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Un recuerdo para Carmen Olmedo

30/06/2015 07:02 CEST | Actualizado 29/06/2016 11:12 CEST

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Murió Carmen Olmedo y no puedo evitar dedicar unas páginas para recordarla. Carmen está en mi memoria desde hace muchos años. Yo era más joven y siempre andaba intentando aprender feminismo de grandes mujeres. Unas tenían reconocimiento social, académico o político; otras, la mayoría, siempre sorprendían con la sabiduría que les había aportado la vida.

Entre aquellas que peleaban y luchaban con valentía por un mundo más justo, por tener iguales derechos que los hombres, por combatir la violencia que destrozaba la vida de las mujeres, destacaba Carmen Olmedo. Cuando yo la conocí, ya era directora del Instituto Andaluz de la Mujer.

Su feminismo era de verdad. De ese feminismo que nace en el corazón, que sale de las tripas. En aquella época yo creía que en Andalucía no había una sola mujer que sufriera a la que no hubiera atendido Carmen Olmedo, con la que no hablara, a la que no consolara con la cercanía de quien entiende y comparte el dolor ajeno.

Como tantas otras, Carmen no era una intelectual, pero admiraba profundamente a las maestras, a aquellas mujeres que explicaban todo lo que ella sentía, vivía y aquello por lo que luchaba.

Compartiendo su fuerza y su valentía con quienes la acompañaban, Carmen Olmedo consiguió hacer del Instituto Andaluz de la Mujer la referencia de las políticas de igualdad en España. Fue pionera en poner en marcha políticas de empleo, en luchar contra la violencia de género, en reclamar la paridad como una cuestión de justicia, en implicar a las instituciones en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. En sus últimos años de actividad política, se empeñó en que el Congreso rindiera homenaje a Clara Campoamor, y lo consiguió.

Hace años que la enfermedad alejó a Carmen de sí misma y a nosotras nos dejó sin ella, y sin embargo tengo la sensación de que ahora, más que nunca, necesitamos políticos y políticas como ella, de las que sienten la injusticia y comparten el dolor y la alegría de la gente, de las que escuchan y hablan con todo el mundo, de las que saben que la política y el feminismo no tienen nada que ver con el postureo ni con los juegos de artificio.

Para Carmen, la política era una manera de estar en el mundo para transformarlo, y el feminismo, como el socialismo, el único camino para que esa transformación fuera justa.

Recuerdo a Carmen siempre optimista y con un gran sentido del humor, incluso aquel día en el que le hicimos nuestro último homenaje en Sevilla, cuando ella andaba ya empezando a perderse. Ese día nos preguntaba una y otra vez quienes eran algunas personas que nos acompañaban, empeñada, como tantas veces, en que todo el mundo se sintiera bien y reconocido.

No tengo ninguna duda de que hoy se sentiría orgullosa de algunas de nuestras luchas y apenada por el gran retroceso en igualdad que ha vivido este país en los últimos años.

Es precisamente ahora cuando necesitamos a mujeres como Carmen Olmedo en las instituciones, a feministas de corazón y de cabeza liderando un nuevo tiempo en este país, en sus comunidades, ciudades y pueblos. Gracias a muchas como ella hemos aprendido que sólo si el feminismo está en el núcleo conseguiremos el avance en igualdad y libertad al que debe aspirar cualquier proyecto de cambio.

Gracias Carmen. Siempre estarás a nuestro lado.