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Lampedusa muestra las vergüenzas de la UE

11/10/2013 07:27 CEST | Actualizado 10/12/2013 11:12 CET

Lampedusa, una vez más, pone en evidencia lo que todo el mundo ve (o debería ver): que "el rey va desnudo". Vergüenza.

Este martes se reunieron los ministros de Interior de la UE, y el miércoles el Parlamento Europeo tenía previsto votar una resolución en relación a la última (hasta hoy) de las tragedias que de manera regular tienen Lampedusa como escenario. Vergüenza.

De nuevo escuchamos lamentos y condenas, ofrecemos muestras de condolencia, y hacemos minutos de silencio. Vergüenza.

La UE, en una nueva muestra de hipocresía, llora la pérdida de vidas humanas en sus costas ignorando motivos, causas y responsabilidades. Peor aún, los mismos que hoy organizan ceremonias con velas en señal de duelo por la pérdida de vidas humanas, aprobaban hace pocos días leyes que penalizan, no sólo a los inmigrantes, sino a quien ose ayudarles, incluso rescatandolos del mar (el Partido Popular Europeo). Vergüenza.

La retórica de los ministros y de algunos grupos políticos no consigue ocultar la realidad: las actuales mayorías gubernamentales hace años que apuestan por una Europa fortaleza, para dificultar las vías legales de entrada de personas, para penalizar, e incluso criminalizar, las personas demandantes de refugio o asilo, o simplemente inmigrantes. Mientras los ojos de algunos ministros vierten lágrimas de cocodrilo, sus manos firman leyes y decretos que condenan a prisión, o directamente a muerte, a miles de personas. Vergüenza.

Este martes los ministros debían concretar medidas concretas para mejorar los sistemas de rescate en el mar. El Parlamento Europeo y el Consejo, en tanto que colegisladores, están en fase de revisar las normas sobre la vigilancia de las fronteras marítimas. Los gobiernos de la UE, una y otra vez, han dejado claro su dogma: no hay recursos. "Lamentamos mucho lo que ha sucedido, es una tragedia -dicen- pero tenemos otras prioridades". No es una cita explícita, pero es el que se deriva de las conclusiones del Consejo. Vergüenza.

Por muchas lágrimas que derramemos, no podemos olvidar a las muchas responsabilidades que como países de la UE tenemos en el drama que vive día sí y día también, el Mediterráneo: Lampedusa, Ceuta, Melilla... Vergüenza.

Hace años que reclamamos desde varios frentes sociales y políticos un cambio de políticas, un giro radical en la estrategia europea para gestionar los movimientos de personas. Es necesario, más que nunca, un marco europeo de inmigración, asilo y refugio, que considere las personas que lo piden como tales, y no como delincuentes, reales o en potencia. Vergüenza.

Y no, no es culpa de Europa. Son los gobiernos los que impiden que Europa haga lo que debería hacer. Son las capitales, los gobiernos de los Estados, quienes embadurnan de sangre y barro los ideales fundacionales del proyecto europeo. Son las mayorías gubernamentales actuales las que están matando, literalmente, a miles de personas, y con ellas el sueño europeo en el que tanta gente creíamos, pero que cada vez vemos más turbio. Vergüenza, vergüenza, vergüenza.