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Para qué sirve votar si Alemania y Bruselas se pasan por el forro las urnas

13/02/2015 10:37 CET | Actualizado 14/04/2015 11:12 CEST

El primer combate -siete horas- entre Yanis Varoufakis, ministro griego de Finanzas y sus colegas de la UE acabó en empate. La cita para el segundo round será este lunes, 16 de febrero. Para entonces, los ministros liderados por el durísimo alemán Wolfgang Schäuble ya tendrán más claro de qué va la negociación con "el chico nuevo del barrio" como se definió a sí mismo Varoufakis al terminar la reunión, en la que "nunca se habían planteado llegar a un pacto", según dijo a la salida. Hacía tiempo que un duelo tan desproporcionado entre David -el recién elegido Gobierno griego de Tsipras con millones de ciudadanos detrás- contra Goliat -la todopoderosa Unión Europa, adalid de la política de austeridad- no despertaba tal interés entre jóvenes y viejos europeos del sur, víctimas de la austeridad de la troika y de Bruselas. Si la UE humilla a Tsipras sin ayudarle con una salida digna, millones de personas ninguneados por la política de austeridad se preguntarán: ¿para qué sirve votar a un Gobierno, ejercer la democracia si Bruselas y Merkel se pasan nuestro voto por sus partes? Y en España, la duda es: ¿un hipotético fracaso de Tsipras favorece al PP de Rajoy o a Podemos?

Ahora que hablar de reestructurar la deuda ha dejado de ser un tabú entre los sabios, como evidencia el documento que 300 economistas de todo el mundo acaban de firmar instando a Europa a respetar la decisión del pueblo griego, con el apoyo de popes como James Galbraith, Griffith-Jones, Jacques Sapir o Meda, asumido aquí por Economistas frente a la crisis, es hora de que los políticos se posicionen también. Porque la realidad es que aunque a países tan endeudados como España, con una deuda del 100% del PIB y una privada que ronda el 200%, vamos de mirandas, la situación nos afecta -¡y de qué manera!- en un año electoral, cuando el Gobierno fía su triunfo a la recuperación económica y la oposición a qué clase de recuperación, si la que ha llevado a España a ser el segundo país más desigual de Europa, detrás de Letonia y con 13 millones de personas en riesgo de exclusión y pobreza.

"Si fracasan las negociaciones, será un fracaso para todos los europeos. Hay un interés general en que Grecia siga en el euro" reflexiona Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, cuyo ascenso inquieta lo indecible a Rajoy y a su asesor áulico, Pedro Arriola. "Es positivo que se abra un debate sobre refinanciar la deuda, pero para ser justos hay un rescate pactado con el anterior Gobierno griego, existe un compromiso. Lo legítimo es renegociar la deuda y no amenazar unilateralmente con no pagarla. Los Gobiernos elegidos en las urnas están evidenciando la falta de conexión democrática de las instituciones europeas con la voluntad de los ciudadanos. Eso hace que los ciudadanos se sientan desamparados por esa falta de sincronía entre Gobiernos democráticos y las instituciones europeas", añade Rivera, que sigue muy atento el desarrollo de la negociación.

Es una obviedad que lo bueno para Europa y para Grecia sería un entendimiento, un acuerdo, pero "no cabe un no rotundo a la austeridad y un no rotundo a pagar las deudas que han contraído" explica Pedro Saura, portavoz de Hacienda del PSOE, que carga contra los partidos que usan "el populismo y engañan a la gente con el 'gratis total', porque así cualquiera. El Gobierno griego ya se ha moderado al aceptar que se debata sobre la deuda y los plazos, pero si una familia está en el hoyo y pide más crédito para renegociar el pago de sus deudas sin haber crecido ni mejorado sus ingresos, se hundirá más en el hoyo. Eso pasa con Grecia. Otra cosa es la rígidez del otro lado (la troika y Bruselas), pero en Grecia tiene que haber una politica de crecimiento de verdad para salir del agujero". Pero Saura coincide en que, a su vez, un fracaso del Gobierno de Tsipras es malo para Grecia y para Europa.

La Izquierda Plural es el único grupo que ha presentado una proposición no de ley para debatir en el Pleno del Congreso y exigir al Gobierno Rajoy que impulse un Gran Acuerdo sobre la Deuda Europea, que considera que debe comenzar por la derogación del Tratado de Estabilidad. Por eso, a Gaspar Llamazares, diputado por IU, no le cuesta nada cargar contra la ortodoxia imperante en los dos grandes partidos, a la vista de las consecuencias que ha tenido la austeridad. "El fracaso de Tsipras -asegura Llamazares-sería el fracaso de Europa, porque Grecia es una luz roja que se ha encendido contra la política de austeridad, una política bajo la que los europeos agonizan. Liquidar la llama de ese farolillo rojo griego significaría que el incendio podría extenderse por toda Europa, incluyendo el fin del euro. Si no ceden, Alemania y Schaüble confirman que quieren humillar al Gobierno griego y a los ciudadanos que lo han votado; es hundir la democracia en Europa, entrar en una deriva que no sabemos adonde va".

Menos rotunda que Llamazares se muestra Uxue Barkos, la líder mejor valorada según el CIS -"que se traduzca en votos, por favor", ironiza la diputada de Geroa Bai -pero igualmente preocupada por la negociación entre Tsipras y Varoufakis con la rígida UE. "Europa se está equivocando al no saber escuchar la voz de los ciudadanos griegos. La ortodoxia no puede ser la única manera de responder a los representantes del Gobierno griego, legítimamente elegidos por los ciudadanos griegos. Tsipras y Varoufakis tendrán que aceptar algo, pero a su vez sería una falta de cintura gravísima por parte de Schaüble y Bruselas no darles salida" subraya Barkos, quien difiere sobre las consecuencias que en España puede tener una derrota de Tsipras: "Syriza y Podemos no son lo mismo. Syriza tiene una experiencia política y de administración de la que carece Podemos. Si fracasa Tsipras, habrá que analizar muy bien si se debe a errores de su oferta electoral y cuanto era o no de poco realista. O si se trata por la sordera europea, por un exceso de austeridad".

El debate de la sordera y la ortodoxia de la UE y el populismo o escaso realismo de Syriza se ha trasladado también al mundo de los economistas -o científicos sociales que van mejorando a la hora de traducirlos entre los mortales -como Dani Rodrik o Piketty, tribu a la que pertenece también Yanis Varoufakis, tremendamente críticos con la política de austeridad que ha estrangulado a la Europa del Sur desde 2008. Aquí, la posición heterodoxa de esa tendencia la encarnan Economistas frente a la crisis, grupo al que pertenece Cristina Narbona, la ex ministra de Medio ambiente y miembro del Consejo de Seguridad Nuclear, capaz de hacerse entender a la primera en todo lo que dice sobre el duelo entre Tsipras-Grecia y Alemania-UE. "No podemos creer en esta Europa, necesitamos una Europa distinta, y a ella solo podemos llegar con la convergencia de las fuerzas progresistas en apoyo a Tsipras desde todos los rincones de Europa. No es verdad que no haya otras políticas. Lo que pasa es que en la UE, en estos momentos, dominan la escena los partidarios acérrimos de esa austeridad que ya vemos lo que ha traído" explica la ex ministra, quien entiende que en esta situación "es lógico que los ciudadanos lleguen a cuestionarse para qué votar, si a los elegidos los machacan en Bruselas. La solución pasa por el apoyo de todos los ciudadanos europeos, tanto a través del voto como de la implicación en los movimientos y en las redes sociales",