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Susana, cariño, normal que estuvieras nerviosa

15/05/2017 18:15 CEST | Actualizado 15/05/2017 23:20 CEST
EFE

La vida es dura. Dar un paso como el que ha dado Susana Díaz, no es fácil. Durante años lleva calibrando cómo ser secretaria general y luego candidata a la Moncloa con cero resistencia interna. Cuando en octubre Pedro Sánchezdimitió, contempló más cerca que nunca el objetivo.

Esta mañana tan chulapa de San Isidro en Madrid, sin embargo, veía complicarse un poco más las cosas. En la misma sede del PSOE donde se la escaparon las lágrimas hace siete meses, los condescendientes 'Pedro, cariño' revelaban el creciente nerviosismo ante el avance de un rival que le ha salido rana gracias a que los militantes le han situado a su mismo nivel. Tampoco contaba Díaz con el arrojo de Patxi López, que no estaba dispuesto al papel transparente que los otros dos le tenían reservado.

La incomodidad de Susana Díaz no se debía a la falta de apoyos porque, en la sede socialista, hasta el apuntador estaba de parte de la andaluza, como si estuviera en su propia casa. Sin guardar las apariencias, como las elocuentes fotos del presidente de la gestora saludando con desigual afecto a los tres candidatos. En los pasillos no se ocultaba quién manda ahora en el edificio en la que nació Pablo Iglesias.

Patxi López en el centro, a su derecha Susana Díaz y a la izquierda Pedro Sánchez. ¿Estaban premeditadas las posiciones?

Tu problema no soy yo, eres tú. Zapatero ya no se fía de ti y Felipe piensa que le has engañado

Quién iba a pensar que con la práctica totalidad del aparato en contra y los tótems del socialismo cerrando filas en torno a la presidenta de la Junta, Pedro Sánchez tenía opciones. "Tu problema no soy yo, eres tú. Zapatero ya no se fía de ti y Felipe piensa que le has engañado", ha sido una de las frases que Díaz imaginaba más duras, suponiendo que los dos ex presidentes fuesen percibidos como un activo por los militantes.

Sin embargo, para una parte importante de quienes tienen que votar el día 21, la toma de partido por Díaz y la contra campaña que ambos 'referentes' del socialismo organizaron al todavía secretario general en plenas elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco, no se ha olvidado. Tal alineación con uno de los aspirantes a primarias y la insólita vehemencia con que han atacado al otro, ha causado justo el efecto deseado.

Así, los militantes se han ido identificando con Sánchez, no porque sea un gran líder sino porque ya no se reconocen en el partido que con su abstención ha dado continuidad en el gobierno a un PP manchado hasta arriba de corrupción, y que en la negociación de los Presupuestos ha demostrado no necesitar al PSOE para facilitar la gobernabilidad del país.

Por eso Sánchez ha afirmado que hay que "luchar contra los oligopolios". Una de esas frases que cosechan tanto éxito en sus mítines. Dentro de un relato épico en el que su figura alcanza las dimensiones de un moderno David contra Goliat. Y que hoy le ha servido para ir sobrado de autoestima, después de reventar de seguidores los mítines y de que recientes encuestas le señalen como el candidato que más haría subir al partido en unas hipotéticas elecciones.

Entre los diversos socialistas consultados al finalizar el debate, y que piden anonimato porque no necesariamente han visto a su candidato brillar, sobresale la sensación de que Patxi López "ha ganado al erigirse con frescura como el único sensato y capaz de unir al partido", según un conocido simpatizante del ex secretario general. Sánchez ha estado "correcto –de él nadie espera que despunte- y no ha metido la pata aunque haya renunciado a recordar el historial de deslealtades de Susana con sus jefes –Chaves y Griñán- para ascender ella", en palabras de un partidario de Patxi López. Y Susana, "muy regular. Le ha faltado garra y le han desconcertado algunas de las puyas de Sánchez como la del reguero de gestoras que ha ido dejando a su paso. También ha estado poco fina queriendo presumir de feminismo y atacando directamente después a Irene Lozano. No venía a cuento", valora un eminente miembro de la vieja guardia que alberga sus dudas que la operación en la que se ha embarcado acabe bien.

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