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VIH: una epidemia con nombre de mujer

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Amélia tiene 22 años. Hoy ha madrugado para ir al centro de salud en una zona rural del sur de Mozambique. Está en el cuarto mes de embarazo y es su primera vez en la consulta prenatal pero la enfermera ha ido a una formación y nadie podrá visitarla. Le sugieren ir a otro centro de salud de una población cercana donde cuentan con más recursos, así que Amélia coge una chapa, un pequeño autobús que es el medio de transporte colectivo más utilizado en Mozambique para dirigirse allí. En el centro de salud le practican varias pruebas rutinarias: medición de la presión arterial, peso, altura, test de Hemoglobina, sífilis y, entre ellas, un test rápido para diagnosticar la infección por el virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). Resultado: positivo. Amélia recibe la noticia con aparente indiferencia y resignación. En el camino de regreso a casa sopesa la conveniencia de contárselo a su marido o a sus hermanas por miedo al estigma y la discriminación familiar.

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La infección por el VIH es la causa principal de muerte en mujeres en edad reproductiva en el mundo. La epidemia afecta de manera desproporcionada a las mujeres de África sub-sahariana. Casi el 60% del total de personas infectadas en la región son mujeres. ¿A qué es debido?

Hay factores biológicos anatómicos y hormonales (aunque existen datos controvertidos sobre estos últimos) pero también factores sociales como las marcadas desigualdades de género que se traducen en un menor poder de decisión de las mujeres sobre su sexualidad o su acceso a los servicios de salud. ¡Solo el 26% de las mujeres en África tienen acceso a los tests de diagnósticos de VIH! También se debe a una mayor dependencia económica y, por tanto, menor autonomía a la hora de desplazarse hasta un centro de salud. Este contexto convierte a las mujeres en África Subsahariana en una de las poblaciones más vulnerables a la infección por el VIH.

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Los métodos de control del VIH específicos para la mujer, como los microbicidas vaginales o los condones femeninos, podrían ayudar a frenar la epidemia en este grupo vulnerable de la población. Para su desarrollo, sin embargo, se requiere que los fondos destinados a la investigación no se vean comprometidos en estos momentos de crisis económica mundial.

Globalmente, las cifras son esperanzadoras. Según el último informe de UNAIDS se está reduciendo el número total de nuevas infecciones, especialmente en niños. Pero la carga de enfermedad en mujeres sigue siendo inaceptablemente alta. En algunos países del sur de África sub-sahariana, la prevalencia de infección en mujeres a nivel comunitario puede llegar hasta el 43%, como es el caso del sur de Mozambique.

Amélia debería volver al centro de salud dentro de una semana para la visita específica de tratamiento para mujeres embarazadas VIH positivas. Si su marido lo permite. Si hay dinero para pagar la chapa. Y cuando los resultados de sus análisis estén disponibles en 2 o 3 semanas (dependiendo del funcionamiento de las máquinas de laboratorio o de la disponibilidad de personal sanitario) tendrá que asistir a 3 sesiones informativas antes de empezar el tratamiento con medicamentos antiretrovirales. Si los hay, claro.

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En Mozambique, como en tantos otros países de ingresos medios o bajos, las personas diagnosticadas de infección por el VIH afrontan las dificultades que conlleva el acceso al tratamiento. En estos contextos de sistemas de salud débiles y, a menudo, con limitada capacidad de respuesta donde son frecuentes las rupturas de stock de antiretrovirales o la escasez de personal sanitario cualificado, se estima que desde el momento del diagnóstico hasta el inicio de tratamiento suelen pasar una media de 6 semanas. Y eso, si todo va bien.

La feminización de la epidemia del VIH es una realidad que afecta especialmente a las comunidades del África sub-sahariana. Nos encontramos ante el reto de controlar esta epidemia y para ello es imprescindible mejorar la educación sobre el VIH y sus modos de transmisión, un mayor empoderamiento de la mujer y, el incremento del acceso a diagnóstico y tratamiento. Buena suerte, Amélia.

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Fotografías de Raquel González.