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No supe qué era la fuerza interior hasta que mi marido se quitó la vida

24/05/2017 07:27 CEST | Actualizado 24/05/2017 09:17 CEST
KTB WEDDING PHOTOGRAPHY

Soy una afortunada. Puede que no lo veas así cuando leas mi historia, pero yo sé que lo soy.

Tengo 36 años, 31 de los cuales fueron bastante tranquilos y sencillos.

Mis padres se quieren y siguen juntos, mi hermana y yo somos amigas inseparables. Cuando era adolescente y cuando tenía veintipico años, mis mayores preocupaciones eran si conseguiría un trabajo y qué plan había para la noche del sábado.

Cuando tenía 31, me detectaron un problema que había tenido en el corazón desde que nací. Había pasado inadvertido porque estaba bastante sana y mi cuerpo se las había arreglado para sobrellevarlo hasta entonces. Pero me lo arreglaron rápidamente con cirugía laparoscópica y ahora estoy mucho más en forma que antes de la operación.

Con algo más de 30, conocí al amor de mi vida y me casé con él. A día de hoy, sigue siendo el mayor amor que he tenido. Se llamaba Rob. Era el hombre más atractivo, inteligente, exasperante y complicado que he conocido. Trabajaba de periodista científico, me contagiaba su humor, su amabilidad con los demás y me aceptaba de forma incondicional tal y como era. Me hacía mejor persona. Pero, como he dicho, era complicado. Rob llevaba desde niño luchando contra la depresión y cuando nos conocimos era tan reservado al hablar de su enfermedad que no tenía ni idea de lo muchísimo que le afectaba.

Con algo más de 30, conocí al amor de mi vida y me casé con él. A día de hoy, sigue siendo el mayor amor que he tenido.

En lo que creo que era un intento por automedicarse (tenía grandes dificultades para reconocer el alcance de su enfermedad), Rob era un adicto. Lo mantuvo en secreto durante tres años hasta que acabó confesándomelo. Aunque me dolió profundamente que me hubiera mentido, esto me hizo entender por primera vez en mi vida que la vida no está en blanco y negro: es una escala de grises. El momento en que te das cuenta de ello es triste, ya que ha sido gracias a una dura lección, pero, al mismo tiempo, tu compasión y empatía crecen, se amplían.

Puede que no hablen de ello, pero cada persona de nuestro alrededor está recorriendo su propio camino, y en ese camino, en algún punto, yacen sus más profundas penas, vergüenzas y alegrías.

En mayo de 2015, Rob acabó quitándose la vida.

Cada cual tendrá su propia opinión sobre el suicidio, pero sé que no se debió a que no nos quisiera o no le preocupáramos. Si algo puede decirse de Rob es que amaba sin reservas y sin juzgar, y aunque a veces podía ser peliagudo tratar con él, era una persona muy fácil de querer. Murió porque no pudo vencer la batalla interna que llevaba tanto tiempo en marcha en su propia mente.

Cuando falleció, hizo añicos todo aquello en lo que creía. Durante un tiempo, todo fue oscuridad. Me hundí hasta el fondo de mi propio océano. Poco a poco, empecé a ver destellos de luz. No voy a decir que fuera sencillo. Si estoy aquí ahora mismo y no he muerto consumida por el duelo es porque he luchado como nunca antes lo había hecho en mi vida.

La gente dice que soy "fuerte", supongo que porque volví al trabajo en vez de quedarme catatónica del shock. Aproveché mi trabajo en el HuffPost Reino Unido para crear una plataforma donde la gente pudiera hablar sobre la salud mental, la masculinidad y el suicidio. También escribí un libro sobre Rob y nuestra vida juntos. Creo que era prisionero de querer mantener una apariencia de normalidad, en gran parte porque no se habla de la depresión ni de las adicciones, y mucho menos del suicidio.

El problema con el duelo es que es amor sin nada a lo que aferrarse. Solo fluye en una dirección: hacia el pasado.

Que me digan que soy fuerte es un halago, y claro que prefiero ser considerada fuerte que débil, pero tengo una relación complicada con esa palabra porque muchas veces no me siento fuerte. Algunos días vuelvo a estar en el fondo de ese océano preguntándome cómo he acabado ahí. El problema con el duelo es que es amor sin nada a lo que aferrarse. Solo fluye en una dirección: hacia el pasado, porque el futuro con esa persona ya no puede existir. Reflexionar sobre lo poderoso que es el amor cuando ya no tiene un hogar puede crearte un enorme caos interno.

Cuando falleció Rob y todo eran tinieblas, llamas y dolor, no me dije "tienes que ser fuerte". La verdad es que me daba igual si la gente pensaba si era fuerte o no. Pero cuando no tenía ningún plan y mi principal objetivo del día era, literalmente, despertarme e irme a la cama, me aferré a la idea de la persona que quería ser. Quería tener dignidad. Quería tener compasión. Si alguien iba a pasar por una situación similar, quería ser capaz de sostener sus manos y ayudarles. Quería ser el tipo de persona que mi marido siempre creyó que era yo, aunque ni yo misma me lo terminaba de creer.

La fuerza interior no es algo con lo que una persona nace. No la tenía antes de la muerte de Rob. ¿Cómo iba a tenerla si no la había necesitado hasta entonces? La conseguí en parte por suerte y en parte porque tuve que luchar por mi supervivencia. Suerte porque tuve buenos amigos y a mi familia conmigo para hacerme ver más allá de la tempestad cuando ya estaba cansada de remar. La batalla, en cambio, solamente la podía librar yo. Era —y es— una batalla que había que afrontar todos los días y que se manifestaba a través de cientos de pequeñas decisiones que tenía que tomar sobre mi vida y la persona en la que me estaba empezando a convertir.

Si alguien me dijera "bueno, vale, pero ¿cómo lo superaste concretamente?", no le sabría responder muy bien. Solo sé que tuve que seguir haciendo las cosas que me gustan (trabajar, salir a correr y escribir), que aprendí a decir "no" más a menudo a la gente y que comprendí que este duelo estaría siempre conmigo, pero que no siempre podría superarme.

Creo que la fuerza interior es la capacidad para ver cómo es el mundo realmente y adaptarte a él: cambiante y creciente, en continua evolución. Afrontar cada momento tal y como llega en lugar de preguntarte siempre qué es lo que puede ir mal. Aunque siempre lleves dentro de ti a aquellos a los que perdiste, la fuerza que late en tu interior mantiene el corazón abierto a todas las posibilidades.

El primer libro de Poorna Bell, Chase The Rainbow, sobre su marido Rob y su vida juntos, se publicó el 4 de mayo en Reino Unido y está disponible en Amazon (en inglés).

Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco