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Una de historia: ¿este verano será como el del periodo de entreguerras?

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Marcha contra el hambre y el paro en Hyde Park, Londres, 1932/GETTYIMAGES

Si estás harto del espectáculo político nacional, se entiende. Pero no deberías hacer de avestruz, tirar de egoísmo y escapar al resto de las cosas que están pasando ahí afuera, en Europa, en EEUU, en el resto del mundo. Este verano del 2016 -y el otoño, y el invierno- pueden ser claves para tu futuro. ¿Se acelera el regreso de los tiempos oscuros?

Desde la madrugada del 23 al 24 de Junio, la del sí de Gran Bretaña a abandonar la Unión Europea, cada día más gente corriente se preocupa de lo que pasa ahí afuera, por encima de los Pirineos. A las inquietudes y miserias que trajo la crisis económica -pese a la aparente mejora macroeconómica, el paro sigue siendo el primer problema entre los españoles- la situación de los refugiados, la desafección y desconfianza hacia Bruselas y la dureza de los antiguos países del Este, el Brexit ha contribuido a extender el desasosiego entre una parte de la ciudadanía, más allá de la clase intelectual y política. Parte de los jóvenes europeos -miles con Erasmus- ya temen que en la vieja Europa resuciten los fantasmas de los periodos de entreguerras del siglo pasado, algo que ya flotaba en la cabeza de sus viejos.

Aquí, mientras Mariano Rajoy, ganador de las elecciones y presidente en funciones desde hace más de doscientos días, monta el sainete del desfile en La Moncloa y busca estrategias para trasladar responsabilidades al resto de las fuerzas políticas -que le igualan en lo de observarse el ombligo como centro del universo-, los acontecimientos que ya marcan nuestro futuro siguen en un segundo lugar. Incertidumbre, inseguridad, sombras o fantasmas de los tiempos inquietan este verano de 2016.

Se quiere dar salida a los problemas europeos con el refugio en los nacionalismos, levantando fronteras, volviendo a la moneda propia de cada país, afirma Álvarez Junco


Para confirmar si esta inquietud tiene alguna razón de ser o estamos dramatizando, hemos recurrido a alguno de los intelectuales e historiadores de referencia, como José Álvarez Junco (historiador del Pensamiento y de los Movimientos Políticos y Sociales), uno de los apasionados de nuestro tiempo, que vive con preocupación los acontecimientos.

"En mi opinión, no estamos dramatizando con los vientos que recorren Europa. Soy más bien pesimista. Se quiere dar salida a los problemas europeos con el refugio en los nacionalismos, levantando fronteras, volviendo a la moneda propia de cada país... Es un paso atrás enorme. Pero quiero confiar en que la Unión Europea terminará reaccionando. Debe aprovechar cosas como el Brexit para dar más pasos hacia adelante en la integración de Europa".

La Europa del Este que pasa factura


Pero ¿qué pasos van a dar si cuando Bruselas aún está en shock por el Brexit, Hungría anuncia la convocatoria de un referendum sobre las cuotas de refugiados que se reparten en Bruselas? "Hay que ser firmes -exige Álvarez Junco-. Un país no puede ser soberano para hacer referéndums sobre asuntos que se refieren a los derechos humanos, al derecho internacional. Hay que cambiar el sistema de representación, debemos participar más directamente en la elección de ese Parlamento, que sintamos como nuestro lo europeo. Una elecciones quizá por circunscripciones, que los veamos más cercanos".

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Manifestante durante una marcha convocada por el partido ultraderechista húngaro Jobbik/REUTERS

La preocupación por las respuestas que dan los países del Este -los últimos en integrarse en los 27- a asuntos como los refugiados y las políticas de ultraderecha de Hungría y Polonia, no le dejan indiferente. Los países del antiguo bloque comunista "tienen un preocupante cabreo y resentimiento histórico con la Europa Occidental. No olvidan que en 1944-45 les dejaron en manos de Stalin, los aliados se desentendieron de ellos. Aquellos niños maltratados por el estalinismo, por el régimen comunista, de mayores son resentidos peligrosos, generan personajes como el primer ministro húngaro Viktor Orbán o los Kachinsky en Polonia".

Álvarez Junco habla con conocimiento de causa. Aún recuerda cómo hace unos años, en un seminario con intelectuales europeos, una francesa, una italiana y él mismo se quedaron atónitos, preocupados y enfadados ante las afirmaciones de uno de los referentes polacos más importantes, quien acusó a los intelectuales occidentales de "tener una enfermedad que se llama escepticismo moral", en un contexto en el que debatían sobre la Europa cristiana.

Con estos líderes, ¿por qué no va a ganar Donald Trump?

Con todo, y aunque estemos en un tiempo donde los sobresaltos y el miedo nos van a perseguir, el catedrático tiene claro que si los actuales líderes políticos -el caso español es un ejemplo- dieran la talla, las esperanzas en el futuro serían mayores. Pero no es el caso. "El escándalo y vergüenza del Brexit han puesto en evidencia a personajes como Farage o Boris Johnson. La han liado y luego se escapan, eluden responsabilidades. Por no hablar de Cameron. Es lícita la pregunta, si en el Este se levantan muros de nuevo, el Brexit ha ganado ¿por qué no va a ganar Donald Trump?"

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Foto: REUTERS

No alarmarse, avisa el profesor. Es una pregunta retórica: "Yo no lo creo. Pese a todos los que la critican y lo poco simpática que resulta, soy un admirador de Hillary Clinton, pero ¿quién dice que en el último momento no montan algo con esto de los mails pese a lo que ha dicho la fiscalía. Espero que no". Nadie se atreve a predecir a quién favorecen acontecimientos como los de Dallas.

Pablo Martín Aceña, colega de Álvarez Junco, comparte con su amigo el desasosiego que producen estos tiempos que corren. Y también echa de menos a los grandes estadistas, capaces de afrontar la situación. Aceña, para muchos el mejor historiador económico de este país, tiene clara "la falta notable de políticos con peso en la Europa actual. Helmut Schmidt, Felipe González, Mitterand o incluso Giscard. Hasta la misma Margaret Thatcher lo hubiera hecho mejor que Cameron, que ha traído este desastre. Ella hubiera exigido de todo en Bruselas, lo que hiciera falta, pero no hubiera llevado a Gran Bretaña a ese callejón. Mi percepción es que la única con algo más de talla política es Angela Merkel. Si no es por ella, la noche del Brexit Europa se hubiera ido al garete. No sé donde estaríamos ahora".

"Es en Europa donde más nos hemos diluido tras la globalización. No sé bien cuáles son las razones, es desconcertante", señala Pablo Martín Aceña.


El catedrático de Historia económica comparte la incertidumbre ante el futuro y entiende la comparación con el periodo de entreguerras -xenofobia, regreso de los nacionalismos, extrema derecha y extrema izquierda-. Pero "la situación no es igual que en los años 30, es muy inquietante, porque los desafíos son de igual envergadura. En los años 30 existía un modelo social alternativo. La economía estatal, el comunismo e incluso el fascismo eran sistemas opuestos a la economía de mercado. Ahora no hay nada, ninguna alternativa clara. Tenemos movimientos antiglobalización, movimientos civiles y ciudadanos, pero no dan con un modelo de respuesta. Eso hace el mundo más incierto, y esa incertidumbre nos pesa a todos. De ahí el sentimiento de inquietud, de la inseguridad que nos invade".

Aunque mal de muchos suele ser consuelo de tontos, a algo tendremos que agarrarnos. Esa incertidumbre sobre el futuro, que no sabemos definir del todo, "es un sentimiento muy europeo, incluso norteamericano", recuerda Aceña. Solo que "no en todas las partes del mundo es igual. Hay zonas asiáticas -China, Indonesia, Vietnam- donde les está yendo bien desde el punto de vista económico. E incluso en países andinos. Es en Europa donde más nos hemos diluido tras la globalización. No sé bien cuáles son las razones, es desconcertante. Quizá porque la Unión Europea estaba haciéndose, porque poner en marcha a 27 es muy complicado, y la ampliación a los países del Este resulta compleja".


Lo fácil es culpar a Bruselas

La necesidad de buscar a un enemigo exterior que calme la ira del personal también es palpable en cada movimiento o protesta que se produce en la calle. La desafección hacia Europa está presente en cada sondeo y crece en países que un día lideraron la ilusión por el proyecto de una Europa unida. Pero Martín Aceña no está de acuerdo "con que la culpa sea toda de Bruselas. Como dice el ex comisario Joaquín Almunia, Bruselas no es un ente, Bruselas somos todos. Es muy fácil buscar el enemigo exterior, culpar de todo a las instituciones de la UE, pero ¿y nosotros, qué les elegimos? Los necesitamos".

Y a partir de aquí, el profesor desarrolla otro de los sentimientos que tanta gente comparte, a la vista de las encuestas. "Somos incapaces de imaginar cómo cambiarían nuestras vida, de verdad, si la Unión Europea se rompiese, eso sí sería un desastre. No es que no me preocupe el Gobierno en España, pero llevamos seis meses sin él y la sociedad civil responde. Los ciudadanos somos mucho más maduros que nuestra clase política; el país funciona, nos levantamos, vamos a trabajar y seguimos adelante. Nos estamos italianizando, dicen. Sin embargo, sin la Unión Europea que hemos intentado fundar, creo que el retroceso sería enorme, mi vida y las vuestras cambiarían radicalmente".

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Marcha contra el paro en Berlín, 1930/GETTYIMAGES

Tras escuchar a ambos, la sensación es que la comparación entre la Gran Depresión de los años 30 en el siglo XX y la Gran Recesión del siglo XXI en la que estamos inmersos dará aún para muchos ríos de tinta, pero es absurdo volverle la espalda, porque esos ríos están tan más justificados que el insoportable día de la marmota en el que vivimos desde hace meses y meses en España.