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Dilma Rousseff se ha ido, pero la crisis en Brasil continúa

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DILMA ROUSSEFF TEMER
Ueslei Marcelino / Reuters
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Los simpatizantes del Partido de los Trabajadores (PT) harán de Dilma una mártir y usarán la historia del golpe para preparar la vuelta de la mesías en 2018. El Gobierno actual, que es tan malo como el PT y sus aliados, usarán la destitución como una excusa para pedir más poder y fondos.

Los brasileños, sin embargo, no ganarán nada. Dilma encontró la forma de hacer sufrir a la gente y probablemente el Gobierno de Temer siga el mismo camino. Por supuesto, puede que Temer lance su propia versión del Programa de Aceleración del Crecimiento e impulse el proceso, pero no adelantemos acontecimientos.

No os engañéis: la destitución de Dilma no aliviará la crisis actual de Brasil.

En los dos próximos años, el Gobierno de Temer sufrirá una fuerte (y necesaria) presión. Puede que se incrementen y aceleren los recortes en programas sociales que comenzó Dilma. Y puede que la campaña de 2018 traiga de vuelta al expresidente Lula en el papel de víctima suprema. (Al PT se le da muy bien hacerse la víctima, como pudimos ver durante el escándalo Mensalão.)

Nuestros problemas no empezaron ayer y no se irán de aquí pronto. Tenemos las de perder.

La destitución de Rousseff fue el mejor escenario posible para el Partido de los Trabajadores. Se deshicieron de la impopular e incompetente Dilma, ganaron una mártir y se las arreglaron para unificar la izquierda y votar contra algunos de los proyectos de Temer (que apoyarían y animarían si todavía estuvieran en el poder).

En 2018, puede que incluso formen una alianza con el PMDB (el partido de Temer), lo cual no sería ninguna sorpresa. Al fin y al cabo, el PT ya ha hecho coaliciones con el PMDB, el PSDB y el DEM para las próximas elecciones municipales de 2016.

El hecho de que hayan sacado a Dilma del poder para poner a su vicepresidente Michel Temer resulta totalmente absurdo.

Lo triste es que no tenemos alternativa, no hay ningún sitio donde ir. Por un lado, hay un discurso vacío, frívolo y tonto; por el otro, la retórica de la extrema derecha.

De nuevo, el PT se las arregló para ayudar a Eduardo Cunha convocando dos votaciones separadas, una para la impugnación en sí misma y la otra para tratar los derechos políticos de Rousseff.

El Senado finalmente decidió preservar los derechos políticos de Rousseff. Ahora Cunha no tiene por qué preocuparse de que lo echen del puesto, siempre que pueda mantener sus derechos políticos.

Los socialdemócratas, los conservadores y otros partidos menos conocidos parecen estar encantados. "Hay más corrupción", exclamó un congresista. Hay que poner fin al Partido de los Trabajadores, dicen. Pero alguno de ellos son, claramente, unos hipócritas.

Esta destitución no traerá paz al país. La historia del golpe permanecerá en la mente de la gente, y los simpatizantes del PT seguirán tratando de borrar el pasado. Parece que no se dan cuenta de que el partido está creando alianzas con PMDB, PSDB y DEM en casi un tercio de las ciudades brasileñas, entre ellas Niterói, la segunda mayor ciudad del estado de Río de Janeiro.

En São Paulo, el candidato del PT, Fernando Haddad, está aliado con el Partido de la República de Magno Malta y con el Partido Republicano del Orden Social. El otro candidato del boleto de Haddad, Gabriel Chalita, forma parte de un grupo de católicos antiabortistas.

Pese a la actual situación, los simpatizantes de Dilma aseguran que una vez que Temer tome posesión, Brasil entrará en un periodo oscuro y temible. Quieren hacer pensar que los problemas de Brasil todavía no han empezado, y que el PT no ha hecho nada mal.

El hecho de que hayan sacado a Dilma del poder para poner a su vicepresidente Michel Temer resulta totalmente absurdo, sobre todo cuando los últimos sondeos muestran que la mayoría de los brasileños rechazan tanto a Dilma como a Temer.

Los políticos dejarán de tener miedo a la destitución, porque podrán volver al año siguiente como si no hubiera pasado nada.

El PT se merece la suerte que ha corrido. Nosotros, la gente, no nos merecíamos este proceso de destitución, especialmente desde que se implicaron delincuentes en el proceso. Hay muchas alianzas. Todos hablan en las pausas del café y se tranquilizan los unos a los otros, secándose sus lágrimas falsas.

Dilma fue destituida, pero no perdió sus derechos políticos. En una increíble maniobra, el PT se las apañó para impedir que perdiera sus derechos.

Esto también será válido para Cunha. Aunque lo destituyan, sus colegas se asegurarán de que mantenga sus derechos políticos.

Para Dilma fue un premio de consolación, pero para Eduardo Cunha es el mejor regalo que podría recibir nunca.

Los políticos dejarán de tener miedo a la destitución, porque podrán volver al año siguiente como si no hubiera pasado nada. Dilma ha sentado precedente, y deberíamos prestar mucha atención a la magnitud y al alcance de este acuerdo.

Algunos políticos dudan si destituir a sus colegas porque, como ellos mismos son corruptos, saben que pueden ser los siguientes. Ahora no tienen de qué preocuparse. Gracias a la corta memoria de los votantes, los políticos corruptos pueden contar con regresos triunfales al cabo de un par de años, o meses, tras ser destituidos. Al fin y al cabo, ser destituido ya es suficiente castigo, ¿no?

Como siempre, el PT es profundamente egoísta. Llegaron a un acuerdo con el PMDB para suavizar el castigo de Dilma y de todos los políticos corruptos que, eventualmente, puedan ser cesados. Esto supone una desmoralización total de la ley y de la Constitución. Sin embargo, este comportamiento no es nuevo en el Congreso, que carece de moral (y de principios) desde hace años.

Este post apareció originalmente en el 'HuffPost Brasil' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano.