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La última noche más larga

26/10/2017 20:57 CEST | Actualizado 26/10/2017 20:57 CEST
EFE

"Va a ser una noche larga", apuntaban los asesores de la vicepresidenta en los pasillos del Senado. Se agota el tiempo para evitar que mañana se vote en el Senado el temido 155. Los comentarios fuera de la sala Europa parecen escritos por un séquito de guionistas de una serie. Tratando de llevar al espectador a máximas cotas de tensión para luego reconducir el climax y dejar la resolución para el próximo capítulo. "No veo posibilidad de acuerdo", asegura José Luis Ayllón. "No veo que pueda haber un cambio", dice grave Carles Campuzano que ha tenido que abandonar la sala con Ferrán Mascarell, delegado de la Generalitat en Madrid, tras no permitirle hablar en nombre de Puigdemont.

Teatro, mucho teatro y la batalla por el relato, por vender la derrota, por cómo se distribuye. Es lo que han estado negociando, y siguen en ello, algunos de los que luego niegan con vehemencia que pueda haber arreglo, cuando en despachos no oficiales se reúnen con el contrario, junto con dos o tres fontaneros de confianza. O tras la reunión se llaman por teléfono a cualquier hora, trasladando, y a veces forzando, respuestas. Todo intermediario tiene un margen, y más cuando sólo está su interpretación.

Tener ávidos a la nube de periodistas que siguen a una parte y a la otra es lo que buscan Puigdemont y Rajoy. Hay que dejar constancia, como notarios, de la versión que les conviene difundir. "El Gobierno no puede ceder ni un milímetro, primero tienen que convocar elecciones en el Parlament y luego, no inmediatamente, se irá materializando el acuerdo. Los Jordis no podrán seguir mucho tiempo en la cárcel, es una obviedad", apunta uno de los participantes en las negociaciones que considera que hay todavía opción.

Lo importante ahora es construir un relato y repartir las culpas.

Muchas dosis de calma, porque la negociación no está muerta. O eso defienden los optimistas. De hecho, sobre la enmienda de no intervenir TV3 planteada por el PSOE, el mismo secretario de Estado con las Cortes ha asegurado que se está estudiando. "Rajoy y Pedro Sánchez hablan a diario, y el presidente ha dado orden de que no se rompa el vínculo con el PSOE, lo que lleva a tener que aceptar algunas de sus demandas", advierte una fuente próxima a Moncloa.

Soraya Sáenz de Santamaría, afónica y poco convincente, ha subido a la tribuna dispuesta a hilvanar el relato que el Gobierno no ha logrado colocar en estos meses, y que hoy estaban a punto de ganarles de nuevo desde Cataluña. Diplocat, adelantándose a Puigdemont, anunciaba internacionalmente un acuerdo con el Gobierno y elecciones, para ser poco después rectificado por el propio president cuando por fin se ha pronunciado tras aplazar dos veces en la misma mañana su comparecencia. Te cuentan previamente este relato de los hechos y no te lo crees.

La vicepresidenta continuaba preparando el terreno para su jefe este viernes, pidiendo permiso para restaurar "la normalidad", cargando las tintas sobre las consecuencias económicas de la aventura independentista. Ahí donde más duele al Govern, 1502 empresas fuera de Cataluña ya y las agencias de rating con el cuchillo entre los dientes. "Las grandes empresas catalanas no tienen más que decir. ¿Te parece poco que se hayan ido? Las pequeñas y medianas nos apoyan, como dejaron claro el lunes pasado en la nit del empresari -organizado por la Cecot-, donde medio Govern estuvo en los corrillos tratando de explicar que ir a elecciones era lo más cabal ahora mismo", explica una fuente cercana a Puigdemont, remarcando que lo importante ahora es construir un relato y repartir las culpas.

Este jueves y el viernes son días grandes en el Senado. En los escaños, tantos ex diputados a los que había que buscarles un retiro por los servicios prestados, se sentían importantes, reconocidos por fin. No se han enterado de que son solo la clá de este espectáculo.

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