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La 'millennial' Irene Montero se gradúa frente al vetusto Rajoy

13/06/2017 13:14 CEST | Actualizado 13/06/2017 13:23 CEST
EFE

Pasadas las 9 de la mañana, la portavoz de Podemos se ha agarrado a la yugular de Rajoy y del PP y no ha soltado la presa en su larguísima intervención de dos horas. Era la hora de los millennials ante el poder de quienes dan la espalda a la falta de oportunidades de la generación más preparada de la historia. Iba más allá de una moción de censura que no tenía intención de prosperar.

Frente a la corrupción y el futuro turbio, el presidente Mariano Rajoy se escondió tras el burladero de los datos económicos más favorables.

Las caras del Gobierno y de la bancada popular arrancaron con el rictus irónico de ¡qué hace esa chica ahí arriba! Pero lo que parecía un discurso un tanto deslavazado en el que se mezclaban la corrupción y la lucha histórica de las mujeres por sus derechos, se tornaba a partir de las 9:30 en una máquina de desgranar las vergüenzas de un partido al que la corrupción ni tan siquiera saca los colores.

La interminable lista de casos de corrupción y de corruptos en los que está implicado el partido que gobierna y que Montero ha enumerado con sorna ha congelado hasta la compulsiva risa de Rafael Hernando por unos minutos. Una lista de 1 minuto 39 segundos que justificaba por sí sola la intervención y que ha minado la moral de la bancada popular. Solo Rajoy ha recuperado el orgullo de los suyos al salir personalmente, en contra de lo esperado, a responder a la joven millennial con una batería de datos económicos positivos, que lo único que servían era para demostrar que una parte esencial de este país se ha quedado irremediablemente en la cuneta.

¡Qué vergüenza!", era el efectista claim con el que la voz más poderosa de Podemos, por encima ya de Pablo Iglesias, remataba cada caso detallado de trafico de influencias.

¡Qué vergüenza!", era el efectista claim con el que la voz más poderosa de Podemos, por encima ya de Pablo Iglesias, remataba cada caso detallado de trafico de influencias o de injerencia en la justicia y en las instituciones del Estado. "Pidan perdón y devuelvan lo robado", ha sido otro de sus mantras.

Montero, que empezó con un buenos días y les espetó a los del PP lo de "son los señoritos del cortijo", siguió creciendo durante la segunda parte, aunque entró en momentos monótonos, pero sin parar de deleitarse en la corrupción, su arma más contundente y sobrecogedora, por más que el portavoz Rafael Hernando no dejara de mondarse de la risa durante buena parte de la intervención de Montero.

Cuando Rajoy se ha levantado para responder a la portavoz de Podemos, las ganas y los riesgos de ningunear a la "chica" de 29 años –"esa que da voces", decían afines a los populares- ya se habían extendido entre la bancada. Hasta María Dolores de Cospedal, descompuesta por las alusiones de Montero a su marido en el bloque de la corrupción, ha aguantado sin deslizarse en la pendiente de sus colegas de partido. Lo mismo Cristóbal Montoro, que tras responder para los suyos a las acusaciones sobre su reforma fiscal inconstitucional, también ha guardado los modales, los mismo que el ministro de Justicia, el señor Catalá.

Entre las filas de Ahora Podemos, también los errejonistas se han apresurado a sumarse a las felicitaciones por el buen papel –para los suyos- jugado por Montero en las más de dos horas. Consciente de que estaban siendo vigilados sus rostros y sus expresiones, un inicialmete taciturno Iñigo Errejon ha cambiado su talante.

Sobraban Franco y Carrero Blanco. Un tributo a ese Podemos que se ha impuesto a la otra mitad, que se mira en Anguita y parece haber heredado las guerras de sus padres, aunque las suyas sean las de la época actual en la que les ha tocado vivir.

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