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Se llama democracia y tiene 40 años

28/06/2017 15:01 CEST | Actualizado 28/06/2017 15:33 CEST

EFE

Arranca oficialmente el Orgullo LGTBI y los reyes celebran en el Congreso los 40 años de las elecciones generales de 1977. Una metáfora de todo lo que ha cambiado en este tiempo. En algunos de los escaños que ahora ocupa Podemos, se sentaban diputados históricos de los partidos que, tras la dictadura, iniciaron el camino hoy tan cuestionado por esas nuevas señorías.

Los viejos y los jóvenes se observaban con curiosidad, aunque el link de haber compartido el mismo hemiciclo en distintos momentos de la historia no ha sido suficiente para romper la barrera generacional. Los más empeñados en promover el acercamiento han sido los diputados de Ciudadanos hacia los de UCD. Albert Rivera, que se considera heredero espiritual de Adolfo Suarez, saluda con respeto a Landelino Lavilla, Miguel Herrero de Miñón y José Pedro Pérez Llorca, los dos últimos padres de la Constitución.

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Otro que ha intentado saludar a uno de sus antiguos referentes ha sido Pablo Iglesias. Al ver que Felipe González iba a pasar por delante de su escaño, se ha levantado para saludarle, pero el expresidente le ha hecho la cobra inclinándose a saludar a Pérez Llorca y Miquel Roca. El expresidente no se ha prodigado entre los suyos. Sin embargo, Alfonso Guerra ha cosechado un sonoro aplauso entre los diputados socialistas cuando ha ocupado el último escaño que ha tenido en la cámara.

Todo este ajetreo era observado desde la tribuna de invitados por el actual secretario general del PSOE, que se encontraba visiblemente desubicado al asistir –según el protocolo- como jefe del partido de la oposición, al haber renunciado al escaño.

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Desde arriba tenía una visión panorámica también de la bancada de Podemos, muy entretenida para analizar sus comportamientos. Aparte de no soltar el clavel de la mano, no había instrucciones sobre los momentos oportunos para aplaudir. Nadie quería meter la pata. En la fila de Pablo Iglesias marcaban el ritmo él e Irene Montero, aunque no siempre al unísono, porque Alberto Garzón y Xavi Doménech iban a su bola. En la fila de Juanma del Olmo no había aplausos, porque él no movía un dedo. Sin embargo, en la de Rafa Mayoral, la tropa aplaudía con las manos por debajo del escaño al igual que él.

El momento culmen ha sido cuando, a los gritos de "Viva el rey" y "Viva España", Pablo Iglesias ha respondido con un "Viva la Democracia" coreado por sus diputados.

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El protagonismo final se lo ha robado el PdeCat con su carteles con urnas, mientras a sus espaldas se desplegaba una bandera de España.

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Los alrededor de 80 diputados que votaron la Constitución del 78 asistían a estos y otros detalles como si fueran un juego de niños. Entre todos ellos sobrevolaba la emoción, que les desbordaba a la salida en los pasillos. Rodolfo Martín Villa, el exministro del Interior de Adolfo Suárez, aquel al que Peridis pintaba con el casco de los grises, era uno de los hombres buscados hoy, tras la exigencia de Podemos de que no asistiera al acto. "Hace 40 años, allí, entre nosotros, había un cierta coincidencia entre distintos y eso ahora no existe. Es otro momento. Y sí, lo de Podemos...¡hombre, es una cosa que no le hace gracia a nadie. Pero hay que aguantar".

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Martín Villa, arriba a la derecha, junto a Javier Solana y Enrique Mújica

Marcelino Oreja, exministro de Exteriores de UCD, está algo menos duro de oído que Martín Villa, pero más conmovido. "Hoy hemos recuperado la emoción que tuvimos hace 40 años. Y sí, he mirado a los jóvenes y espero que ellos se hayan emocionado mirándonos. Solamente les diría que la memoria es esperanza y que, con su temblor por la curiosidad, marquen el futuro". Al lado, Adolfo Suarez hijo con la mujer de Calvo Sotelo, Pilar Ibáñez-Martín, decía: "Solo puedo recordarte el epitafio de mi padre, la concordia fue posible".

Es evidente que la falta de entendimiento y las aparentes diferencias irreconciliables que exhiben los actuales políticos, tienen consternados a los que hace 40 años tuvieron tantos asuntos que pactar, al margen de sus profundas diferencias.

Pablo Castellano, que fue diputado del PSOE y luego de IU, se paseaba por el patio con su yerno, Juan López de Uralde, líder de Equo: "El día merecía la pena ser recordado, pero ha sobrado triunfalismo a toneladas, porque en este camino se han quedado muchas ilusiones. Por ejemplo, se ha pisoteado el Estado de derecho, la igualdad ante la ley y nos hemos instalado en el cinismo constitucional". Rotundo. Más que el antiguo comunista Ramón Tamames. Feliz de regresar al Congreso: "Estamos todos más viejos y más sabios. Me alegra ver todo lo que hemos hecho y a tanta gente joven en los escaños".

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