó su respuesta recordando que la amabilidad y la cortesía parlamentaria siempre son un bien fácil de mantener.

No está claro que Eloy Suárez tomara nota, envalentonado como estaba por su primera tarde de gloria ante la mirada perpleja de los asistentes. En una Comisión en la que se estaba hablando del caso Soria y las explicaciones de Guindos a esa candidatura al Banco Mundial, el fracasado candidato a la alcaldía de Zaragoza sacó a relucir la negociación con ETA en la etapa de Zapatero, el caso Faisán, Venezuela a Pablo Iglesias y hasta los "cojones" atribuidos en su día a Bibiana Aido.

Nadie entendía nada, ni siquiera los suyos. "Este va a hacer bueno a Vicente Martínez Pujalte -anterior portavoz del PP en esa Comisión de Economía y hoy en líos judiciales- y nos va a dar muchas tardes de gloria", murmuraba un diputado nacionalista, mientras que una señoría de En Marea se llevaba las manos a la cara para taparse la expresión de asombro y espanto ante la educación y el tono del personaje.

Eloy Suárez lleva sólo un par de legislaturas en el Congreso y no le había dado tiempo a significarse. "En Aragón le conocemos bien. Es un ceporrete a quien Luisa Fernanda Rudi se ha quitado de encima porque ya no sabían qué hacer con él, y le ha colocado aquí", aclaraba un socialista aragonés a otro diputado catalán.

Las agresiones de Rafael Hernando

La del portavoz Suarez Lamata no es la única intervención que ha hecho chirriar la cortesía parlamentaria en los últimos tiempos. Fresca en la memoria de la clase política y de los ciudadanos que aún siguen las cuitas de cada día está la intervención del portavoz parlamentario del PP, Rafael Hernando, quien en un estilo calificado de "macarra" por otros parlamentarios, repartió leña con malos modales y más que faltón a quienes iban a votar por Rajoy, Ciudadanos, o a sus contrincante, como PSOE y a Podemos.

Sobre el tipo de parlamentario que es Hernando, para los de memoria frágil, baste recordar el intento de agresión -a tortas, vamos- que protagonizó en el año 2005, cuando se le tiró encima a Alfredo Pérez Rubalcaba.

Intervenciones históricas por lo desagradables y sobrepasadas ha habido siempre en la Cámara. Otra de las vergonzantes fue la del portavoz socialista Juan Pedro Hernánez Moltó, en la comparecencia del que fuera gobernador del Banco de España, Mariano Rubio. La sobreactuación de Moltó con aquel "Señor Rubio, míreme a la cara, de frente..." y todo el contexto de la intervención fue tan brutal que hasta sonrojó a la misma bancada socialista. Hoy, Hernández Moltó vive su propio vía crucis judicial con la Caja de Castilla-La Mancha.

Algo similar ha sucedido con Vicente Martínez Pujalte, portavoz de Economía del PP durante tiempo, una de las señorías que más veces se ha llevado el apelativo "chisgarabís" -eso sí, con tonillo simpático- de sus compañeros, ya fuera por sus desaforadas intervenciones como por su mala educación, que quedó patente en el enfrentamiento con Manuel Marín, presidente del Congreso, quien le expulsó del escaño. Lo curioso en el caso de Pujalte -hoy también con problemas ante la justicia- es que tenía amigos entre todos los grupos parlamentarios y era cariñosamente definido como "un personaje de cómic". No se sabe cuántas de esas amistades le reivindicarían hoy.

Requisitos para ser un buen portavoz

Hay al menos tres requisitos imprescindibles para ser un buen portavoz: el primero, saber de la materia de la que uno se hace responsable, porque si no, "la improvisación y la inseguridad te hacen subir el tono y tirar de mala educación, insulto y vociferar para ocultar tu ignorancia", recuerda un ex ministro socialista, que durante lustros ha ejercido en diferentes cargos y portavocías de comisiones.

El segundo sería trabajar, estudiar y preparar a fondo la materia sobre la que vas a tratar y debatir con el cargo del Gobierno que tienes enfrente, que siempre cuenta con mayores apoyos, datos y asesores que el parlamentario de turno, porque tiene a su servicio toda la maquinaria de su ministerio. Por eso es imprescindible estudiar y buscar el consejo de otros expertos que te puedan aportar. La tercera condición imprescindible es saber "que estás en un parlamento moderno, donde es necesaria una dosis importante de capacidad para la deliberación, convencer y ceder para llegar a acuerdos", remata el ex ministro del PSOE.

Sus razones coinciden de pleno con las de un ex diputado del PP, para muchos la cabeza mejor amueblada con la que durante años contó Aznar y hasta hace poco, el PP de Rajoy. "El conocimiento de la materia es imprescindible. Todos los que tenemos experiencia parlamentaria sabemos que la agresividad y la descortesía, en la mayoría de las ocasiones, no hacen más que disimular la incapacidad del diputado, que tiende a tirar de brocha gorda para ocultar sus problemas de formación".

Conviene introducir un matiz -apuntan los expertos consultados- en las formas en que se introducen las intervenciones parlamentarias que chirrían. Por ejemplo, mientras que la de Eloy Suárez se puede clasificar como la típica intervención "del mamporrero que ha venido a hacer carrera a Madrid, tras fracasar en Aragón, y que tiende a excederse en sus funciones de capataz solo por agradar a los jefes y mantener a flote su carrera, en la de Rafael Hernando, el pasado 31 de agosto, cabía también la interpretación de que fuera una estrategia para entrar en el juego de la distorsión en la función parlamentaria".

En las dos últimas legislaturas, argumentan los defensores de esa estrategia, el Congreso de los Diputados se ha convertido en un plató de televisión donde nadie quiere llegar a acuerdos ni a aproximación de posiciones. Por eso recurren "a las extravagancias, el tono chusco y chirriante", subraya un destacado observador político que conoce bien tanto a Mariano Rajoy como a Pedro Sánchez.

Hay miles de formas de descortesía parlamentaria. Hemos escogido ejemplos mínimos, que ponen de manifiesto la estupidez y el mal gusto en los tiempos recientes y remotos, que solo sirven para el desprestigio de los propios grupos parlamentarios, de la señoría estrella por unos minutos, de la Cámara y de la clase política como tal.

Nos hemos dejado en el tintero ejemplos contradictorios que han salido a la hora de interrogar sobre el asunto, como el de la ex ministra y ex diputada Rosa Aguilar en el Gobierno del PSOE. En su día fue mano derecha de Julio Anguita -y allá por el año 1995, en los tiempos de la pinza Anguita-Aznar- no se frenaba a la hora de recordar a Felipe González los GAL con las palabras más duras; o más reciente, la intervención de Irene Lozano como diputada de UPyD, llamando corruptos practicamente a todo el Grupo Parlamentario del PSOE, hecho que le fue más que recordado cuando luego ingresó en las listas del PSOE por Madrid como gran fichaje por deseo de Pedro Sánchez.

En más de una ocasión, charlando con los diputados del PP sobre este tema, ha salido también Susana Sumelzo, ahora portavoz del PSOE en la Comisión de Cooperación, y recordada por alguna señoría conservadora como "otra de esas personas que tira de agresividad y tono desabrido cuando no sabe la materia, algo que sorprende porque de entrada la ves menuda y frágil". Claro que los socialistas encajan en este papel de ignorante y agresiva a Andrea Levy.

Cuestión aparte son las otras intervenciones, las que no son estúpidas pero sí denotan dureza o crueldad, que merecerían otros artículos y remontarse a la noche de los tiempos, con las barbaridades de Alfonso Guerra y Felipe González a Suárez y sus compañeros de la UCD;

O más recientemente, a la frase lapidaria de Mariano Rajoy, como líder de la oposición, cuando acusó a Zapatero de "haber traicionado a los muertos" de ETA.

A caballo entre la modalidad de chirriante, fuera de lugar y brutal también se cita la "cal viva" de Pablo Iglesias a Pedro Sánchez.