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Violencia de género, "con la máxima galantería"

05/11/2012 10:06 CET | Actualizado 04/01/2013 11:12 CET

"Afortunadamente, en España se protege al sexo débil con la máxima galantería" decía un personaje de película de los años 60. Seguramente era la misma galantería que pretendía el político del PP Castelao Bragaña al afirmar que él "siempre había protegido a la mujer". Y todo ello, para salir al paso del escándalo que provocaron sus ya tristemente célebres palabras: "Las leyes son como las mujeres, están para violarlas". Ambas frases están íntimamente relacionadas, no tanto en el tiempo como en las ideas que subyacen y en la intencionalidad que pretenden mostrarnos.

Y es que todo procede del mismo concepto, de considerar a la mujer el sexo débil, seres a quien proteger a cambio de sumisión, personas con menos derechos y, por consiguiente, en situación de desigualdad. De ahí que, con la misma lógica perversa por la que una mujer puede ser cuidada como el objeto más preciado, puede ser también humillada, violada, maltratada o asesinada. Hemos crecido escuchando aquello de "la maté porque era mía" y canturreando historias de desesperados amantes despechados a quienes, desde la lógica de la masculinidad tradicional, solo les quedaba el camino de la violencia.

Seguimos viviendo en un mundo que incorpora con sorprendente normalidad la desigualdad y el uso de la violencia, un mundo que establece de manera estereotipada lo que unos y otras debemos hacer, hasta conseguir que forme parte de nuestras acciones, ideas y pensamientos. Por ello, desprendernos de lo aprendido requiere voluntad, conocimiento, vigilancia y tiempo. Este "des-aprender" es un camino individual y colectivo, y requiere de un esfuerzo constante.

En el año 2004 se aprobó la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género con el objetivo de prevenir, sancionar y erradicar esta práctica, además de prestar asistencia a las víctimas.

A partir de ese momento se pusieron en marcha instrumentos diversos con la implicación de todas las administraciones públicas, desde campañas de sensibilización y prevención en el ámbito educativo, a servicios de información y protección, así como medidas penales y judiciales específicas. Fue una ley reclamada y debatida por la sociedad española, cuya aprobación demostró la enorme apuesta del Gobierno, del Partido Socialista, del Parlamento, de las fuerzas políticas y del conjunto del país en la lucha contra esa violencia que acaba con la vida y la salud física y psicológica de mujeres y niños/as.

En definitiva, una ley para aprender a convivir, para proteger a las mujeres, a sus hijos e hijas, y para dar una oportunidad a la igualdad.

En este momento, sin embargo, nos enfrentamos a la próxima celebración del Día Internacional contra la violencia de género en un clima, como poco, diferente. Ni siquiera hace un año que el PP ganó las elecciones en nuestro país, y, desgraciadamente, hay demasiadas cosas que están sufriendo cambios negativos en las políticas de igualdad.

Desde ese primer intento de la ministra Ana Mato por cuestionar la esencia de la ley, cuando utilizó el término "violencia doméstica" y no el habitual de "violencia de género", que incide sobre la desigualdad y la sumisión de las mujeres, hemos pasado por diferentes momentos: hemos visto como el Gobierno calificaba de propaganda las medidas de sensibilización, como se recortan los servicios de atención a las mujeres en Comunidades Autónomas, como desaparecen las acciones de prevención, y, aún más, asistimos a una brutal reducción de los Presupuestos Generales del Estado para todas las actuaciones, incluida la asistencia a las víctimas. Desde 2011 el recorte presupuestario del Estado ha llegado al 27%.

Mientras tanto, la violencia sigue presente en muchos hogares en los que viven mujeres que, en este momento, se encuentran con menores expectativas para salir de una situación que requiere de recursos para reorganizar su propia vida. Las dificultades económicas y la ausencia de apoyo dejan a las mujeres sin posibilidad de afrontar la situación. Cuando deciden dar el primer paso, necesitan que exista un ambiente de condena social que acompañe su posición, y la certeza de contar con soportes suficientes. En este contexto, el silencio del Gobierno es una enorme irresponsabilidad. Excepto por la presencia en los medios de comunicación de algunos acontecimientos extremadamente dolorosos, la violencia de género está siendo condenada al silencio. Este Gobierno no condena, no denuncia, no está presente liderando un mensaje claro y contundente de rechazo frontal a la acción violenta y a quienes la ejercen, tal y como sería necesario.

Advierte el Observatorio del Consejo General del Poder Judicial, que los recortes son responsables de que muchas mujeres retiren la denuncia, ante la desprotección en la que se encuentran tras presentarla. Podemos señalar, sin temor a equivocarnos, que los recortes en políticas dirigidas a combatir la violencia de género están poniendo en riesgo a las mujeres, a sus hijos y a sus hijas.

Y mientras tanto, algunos encuentran la oportunidad y el contexto para decir lo que piensan, que las mujeres están para violarlas, incitando con ello a la violencia de género, eso sí, "con la máxima galantería".