'Expediente Warren 2': ¿la maldición de las segundas partes?

'Expediente Warren 2': ¿la maldición de las segundas partes?

Los personajes ya son conocidos por los fans de la saga, y el director ha optado por desarrollar su universo como si se tratase de Expediente X. Nuevo caso, nuevo capítulo. Aunque bebe de la anterior entrega, no ha terminado de crear una historia en la que crezcan y avancen en su arco, limitándose a enfrentarlos a una situación diferente y un enemigo distinto.

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El mito de que segundas partes nunca fueron buenas cae en saco roto frente la cantidad de ejemplos que apuntan a lo contrario. Los clásicos que se ofrecen como excepción han llegado a ser tan irrebatibles como la propia coletilla contra las secuelas: Aliens, el regreso (1986, James Cameron), El padrino, segunda parte (1975, Francis Ford Coppola), El caballero oscuro (2008, Christopher Nolan), etc. Pero la frase sería más acertada si se enunciase como "segundas partes nunca fueron mejores que la primera", y tampoco sería cierto al 100%. El motivo es simple: la sorpresa.

El espectador queda impactado por una historia que nunca ha visto o unos personajes que no conocía pero no se plantea que, de hecho, muchas secuelas son mejores precisamente por eso. Al evitar la presentación de personajes y desarrollar las reglas del mundo en que se mueven, los autores tienen la oportunidad de profundizar en su historia y su mensaje y desarrollar líneas argumentales más interesantes que en su primera versión. Sin embargo, la pérdida de la sorpresa y de la frescura hace que la mayoría de los espectadores sigan recordando la primera parte como un producto mejor, independientemente de su valor cinematográfico.

La pérdida de la sorpresa y de la frescura hace que la mayoría de los espectadores sigan recordando la primera parte como un producto mejor, independientemente de su valor cinematográfico.

El temerario director que se ha lanzado a una nueva secuela es James Wan, con la segunda parte de Expediente Warren. No es novato en el terreno de las sagas: como productor, ha desarrollado una de las franquicias de terror más famosas de los últimos años, Saw; y como director se estrenó en el mundo de las secuelas con la segunda parte de Insidious, que no obtuvo tan buenos resultados como la primera.

Como es habitual en las secuelas, los personajes ya son conocidos por los fans de la saga, y el director ha optado por desarrollar su universo como si se tratase de Expediente X. Nuevo caso, nuevo capítulo. Sin embargo, aunque bebe de la anterior entrega, no ha terminado de crear una historia en la que los personajes crezcan y avancen en su arco de desarrollo, limitándose a ponerlos en una situación diferente y un enemigo distinto.

Resulta frustrante ver cómo los protagonistas apuntan conflictos personales que anuncian un desarrollo para terminar en el mismo punto del que partieron. Aunque es posible que haya evitado repetir la experiencia de Insidious 2, en la que Wan sí agarró el desarrollo de su protagonista para llevarlo un paso más allá con un resultado descafeinado y más cercano al cine de acción que al terror.

Resulta frustrante ver cómo los protagonistas apuntan conflictos personales que anuncian un desarrollo para terminar en el mismo punto del que partieron.

Por otra parte, el director conoce sus puntos fuertes y las ventajas de su historia: la tensión y la sugestión. Pese a que sus argumentos se rigen por un esquema de guión establecido con giros previsibles y personajes arquetípicos, Wan se recrea en las escenas independientes, en las que elabora una especie de coreografía aterradora basada en la sugerencia más que en la apariencia. Los momentos en los que el terror se impone como protagonista llegan a un punto de virtuosismo con la cámara y el montaje que mantienen al espectador clavado a la butaca. Es muy refrescante observar, además, cómo las escenas más espeluznantes se basan en las miradas de sus actores y el movimiento de la cámara, lejos de efectismos y sustos traidores.

Pese a ello, Wan intenta llegar a un público muy amplio y no es capaz de contenerse en la sutileza, llegando a mostrar demasiado y a usar, en ocasiones, efectos digitales torpes y demasiado obvios.

La saga de los Warren se perfila como una franquicia de terror con poco desarrollo y crecimiento, que amenaza con convertirse en otro producto similar a Saw, en la que la trama termina por enredarse en sí misma hasta ser una parodia. Sin embargo, la elección de dos investigadores paranormales deja un campo interesante para continuar viendo secuelas sin necesidad de caer en un desarrollo que termine por autodestruirse.

La nueva película de James Wan se presenta como una digna continuación que resuelve mucho mejor la acción que su predecesora y que deja ver un camino interesante para el futuro.